Se cumplen seis meses de la desaparición de Johana Chacón
La adolescente lavallina desapareció el 4 de septiembre de 2012 y nunca más se supo nada sobre su paradero.
Hace exactamente seis meses, Johana Chacón volvía de la escuela. Sin embargo, nunca ingresó a su casa. Descendió del transporte escolar que el gobierno dispone para los alumnos de Tres de Mayo en el departamento de Lavalle y allí fue vista por última vez. Nunca más se supo de ella.
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Johana, la niña de 13 años de ojos marrones y cara alegre cuya foto circula por los medios de comunicación y redes sociales supo vivir un infierno de carencias, materiales y afectivas, hasta transformarse en la alumna promedio 8.50 y con ropa digna que su familia postiza le dio.
Su ausencia, abrió una ventana a esas vidas olvidadas que nos resultan lejanas e imposibles. Además de una demostración de amor y compromiso magnífico.
“A César Chacón, el padre de Johana, lo conozco desde niños cuando jugábamos juntos por la zona. Su hija más grande Beatriz (17) está en pareja con mi hijo Mariano y viven juntos acá en casa” señaló oportunamente Luis Curallanca, el hombre que se hizo cargo de Johana, sus hermanos y sus necesidades. Luego sería investigado por el fiscal Santiago Garay.
“Un día hace unos seis años, cansado de ver a esos cinco niños muertos de hambre, de frío, llenos de piojos, le ofrecí al padre que vengan a almorzar a mi casa. Mi mujer había hecho tallarines y no les alcanzaban los cubiertos para comer. Lo tenían que hacer con las manos por la desesperación”.
Sucede que César Chacón se separó de su esposa hace algo más de diez años y ésta se fue a vivir a Tunuyán. De sus hijos se olvidó y el padre eligió una vida sin demasiado esfuerzo entre una pensión que el Estado le entregó y un remís trucho que a veces hace trabajar.
La falta de dinero, e interés de sus progenitores, impidió que los hermanitos Chacón pudieran tener una vida digna y que su niñez transcurra entre el estudio, la escuela y el amor.
“Me cansé de denunciar ante la fiscalía de Lavalle por el estado de esos niños que se morían de hambre. Entonces conseguí la tutela de la más grande, pero los chiquitos empezaron a estar cada vez más tiempo en mi casa y decidí ofrecerle al padre la posibilidad de que coman y estudien viviendo con nosotros” contó Luis.
“En todo este tiempo el padre jamás me preguntó cómo estaban sus hijos, ni me ofreció dinero. A mí me gusta que los chicos se críen como me crié yo, estudiando, bien vestidos, bien peinados y eso es lo que trato de enseñarles. Además son muy cariñosos y respetuosos”.
Luis Curallanca vive con su mujer, su hijo Mariano y cuatro de los cinco hermanos Chacón en una finca de 12 hectáreas con plantación de olivos. Además le dieron un hogar a Beatriz de 17 años, Diego de 14, Johana de 13 y Sebastián de 11. Martín quien tiene 16 se fue a vivir con otra familia amiga hace un tiempo, porque quería ir a bailar y salir con sus amigos. Algo que Luis le prohibía para evitar que le pase algo y porque no se siente con el poder de decidir en temas delicados.
“A los chicos los vestí por completo porque no tenían ni ropa interior. El padre me decía que él no tenía dinero para eso, que no le alcanzaba. Y como si fuera poco yo les compré zapatillas Topper a todos y como los más grandes calzan como el padre, el tipo se las sacó y les dio unas viejas que él usaba”.
Luis decidió ayudar a estos menores que no encontraban una salida a su desesperación silenciosa y desde la ausencia de Johana ha sido también investigado: “Allanaron mi casa varias veces. Vino policía científica, canes, además de la fiscal pero no encontraron nada. Yo les dije que se fijen en el padre al que no le importa nada de sus hijos”.
Además, Curallanca visitó a la madre de la niña quien se mostró preocupada pero sin demasiado interés en buscar a su hija desaparecida.
Johana es una gran alumna según señala Luis, cuando la fue a buscar colegio secundario se enteró que su promedio es 8.50. Algo que según él condice con su interés por ir a clase. “Nunca le gustaba faltar, se enojaba si yo le pedía que no fuera para ayudarnos en algo”.
No obstante, el último día que fue vista no quería asistir a la escuela. “Fue muy raro pero ella quería faltar. Eso me llamó la atención”, cerró con la esperanza de que Johana vuelva a jugar entre los olivos y se reencuentre con la nueva familia que la vida le dio.
Sucede que César Chacón se separó de su esposa hace algo más de diez años y ésta se fue a vivir a Tunuyán. De sus hijos se olvidó y el padre eligió una vida sin demasiado esfuerzo entre una pensión que el Estado le entregó y un remís trucho que a veces hace trabajar.
La falta de dinero, e interés de sus progenitores, impidió que los hermanitos Chacón pudieran tener una vida digna y que su niñez transcurra entre el estudio, la escuela y el amor.
“Me cansé de denunciar ante la fiscalía de Lavalle por el estado de esos niños que se morían de hambre. Entonces conseguí la tutela de la más grande, pero los chiquitos empezaron a estar cada vez más tiempo en mi casa y decidí ofrecerle al padre la posibilidad de que coman y estudien viviendo con nosotros” contó Luis.
“En todo este tiempo el padre jamás me preguntó cómo estaban sus hijos, ni me ofreció dinero. A mí me gusta que los chicos se críen como me crié yo, estudiando, bien vestidos, bien peinados y eso es lo que trato de enseñarles. Además son muy cariñosos y respetuosos”.
Luis Curallanca vive con su mujer, su hijo Mariano y cuatro de los cinco hermanos Chacón en una finca de 12 hectáreas con plantación de olivos. Además le dieron un hogar a Beatriz de 17 años, Diego de 14, Johana de 13 y Sebastián de 11. Martín quien tiene 16 se fue a vivir con otra familia amiga hace un tiempo, porque quería ir a bailar y salir con sus amigos. Algo que Luis le prohibía para evitar que le pase algo y porque no se siente con el poder de decidir en temas delicados.
“A los chicos los vestí por completo porque no tenían ni ropa interior. El padre me decía que él no tenía dinero para eso, que no le alcanzaba. Y como si fuera poco yo les compré zapatillas Topper a todos y como los más grandes calzan como el padre, el tipo se las sacó y les dio unas viejas que él usaba”.
Luis decidió ayudar a estos menores que no encontraban una salida a su desesperación silenciosa y desde la ausencia de Johana ha sido también investigado: “Allanaron mi casa varias veces. Vino policía científica, canes, además de la fiscal pero no encontraron nada. Yo les dije que se fijen en el padre al que no le importa nada de sus hijos”.
Además, Curallanca visitó a la madre de la niña quien se mostró preocupada pero sin demasiado interés en buscar a su hija desaparecida.
Johana es una gran alumna según señala Luis, cuando la fue a buscar colegio secundario se enteró que su promedio es 8.50. Algo que según él condice con su interés por ir a clase. “Nunca le gustaba faltar, se enojaba si yo le pedía que no fuera para ayudarnos en algo”.
No obstante, el último día que fue vista no quería asistir a la escuela. “Fue muy raro pero ella quería faltar. Eso me llamó la atención”, cerró con la esperanza de que Johana vuelva a jugar entre los olivos y se reencuentre con la nueva familia que la vida le dio.


