Paisaje de un día de miedo: poco es mucho; nada es todo
Miedos cruzados. Ese puede ser el factor común de una recorrida de dos horas por el Gran Mendoza en medio de la situación generada por un puñado de policías que protestaban en la Legislatura, y tras un par de intentos de robo en Las Heras y Kilómetro 8. Comerciantes con temor a que sus negocios sean atacados; policías en medio de una disputa entre sus pares y sin uniformidad de opiniones, previniendo represalias si dicen tal o cual cosa.
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1- Supermercados cerrados y en proceso de desalojo: las puertas de ingreso, clausuradas y los autos fluyendo cargados. (No son saqueadores, sino clientes apurados por irse, aunque no hayan completado la lista de compras. Pasa uno con un ventilador sobre los hombros: “Hola,¿sos un saqueador?”. “Jajajaja. Sí, pero camino despacio para disimular”, bromea. No lo era. Es un vecino del Jumbo y volvía a pie a su casa). En las veredas, los empleados preguntándose quién los llevará a su casa, ahora que salieron temprano del trabajo, sin haberlo calculado antes.
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2- En la esquina del Tomba, un pibe pide prestado el celular. “Es para una llamada don”. Está –caramba, vaya novedad- asustado. Tiene unos 13 años. Le dijeron “andá no más” tras volver del entrenamiento. Llegó 15 minutos antes, se encuentra con el despelote en la puerta del híper y quiere llamar a su padre. “Bueno, te espero”, le dice al padre y agradece el préstamo de “una llamadita”. Pregunta: “¿si lo espero acá pasará algo?” No pasa nada, pero él no lo sabe, contagiado del ritmo que todo lo mueve a su alrededor. Entonces, hay que acompañarlo hasta que el padre frena en doble fila, le toca bocina, abre la ventanilla y le chifla: “¡Eh! ¡Daniel!”. Se va. Desde el auto le dice algo al padre señalando y los dos saludan, agradecidos mientras arrancan y parten.
3- Situación rara: dime cómo te informás y te diré cuánto pánico tienes. En calle Salta de Godoy Cruz conviven todas las “Argentinas”. Mientras por la ciclovía decenas corren y ruedan las ruedas de sus bicicletas enchufados a vaya a saber uno qué ritmos, muy campantes, en el Ministerio de Seguridad comienzan a llegar autos y en el negocio de enfrente, bajan la persiana metálica, presurosos, aun promediando la tarde. Se da este diálogo con el propietario:
- ¿Por qué cierra?
- Hay quilombo.
- ¿Aquí?
- No, no sé. Me llamaron y me dijeron que en Las Heras reventaron un supermercado y están cerrando todos.
- Sí, en Las Heras sí. Pero acá enfrente está el Ministerio de Seguridad, no creo que pase nada.
- Mmmm. No sé. Por las dudas, ¿viste?
Llega un proveedor y deben abrir para darle “unos papeles”. Lo hacen sin perder tiempo. “Él es periodista”, acusa y señala. “Uh, ¿qué sabés? Dicen que hay un policía herido”.
- No queda otra –interrumpe el propietario- yo me calzo la 9 milímetros.
- ¿No le parece mucho? Se va a desgraciar.Yo vengo andando desde hace rato y no vi nada jodido, en serio.
- Perdoname, sé que eso te jode. Pero ¿vos viste lo que pasó en Córdoba?
Repito: se va a desgraciar. ¿Pensó en dispararle a un tipo, realmente?
La verdad que no. Pero uno no sabe, al final si hay o no hay canas y se vuelve loco. Esto es todo lo que tengo.
4- La playa del Hipermercado Libertad está desierta. Es inmensamente inmensa, si vale la expresión. Es obvio que adentro tampoco hay nadie. Allá al fondo se ve a un guardia privado de seguridad y nada más. No hay custodia policial a pesar de que escuché en la radio que “los supermercados están rodeados de policías”. Se para una familia en el frente y le gritan: “¡Jefe! ¿Van a abrir?”. “¡Noooooo!”, responde con eco y todo el guardia. Y nada más. Enfrente, en cambio, “hay quilombo”, como diría el comerciante de calle Salta. En el VEA de Joaquín V. González y Salvador Civil están los vidrios rotos.
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-¿Me puede contar qué pasó?
- Retírese, por favor. No me comprometa –gruñe el único policía en varias cuadras a la redonda.
- ¿Entraron? ¿Se llevaron algo?
- Cricri, cricri.
Llega una camioneta con obreros y comienzan a derribar el vidrio roto. Se disponen a cambiarlo por uno nuevo. Hubo quilombo.
5- Más hacia el oeste está el barrio La Estanzuela, elegido por todo laboratorista social que pretenda coronar su testimonio sobre “la crisis”. El domingo apedrearon el Átomo del lugar, ubicado a unos 100 metros de la Comisaría. Es un dato, pero a los vecinos no les aporta nada. “Jajaja”, se ríe una mujer de unos 30 años a la que se le pregunta si la presencia policial no asusta a los atacantes. “¡Qué los va a asustar! ¡Si el centro de salud que está al lado está lleno de balazos!”, dice y se va sin dejar que el diálogo continúe, rechazando posibilidad de fotos o de algún video. “¿Van a abrir?”, pregunta una mujer con dos nenas colgadas de sus brazos en jarra a los siete policías que están en la puerta. “Hoy no”, define uno que se autoproclama vocero. “¿Por?”, insiste, seguramente en la búsqueda de la mediatarde. “¿Por las dudas?”. Buenísima y oportuna respuesta.
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6- Así como aquella zona del Ministerio representó una síntesis de la Argentina que vive un mismo momento de manera muy diferente, un grupo de policías que dialogaba en las cercanías de un centro comercial del Centro, también lo es.
- ¿No hacen huelga?
Policía 1 – Es que somos de “los buenos”
- Eso quiere decir que hay “de los malos”
Policía 1 - ¡No le quepa duda! Jajaja.
Policía 2 - ¿Qué necesita?
- Solamente estoy viendo cómo está la situación. Hace rato que ando dando vueltas y como los vi juntos, me pareció que me podían dar su opinión sobre lo que pasa.
Policía 3 – Es complicado lo que nos pide.
- No pienso dar nombres ni sacar fotos.
Policía 2 - Pero antes debió preguntarnos si queríamos hablar con usted. Y no queremos.
- Bueno…eh…
Policía 1 – Bueno. La verdad es que hay de todo en la policía. Yo no creo que haya que hacer huelga; lo que creo es que somos pocos y nos usan mucho…
Policía 4 – Esto es un despelote. Nos mandan de un supermercado a otro frente a los que llegan a robar y somos dos o tres frente a 30, de un lado al otro…
Policía 1- Un compañero fue herido en Guaymallén por los delincuentes.
- ¿Sí? ¿Qué saben sobre eso?
Policía 2 – Que no tenemos que hablar con periodistas.
7- Como si se tratara de un dominó al que le dieron un dedazo equivocadamente a la primera pieza de la lista, los comerciantes de la calle Juan B. Justo, en la Ciudad de Mendoza, bajan las persianas uno tras otros. Todos miran al rincón del Atomito. “Si ellos cierran…”, dice una verdulera apurada guardando mercadería que no sabe si mañana podrá poner en venta. “¿Tiene miedo de que le roben la verdura, señora?”. “Mmmm no. No sé. Está complicado todo, ¿vio? Por nada te quitan todo. Hasta te pueden matar. Prefiero perder un kilo de lechuga…No saque fotos por favor”.
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8- Ahora es el oeste del oeste. Decenas de chicos juegan a la pelota. La calle, recién pavimentada, luce llena de ladrillos. Son arcos de una concatenación de improvisadas canchas de fútbol. Los pibes pelotean en la tarde, tratando de acostumbrarse a la falta de clases. Un poco más arriba queda una sede policial. Una alerta lanzada por las redes y llamadas telefónicas indica: “Los familiares de los policías autoacuartelados se están reuniendo allí”. Lógico: ¿qué medio, en el centro del desconcierto y la marcha de la mutual que les vende uniformes a los policías por el Centro, iba a mandar a alguien a confirmar? “No –dice un pibe- no hay nadie allí”. El lugar se ve desierto. Llega un móvil policial que, por cierto, había sido cruzado antes patrullando en el barrio Judicial. Entra y se pierde en la polvareda. “¿Hace mucho que no se ve nadie allí”. “Sí, bastante”, responde el pibe. No hay nadie. Ni familiares ni policías. No hay noticia en donde hubo un rumor.
9- La ferretería de Dorrego arranca su cierre de persianas guardando las plantas que tenía en oferta en la vereda. “¿Cierran?”. “Sí, ¿y a vos qué te parece?”. “¿Por?”. “Por los saqueos. Dicen que los canas se guardan y Dios nos libre…”. “¿Pero pensás que te van a robar herramientas y plantas?”. “Jajajaja. No. Pero acá encuentran con qué hacer daño y eso ya es bastante motivo para que meta violín en bolsa y me vaya a tomar unos ´fernés´ a mi casa”. Chau.
10- (Paréntesis. De nuevo en el auto. En la radio porteña preguntan si se va a poder dormir en Mendoza esta noche. “No sé”, responde la periodista desde acá).
11- En Palmares hay una valla custodiada por dos policías varones. Nadie entra. En la entrada al barrio hay que pegar la vuelta e irse: no hay forma de entrar al mall. Los comercios, cerrados. En el acceso por Panamericana hay dos policías mujeres. Allí, todos salen. La playa, desierta. Y tres imágenes paradigmáticas:
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1- El Mc Donalds “abierto 24 horas incluido sábado y domingo”, cerrado.
2- El VEA cerrado y su puerta, bloqueada con carros apilados y paletts de madera trancándolos.
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3- Los empleados sin micro, sentados en la playa esperando la hora en que se desocupen quienes habitualmente los pasan a buscar o bien, planeando reunirse en un mismo auto que los reparta en sus hogares.
En la parada de micros ubicada en la puerta del centro comercial, una pareja de adolescentes se reprocha: “¿Viste que vinimos al pedo?”. “¿Y yo qué sabía que habían saqueos?”. “¡Pero si no pasó nada!”. “Y bueno, qué se yo, cerraron todo”. “Ahora andá a saber a qué hora pasa un micro”. “¿Venimos mañana?”. “No sé si abren”.
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Poco. O mucho. Depende de quién lo cuente.
Nada. O todo. Pasó lo que cada uno sintió que sucedió. (Nunca fue más difícil contar qué es lo que realmente está pasando).







