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Conocé las ciudades del mundo donde la inseguridad bajó

Mientras que en los últimos 20 años, el delito fue aumentando en Mendoza y Argentina, en Nueva York, Bogotá, San Diego y Boston descendió considerablemente. Aquí te explicamos cómo hicieron y por qué llevarlo a cabo no es una misión imposible.

En los últimos 20 años, el delito creció en Mendoza y Argentina, al punto de que la gente llegara a asumir inconscientemente la idea de que no existe una fórmula para terminar con la mayor preocupación de los argentinos desde hace muchos años.

Sin embargo, en Nueva York, el delito ha ido disminuyendo paulatinamente en los últimos 20 años y hoy es -dentro de las ciudades grandes- la más segura de Estados Unidos. Lo mismo sucede con la capital de Colombia, Bogotá: en 1993 alcanzó el techo de 80 asesinatos por cada 100 mil habitantes y -gracias al plan integral contra el delito iniciado por Álvaro Uribe y seguido por Juan Manuel Santos-  se redujo notablemnte a 13,8 homicidios por cada 100 mil; es decir, un 82,7 por ciento menos (ver video del informe, abajo).

San Diego y Boston (conocida por la Universidad de Harvard, hoy la número tres del mundo según el ranking de TopUniversities.com) implementaron planes de seguridad exitosos. Policía, vecinos y ONG se unieron para abordar el delito desde la raíz del mismo. Con eso lograron disminuir la totalidad de los homicidios en 76,4 y 77 por ciento, respectivamente.

1. La estrategia de la mano dura

Los alcaldes Rudy Giuliani y Michael Bloomberg quedarán en la historia por llevar a Nueva York al nivel de delito más bajo en 46 años. En todo 1963 se registraron 548 homicidios. En 1990 alcanzó las 2.200 víctimas y en 2012 bajó a 451 homicidios. ¿Cómo hicieron para ser hoy la ciudad más segura de las grandes ciudades de Estados Unidos? A través de un método que recibió igual cantidad de elogios como de críticas: la mano dura y la tolerancia cero. La clave no fue tanto la cantidad de policías en las calles (de hecho, por la crisis mundial, en los últimos diez años Nueva York sacó de la calle a 6 mil efectivos), sino la efectividad de los mismos y el empeño en hacer cumplir la ley al máximo de la tolerancia cero, es decir, sin mínimas concesiones.

Sólo en el último año, las violaciones disminuyeron 8 por ciento; los robos menores, entre 18 y un 34 por ciento, y 10 por ciento los robos grandes, el hurto de automóviles y los delitos cometidos en el transporte y lugares públicos.

2. Policías más ciudadanos

San Diego tiene 1.310.617 habitantes y se halla en la costa sudoeste de Estados Unidos, en el estado de California. Para bajar los asesinatos en 76,4 por ciento dividieron la ciudad en 99 zonas. En cada una de ellas se dispuso un sistema de monitoreo ciudadano, con un equipo policial asignado a cada uno de ellos, de modo que los residentes pudieran conocer a sus agentes y se sintieran cómodos dándoles información. La ciudad también reclutó 1.200 voluntarios, muchos de ellos jubilados, para vigilar vecindarios. Se les dio capacitación, empezaron a usar  uniformes similares a los de la policía y hasta utilizaron vehículos oficiales. Estas acciones lograron un 89% de aprobación en la población. 

Respecto de Nueva York, que tiene 5 agentes por cada 1.000 habitanes, San Diego cuenta con 1,7 agente por cada 1.000 residentes.

3. Policías más la fuerza de una ONG

Boston, con una población cerca a los 650 mil habitantes, es un caso interesante, ya que gracias a una efectiva participación de una ONG -que intervino en las familias de los posibles delincuentes- logró disminuir el delito en 77 por ciento (ver video).

Al igual que en Bogotá, implementaron un programa para recuperar armas de la calle. Pero la clave fue la ONG Ten Point,  constituida por sacerdotes cristianos y líderes laicos que trabajan para movilizar a la comunidad en torno a cuestiones que afectan a la juventud latina y negra. Esa asociación fue clave para explicar por qué en Boston bajó la delincuencia.

Ten Point se basa en cuatro principios. En primer lugar, considerar que la violencia es un problema de la delincuencia y no de la condición de pobre o marginal o de familias rotas. En segundo lugar, lograr que la comunidad pueda identificar a un pequeño porcentaje de jóvenes que están en el centro del problema. En tercer lugar, utilizar la palabra o el mensaje informal para frenar a algunos adolescentes en sus primeros pasos en el delito y, por último, dejar en manos de la policía los casos que ya no puedan ser contenidos por la ONG.

En su página web, Ten Point aclara que sus acciones se basan en la fe, porque "proporciona un sentido de esperanza" al individuo y busca "revitalizar la familia". De modo que -teniendo en cuenta los resultados obtenidos por esta mezcla de eficacia policial más eficacia de una ONG- el sentido espiritual y de familia influye decididamente en el individuo y se convierte en una respuesta positiva para solucionar el delito.

La estrategia general es sencilla: Ten Point actúa sobre los posibles delincuentes desde la raíz, es decir, sus familias y círculos de amistades, y la policía interviente cuando el individuo opta por la delincuencia.

El Departamento de Policía de Boston también comprometió al sector académico para identificar quiénes estaban mayormente involucrados en violencia por pandillas y así posibilitar el uso de leyes penales, de tránsito y contra las drogas. Al mismo tiempo, varias agencias de la comunidad aumentaron los servicios disponibles para aquellos que estuvieran en riesgo de no completar la escuela obtuvieran entrenamiento laboral y se convirtieran en trabajadores y consiguieran trabajo.

4. Policías + Ciudadanos + Gobierno

El escenario de Bogotá y Colombia se parece un poco más al de Mendoza y Argentina, ya que a la inseguridad, al ser multicausal, para enfrentarla y reducirla con éxito, el gobierno de Álvaro Uribe y su sucesor (y entonces ministro de Defensa), Juan Manuel Santos, llevaron a cabo un plan que con múltiples acciones -desde lo policial y lo social- logró bajar considerablemente todos los índices delictivos.

Primero identificó las raíces de la violencia y, de manera premeditada, limitó el acceso y la venta de alcohol y redujo la disponibilidad de armas de fuego pagando a los propietarios por ellas.

La estrategia también incluyó pactos con el sector privado, consejos de seguridad permanentes y estables, una política de inteligencia que se integró sin la posibilidad de la más mínima confusión y con trabajos de resistencia civil y reacción ciudadana.

Una de las acciones más efectivas fue la de fortalecer la cultura ciudadana y resolver, de manera pacífica y concertada, los conflictos al interior de los hogares, entre particulares y entre las comunidades. Asimismo, las acciones se orientaron a reducir los riesgos (control al consumo de licor, cierre de establecimiento nocturnos a la 1 am, restricción de la tenencia de armas legales e ilegales en manos de los particulares, recuperación del espacio público y de los entornos urbanos deteriorados) y a atender a la población más vulnerable (indigentes, jóvenes, desplazados por la violencia y prostitución).

Si bien esta política se aplica desde los 90, sólo en el último año los robos a entidades financieras cayeron un 61 por ciento y los atracos a viviendas, comercios y vehículos bajaron a la mitad (51 por ciento),  32 por ciento y 18 por ciento, respectivamente.


La Colombia de Uribe y Santos hoy es la contracara de la Venezuela de Chávez y Maduro. 

En 1998, Bogotá y Caracas eran iguales de inseguras: 42 y 63 homicidios por cada 100 mil habitantes, respectivamente. Nueve años después, en pleno apogeo del chavismo, Bogotá bajó a 21,5 homicidios por cada 100 mil y Caracas se disparó a 108. Hoy esa ciudad es la capital más violenta del mundo, con 118,89 asesinatos por cada 100 mil, mientras que Bogotá los redujo a 16,7. Dos modelos distintos, sin dudas, uno obsoleto y con mucha prensa y el otro efectivo y con poca prensa.

Hacia estos pagos

Dos datos pintan de lleno a la Argentina y su política de seguridad de los últimos años. El primero corresponde al último informe del Observatorio Hemisférico de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Allí dice que, en robos y atracos,  el índice argentino duplica la tasa promedio evaluada en 28 países americanos: la tasa de robos fue de 973 cada 100.000 habitantes, cuando el promedio en el continente es de 456 cada 100.000 habitantes. El segundo -extraído de fuentes varias-  indica que el Gran Mendoza tiene el triple de asesinatos que la capital de Chile, Santiago:  7,5 homicidios por cada 100 mil habitantes contra 1,9 (de la capital trasandina). Esto también se traduce en dos país y dos modelos distintos.

Por qué se puede, entonces

Porque sólo hace falta armar un plan a largo plazo, que trascienda las diferencias partidarias e ideológicas, y mirar un poco hacia afuera y aprender estrategias exitosas, y sacar lo mejor de todo: ONG comprometidas; instituciones y entidades que representen a trabajadores sociales, fuerzas de seguridad bien pagas y preparadas; sectores religiosos, profesionales médicos, educadores y otros, y desde arriba -es decir, el Gobierno- un acuerdo para llevarlo a cabo.

Mirá el video de todo el informe