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Vicente Reale y dos textos para la espera del nuevo papa

El sacerdote Vicente Reale compartió con los lectores de MDZ dos poemas destinados a reflexionar sobre la elección del nuevo papa.

En oportunidad de estar reunidos en Roma los cardenales electores del nuevo Papa de la IglesiaCatólica, deseo ofrecer dos textos que, amén de estar bellamente escritos, sugieren con hondura lo que muchas personas -católicas o no- esperan de la iglesia y del papado en la nueva instancia abierta por la renuncia de Benedicto XVI.

El primer escrito pertenece al sacerdote chileno Ronaldo Muñoz.

Fallecido hace pocos años, compartió la mayor parte de su vida con los habitantes de una población muy pobre del sur de Santiago, donde hizo palpable su palabra y su testimonio cristiano.

La Iglesia que amo

Ronaldo Muñoz



Pocas catedrales de canto y oro,

muchas capillas de barro y tabla.



Pocos ricos adiestrados a la indiferencia,

muchos pobres expertos en pasión compartida.



Pocos letrados calculadores y prudentes,

muchos sencillos que saben de fe y de esperanza.



Pocos doctores muy seguros de su doctrina,

muchos testigos que escuchan de verdad.



Poco poder de fariseos y sacerdotes de carrera,

mucho servicio humilde a los hermanos más pequeños.



Pocos proyectos de dólares y marcos,

muchas mingas de sudor y canto.



Pocas ceremonias en palacios y cuarteles,

muchas fiestas en aldeas y barrios marginales.



Pocas bendiciones de armas, bancos y gobiernos,

muchas marchas de paz, justicia y libertad.



Poco temor al Dios del castigo y de la muerte,

mucho respeto al Dios del amor y de la vida.



Poco culto de espaldas al pueblo, al Cristo rey eterno en las alturas,

mucho amor y seguimiento a Jesús, el de María,

Compañero, Profeta, Hijo del Padre.



Poco, cada vez menos,

mucho, cada vez más.



Las otras palabras son de un obispo emérito, Pedro Casaldáliga. Catalán de origen, desde muy joven vino a compartir la suerte de los indígenas Xavantes en el Mato Groso de Brasil, defendiéndolos contra la expropiación globalizante de su patrimonio territorial y cultural.

Deja la curia, Pedro

Pedro Casaldáliga

Deja la curia, Pedro,
desmantela el sinedrio y la muralla,
ordena que se cambien todas las filacterias impecables
por palabras de vida, temblorosas.

Vamos al Huerto de las bananeras,
revestidos de noche, a todo riesgo,
que allí el Maestro suda la sangre de los Pobres.

La túnica inconsútil es esta humilde carne destrozada,
el llanto de los niños sin respuesta,
la memoria bordada de los muertos anónimos.

Legión de mercenarios acosan la frontera de la aurora naciente
y el César los bendice desde su prepotencia.
En la pulcra jofaina Pilatos se abluciona, legalista y cobarde.

El Pueblo es sólo un «resto»,
un resto de Esperanza.
No Lo dejemos sólo entre guardias y príncipes.
Es hora de sudar con Su agonía,
es hora de beber el cáliz de los Pobres
y erguir la Cruz, desnuda de certezas,
y quebrantar la losa-ley y sello- del sepulcro romano,
y amanecer de Pascua.

Diles, dinos a todos,
que siguen en vigencia indeclinable
la gruta de Belén,
las Bienaventuranzas
y el Juicio del amor dado en comida.

¡No nos conturbes más!
Como Lo amas,
ámanos,
simplemente,
de igual a igual, hermano.
Danos, con tus sonrisas, con tus lágrimas nuevas,
el pez de la Alegría,
el pan de la Palabra,
las rosas del rescoldo...
...la claridad del horizonte libre,
el Mar de Galilea ecuménicamente abierto al Mundo.