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Confesiones de dos "hackers"

Pablo Lozano y Marcos Guglielmetti se definen como hackers, pero defienden su labor. Aseguran que hay una mala interpretación de ese término por parte de la sociedad y revelan algunos secretos.
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A punto de lanzar un novedoso suplemento en MDZ, esta misma semana, Pablo Lozano y Marcos Guglielmetti hablaron con este diario y se animaron a revelar algunas cuestiones sobre hackers y software libre. Una entrevista reveladora.

-¿Qué es un hacker?

Pablo Lozano: Un hacker es alguien con mucha curiosidad, que gusta de aumentar sus capacidades y conocimientos todos los días, pero también que busca saber cómo funcionan las cosas, cómo mejorarlas. Es alguien que busca desafíos que pongan a prueba sus conocimientos. Con la utilización mediática del término se circunscribió el concepto al mundo informático, pero Leonardo Da Vinci fue un hacker de su tiempo. El tipo desarrolló sistemas, fue un creador, un innovador y también un rebelde, que no son sólo características de un hacker, son el quehacer cotidiano del hacking.

Marcos Guglielmetti: Es alguien que se divierte resolviendo problemas de un modo no convencional. Normalmente utiliza tecnología informática, pero un hacker suele extender su diversión a cualquier otra actividad humana, e incluso hay muchos que pretenden hackear sistemas sociales-económicos, tal como el caso del movimiento Occupy.

-¿Por qué está mal visto el hacker a nivel social?

PL: La idea de que un hacker es malo, que es alguien que busca llenarte la máquina de virus y leerte el mail, es una imagen construida por gente que tiene un interés en ésa imagen. Ojo, eso pasa, hay gente que programa virus y que busca robarte la contraseña (no sólo del mail), pero el tema es que alguien les paga por hacer eso. Nos llaman piratas por compartir mp3 o subir una película, los piratas matan gente, violan, roban, no comparten música. Pero nos dicen piratas. ¿Por qué? Porque se nos ocurrió compartir cultura. De ése delito somos culpables -por suerte- la mayoría de las personas. Lo que está mal es la ley, no la conducta de un hacker.

Llaman "ataque hacker" cuando de pronto alguien descubre una falla de seguridad o vence la seguridad de un sistema. Pero el que entró por un lugar, lo hizo mejor: ahora saben dónde tienen una falla y el hacker debe buscar otro desafío.

Marcos Guglielminetti

Hay que desconfiar cuando un embajador del poder nos dice quién es el malo de la película. Ojalá estuviéramos en una situación en la que quienes tienen el poder -y no me refiero al gobierno de turno sino al poder, gobierno incluido- pudieran ser vistos como mandatarios de un pueblo. Si no, mirá lo que le pasó a Julian Assange y comparalo con Marck Zuckerberg. Uno le dio a la sociedad información muy importante sobre el poder y el otro le da nuestra información individual a los centros de poder. Viendo cuál de los dos está perseguido y amenazado de muerte deberíamos por lo menos desconfiar cuando alguno de los poderosos nos dice que Assange es el malo. Pero nos dicen que el malo es Assange y Zuckerberg es un tipo buena onda que caza su propia comida.

MG: No creo que sea así en todos los estratos sociales, más bien quienes tienen cierto capital que cuidar o ciertos valores que defender pueden ver con miedo al "hacker-personaje" que ha inventado el periodismo con el tiempo. Originalmente, un hacker no es alguien que roba o espía a gente inocente, sino alguien que se divierte con la tecnología con el fin de aprender algo nuevo, y en ese proceso puede tener que entrar sin permiso a un servidor web o algo por el estilo, pero no lo hace por "maldad", en general.

El periodismo se ha encargado de llamar hacker sólo a los que rompen la seguridad de un sistema informático y eso es un grave error porque en verdad están hablando de "crackers". Un hacker debería ser considerado una persona lúdica con gran apetito por el conocimiento, por la libertad de la información y, en gran medida, por la justicia: el caso de Julian Assange es de los más notables.

-¿Son hackers? ¿Por qué?

PL: Sí, soy hacker. No sé por qué. Tal vez porque soy curioso, porque me gusta aprender, porque no me gusta que me engañen ni que me mientan. Éso no quiere decir que no me engañen ni me mientan, me ha pasado y me va a seguir pasando, pero trato de que al menos no sea por mi culpa. Hoy la información es poder, y el negocio no es lo que se dice sino lo que no se dice, y pasa tanto en los medios como en el resto del arco de actividades. Porque de esa manera el que tiene algo para decir es indispensable, puede serlo para que alguien pueda hacer algo o para que alguien NO pueda hacer algo. Nos interesa que los indispensables sean los que nos llevan para adelante y no pretenden otra cosa que el bienestar general. Algo anda mal si los que nos chupan la sangre son los que toman las decisiones, pero me refiero a cualquier decisión. Por suerte, sí hay buenos y buenas indispensables, el problema es que hay de los otros -y otras-.

Sí, soy hacker. Me interesa romper ésa realidad, me interesa hackear éste sistema que idiotiza y esclaviza, que es oprobioso, y encontrándole la fallas tirarlo abajo. Porque es un sistema que cada vez que aparece algo que lo pone en peligro, se lo come. Pero sobre todo me interesa sumar a todo el mundo a hacer lo mismo. A que sonría, que muchas veces es una actitud rebelde y subversiva, como dice Silvio Rodríguez. Muchas veces tener esperanza es subversivo, me interesa que notemos que en la cotidianeidad hay cosas en las que estamos sumidos a la voluntad de otros y la cambiemos. Si el poder quiere evitar que seamos felices sin consumir y nos impulsa a entender la felicidad en los actos de consumo, algo hay para sospechar porque no todos tienen acceso al consumo y en consecuencia no todos pueden ser felices, pero no basta con denunciar que esto pasa, hay que preguntarse por qué y tratar de cambiarlo definitivamente.

MG: Sí, porque me divierte resolver problemas de forma no convencional. Por ejemplo, hace 9 años atrás no existía en el mundo del Software Libre una versión del sistema operativo GNU/Linux para artistas que fuera fácil de usar, confiable, estable y totalmente libre: me puse a trabajar en hackear Knoppix y Debian (distribuciones de GNU/Linux) adaptándolas a las necesidades de los músicos y luego de los artistas en general, creando una nueva distribución llamada Musix GNU/Linux, la cual puede reemplazar Windows y no tenés que pagar por ningún programa, ni tenés límites de uso, estudio, copia o modificación.

Pablo Lozano

Tal proyecto se convirtió en un grupo internacional de colaboradores que a su vez fue un hackeo a las costumbres sociales existentes por las cuales generalmente la tecnología se produce a partir del capital y/o para ganar status, y en este caso nunca hubo capitalismo, sólo colaboración, trabajo donado al proyecto, voluntariado, arte y libertad. No inventamos nada, el hacer algo por amor al arte existió siempre, pero nosotros lo modernizamos un poco y lo volcamos a nuestra cultura hispanoparlante.

-¿Por qué nos serviría que existiera el software libre?

PL: El software libre existe y lo usamos todos los días. Si alguna vez usaste Firefox (el "Mozilla" como le dice mucha gente), usaste software libre, o Google, hay infinidad de ejemplos, y está demostrada su superioridad tanto técnica como política. Pero el software libre es la base de la soberanía cultural. Te doy un ejemplo. Gran parte de los sistemas de la AFIP están bajo servidores privativos, al igual que muchos sistemas bancarios y muchas otras áreas. Si de pronto a Microsoft o al desarrollador del software se le ocurre que no debemos realizar transacciones bancarias, ¿cuánta gente se queda sin poder cobrar un sueldo, la jubilación, etc? ¿Cuánta se queda sin poder comprar comida? Podés decirme que desarrollar software privativo no es una actividad malvada, yo creo que sí, porque deja sumida mi vida a la decisión de otra persona, aunque no haya una deliberada búsqueda de causar un daño. Existe la posibilidad de generarlo y ya sólo por eso hay que abandonarlo, porque usándolo somos débiles. Y esto nos toca en lo cotidiano. Generalmente compramos una PC nueva porque la que tenemos anda muy lento o porque queremos instalar la versión más reciente de algún programa. Bueno, que tengamos que gastar en computadoras nuevas es una decisión que toma quien desarrolla el software que usa ésa PC. ¿Y por qué tengo yo que cambiar mi pc sólo porque se le ocurre a alguien? Ésa persona está decidiendo por mí y además no da ninguna posibilidad de que yo use el software como yo quiera usarlo, para colmo no me vende el software, me lo alquila en forma de licencia, me lo cobra todos los años y si se me llega a ocurrir no pagarle me trata de violador, de asesino de niños, de ladrón, de pirata. Nos interesa que salgamos de éstas condiciones, nos interesa que nos hagamos preguntas y busquemos respuestas. Queremos romper con éso de que sólo tiene derecho a decidir el que tiene conocimientos y los oculta, y vamos a romper con éso: queremos una sociedad libre y soberana en la que nadie tenga la posibilidad de obligarte a vivir una vida que no querés. Y de eso se va a tratar el suplemento.

MG: Bueno, no hay forma en que el software libre deje de existir, es natural en el ser humano compartir sus descubrimientos: ya está instalado, cada vez que entrás a Internet hay millones de máquinas que corren servidores libres, protocolos libres (sin los cuales internet ni siquiera existiría), cada vez que usás un teléfono o tablet equipada con Android, tenés que saber que está basado en software libre, por más que no sea en sí software libre, o cuando usás Firefox, Wikipedia, Chromium, eMule y tantos otros software libres, quizá lo hagas inconscientemente, pero podés usarlos con cualquier fin, modificarlos, estudiarlos y hacer copias con total libertad.

Nos sirve justamente por eso, para evolucionar como sociedad hacia un mundo más colaborativo, amoroso, sano, científico, regido por principios éticos... es una utopía, pero el movimiento social del software libre, al contrario de otros movimientos utópicos, viene ganando varias batallas, digamos que es una utopía parcialmente realizada.