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Paritarias: la inequidad de las remuneraciones

Liliana Lombino analiza la necesidad de una nueva ley de sueldos y la excesiva planta de empleados estatales.

Empieza de año y los hechos que venimos soportando sucesivamente en esta época: El comienzo de las discusiones paritarias entre los distintos gremios estatales y el gobierno provincial.

La situación se complica porque el Indec no determina el verdadero índice de inflación; consecuencia de ello, se produce una sobreestimación de parte de los gremios respecto de las expectativas promedio anuales de este flagelo y, por supuesto, una subestimación de parte del Estado Provincial. En el medio, la discusión, y nunca llegan al “justo medio”.
 
He seguido atentamente la evolución de estas discusiones y sus resultados durante años y, la verdad, llego a la conclusión de que en materia de remuneraciones estatales habría que hacer un borrón y cuenta nueva. La tan predicada y nunca lograda “NUEVA LEY DE SUELDOS”, y desde aquí comenzar de nuevo sobre cifras razonables.
 
Es tan inequitativa la distribución de los recursos asignados a tales remuneraciones que cada nueva discusión deja a la luz la imperiosa necesidad de ponerse las botas y de una vez por todas actuar coherentemente en esta materia. Es hora de que los responsables del gobierno se pongan a trabajar en serio a fin de evitar este resquebrajamiento de las instituciones que anualmente producen cada vez más daño al Estado provincial y que, por supuesto, repercuten en la comunidad a servir.
 
El tema es muy complejo porque la desidia de tantos años lo ha provocado así; y en esto no sólo prevalece la incoherencia y la falta de planificación en las discusión de estos temas, sino también el eterno problema llamado “finanzas provinciales”, que nunca resisten semejantes avatares.
 
¿Alguien ha prestado atención a las diferencias salariales que existen en las remuneraciones por semejantes tareas, semejante capacitación, iguales horas de trabajo, etc. etc. entre los  trabajadores agrupados por distintos gremios dependientes del Estado provincial?  Yo sí… ¡alarmante!
 
Tan es así que hasta con este tan proclamado y criticado “gran aumento” que se ha proporcionado al sueldo de nuestro señor gobernador, tras cualquier arreglo paritario seguirán existiendo empleados estatales que percibirán una remuneración superior.
 
Es cierto que los recursos provinciales hoy no alcanzan para otorgar más de un 20% en concepto de incrementos en sueldos, así lo previó la norma presupuestaria; pero me pregunto, a sabiendas de una inflación anual que en porcentajes reales promedia el 25%, y que lo sabe el ama de casa mejor que nadie, ¿a quién se le ocurre ofrecer nada más  que un 20%? ¿Por qué deteriorar relaciones discutiendo entre el más y el menos? ¿Por qué funcionarios deben desperdiciar tiempo en estas discusiones que debieran dedicar a trabajo productivo? ¿Por qué no se sinceran los números en las normas presupuestarias? ¿Por qué el Estado debe ceder ante presiones a veces patoteras que rondan lo ilegítimo en las prestaciones de servicios esenciales? ¿Por qué el Gobierno sigue comprometiendo las finanzas con contratos totalmente ilegales mal llamados locaciones de servicios y que tienen un carácter netamente político?
Hay muchas preguntas y una sola respuesta: porque no existen políticas estratégicas que también hacen falta en materia de recursos humanos. Sin el recurso humano no existe, el Estado no funciona, pero reconozcamos que en determinadas áreas es excesivo. Ello conlleva a que un porcentaje muy elevado de empleados estatales, sea cual fuera el medio de contratación, resulta innecesario, incrementa fatídicamente los gastos operativos por funciones que no realiza, sirve sólo a los efectos de la política (se entiende, ¿no?) y no es factible pagar a los que verdaderamente trabajan al servicio constitucional del Estado un salario digno, más allá, insisto, de que hay que efectuar una revisión en conjunto y comparativa de las distintas grillas salariales conforme los gremios y proceder a equilibrar la pirámide jerárquica del Estado, que hoy es amorfa.
 
Año tras año insisto en lo mismo…. Y no llega: “LEY DE SUELDOS”, orgánica y equitativa, discusiones paritarias coherentes y responsables y terminar con que el Estado sea la cobija de “empleados” que se toman sólo para hacer números y ganar elecciones… ¡Y esto va para todos, porque así se ha manejado durante años!

Liliana Lombino es contadora.