Cómo evalúan a los mendocinos en la secundaria
El problema es que salen del secundario y cuando presentan el currículum aparecen palabras sin acentos, oraciones muy largas y sin coherencia respecto de las anteriores, vocabulario pobre y una capacidad mínima para entablar diálogo. Cuando sucede esto la pregunta que llega es ¿cómo hicieron para conseguir el diploma? La respuesta, al igual que la pregunta, es diversa: posiblemente ese individuo bochado de la entrevista laboral haya sido compañero de promoción de otro que consiguió ese mismo trabajo, en la entrevista siguiente. La cosecha que obtuvo (el lograr ese puesto) fue producto de una siembra de cinco años, mientras que el otro, en lugar de sembrar y trabajar la viña, se quedó en la casa del puestero sumando puntos en los videojuegos de la netbook. Finalmente los dos egresaron, pero el empleador -si es de una organización seria y competente- elegirá al que mejor haya hecho las cosas desde antes.
Pregunta: ¿cómo hizo ese alumno bochado para egresar si nunca estudió? y ¿qué nivel de educación tendrá su compañero, el que consiguió ese trabajo?
El examen PISA -del que ahora todos hablan- justamente sirve para eso: saber si un joven que egresa de su escuela está en condiciones de disputar un puesto de trabajo a alguien que se graduó de otro secundario; o bien, si ese mendocino está en condiciones de cruzar la frontera y ganarse el pan en otros países, en el que deberá compartir conocimientos básicos (sacar cuentas, escribir informes, etc) con otro sujeto que hizo el mismo recorrido que él, pero en su nación de origen.
Mientras que en Chile se analizan los resultados de la última evaluación Pisa, apuntando a las naciones que lograron las mejores calificaciones en el mundo, de este lado de la cordillera -según lo expresó a MDZ una funcionaria de la DGE-, se apuntó a considerar que una evaluación internacional no es 100% fiable porque no logra encajar con nuestra idiosincracia. Lo concreto es que hoy un argentino que sale del secundario está menos preparado que un chileno, uruguayo o brasilero, entre otros, cuando históricamente (hasta hace diez años atrás) era al revés. Sin embargo, al tratarse de individuos, se trata de una estimación general, ya que uno puede destacarse por méritos propios o bien, por otros factores, como hoy lo es falta de población joven en países como Alemania, lo que hace que si un argentino sabe alemán y ciudadanía europea pueda tener más chances laborales en esa nación que en Argentina. Pese a ello dos cosas son irrefutables: el resultado del examen Pisa y la misma realidad que cualquier argentino puede comprobar a la hora de entablar un simple diálogo con un adolescente.
Volviendo al plano local, para que un alumno egrese tiene que ser evaluado numerosas veces. ¿En Mendoza los docentes califican bien a los estudiantes? ¿los exámenes de acá son más fáciles que los exámenes Pisa? ¿realmente nos fue mal porque la evaluación hecha por la OCDE desafina en lo que respecta a nuestra idiosincracia y contexto social?
Para ello hace falta hacer dos recorridos: cómo son las evaluaciones en los secundarios mendocinos y si un examen exigente made in Mendoza está a la altura de lo que la OCDE evaluó a los seleccionados de Argentina.
Estos dos recorridos servirán para deducir si los docentes (y el sistema educativo) hacen bien o mal las cosas y por qué el resultado final hoy nos ubica casi en el fondo de la tabla.
Examen difícil, pero diluido con notas de proceso
No hay parámetros definidos para comparar el nivel de evaluación de las Pisa respecto de lo que sucede acá. Por ejemplo, un profesor de Matemáticas de quinto año del secundario Químicos Argentinos de Ciudad o del Álvarez Condarco de Godoy Cruz puede evaluar inclusive con más exigencia que las mismas pruebas Pisa. Son dos escuelas públicas técnicas, cuyos alumnos que reciben el diploma ya hicieron una pasantía y algunas empresas esperan que concluyan el secundario para tomarlos como empleados. Eso por un lado. Y por otro, los colegios no técnicos, que llegan al quinto año con un nivel de Matemáticas inferior respecto de los colegios técnicos, en el que los conocimientos de los alumnos dependerá mucho de ellos mismos, en primer lugar, y de los profesores que tuvieron en esa materia a lo largo del ciclo.
Sin embargo, más allá de nivel de exigencia de colegios y de profesores existe un factor que echa a perder la misma y favorece a la especulación de los alumnos con las notas: la igualación de los exámenes trimestrales con las notas de proceso.
Antes, los alumnos se preparaban para los tres trimestrales del año y se mentalizaban con ello. Y por supuesto, había esfuerzo y horas de estudio. La mitad de la nota de cada eje era una evaluación o trabajo práctico exigente. Desde hace unos años se decidió que el trimestral fuera una evaluación más y ocurre el siguiente problema: la nota de la misma se mezcla con la nota de proceso (comportamiento del alumno, actitud en la clase y otros), trabajos prácticos y corrección de carpetas. Vamos por partes.
La nota de proceso requiere el esfuerzo de ser buen alumno y a la vez, no todos los docentes lo tienen muy claro, porque hay estudiantes con comportamiento ejemplar y que inclusive participan en la clase, pero no dan con la materia. Si finalizan con 6, entonces puede especular con completar la carpeta y portarse bien para lograr un 7 y un 8, para así concluir el eje con 7 como nota final (es un ejemplo). También hay casos de alumnos que se portan mal en la mitad de un eje y luego, sabiendo que pueden ser beneficiados con la nota de proceso empiezan a cambiar de actitud, entonces el profesor debe valorar el hecho de que el estudiante reconoció su error y lo reparó, y por supuesto eso debe verse reflejado en la nota de proceso. No hay reglas concretas para estos casos (sí, criterios generales) y cada docente procede según su criterio.
El otro caso es la nota de la carpeta. Si fuera un aula con nivel parejo, la misma sería aceptable porque significa que hubo horas de atención, de tomar apuntes y de hacer ejercicios en clase y en casa. Pero lamentablemente esa no es la general. Lo que más ocurre es que los pocos alumnos que hacen todo le pasan la carpeta a los “alumnos videojuegos” y a los que en forma crónica están en otra y de repente, en dos días hacen todo lo posible para llevarle al profesor la carpeta completa. En los hechos significa que un alumno, procediendo así, puede tener la carpeta completa y en el examen no responder ni una pregunta bien, pero la nota mala de esa prueba será compensada por la buena calificación de la carpeta.
Un último factor para agregar: las notas de trabajos grupales. Es bueno que los chicos lo hagan porque en la vida real casi todo es trabajo grupal. Pero adentro del aula es muy raro que el ambiente de trabajo sea similar al de una oficina porque menos de la mitad hará la labor y el resto se dedicará a hacer sociales o a escuchar música con el celular. Esta modalidad resulta si los grupos trabajan organizados y se distribuyen bien las tareas, pero generalmente no ocurre así: cuando en el grupo hay un líder negativo o con el ADN de la viveza criolla, el que trabaja es otro y a veces es uno que sí hace contra tres que no lo hacen. Entonces habrá buena calificación para cuatro personas, cuando en los hechos sólo uno lo merece.
Por todo esto es que cuando existían los trimestrales que se promediaban con una única nota de proceso, el 50% de la misma era puro conocimiento y saber. Ahora está más diluido y todo depende del profesor (por ejemplo, si en cada eje un docente decide tomar varios exámenes exigentes y por ejemplo, no corregir carpetas porque no lo ve necesario, entonces la nota final será el resultado de una mayoría de notas de evaluación).
En conclusión, en todo lo expuesto hasta ahora, para que el alumno resulte apto depende en gran parte del nivel de la escuela y del profesor. Y por supuesto, del mismo estudiante.
Evaluación Pisa vs evaluación made in Mendoza
MDZ presenta algunos ejercicios de la evaluación PISA con otros correspondientes al Operativo Nacional de Evaluación 2013, llevado a cabo este año por la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa, con actividades de simulación (exámenes) de Lengua, Matemática, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales:
Existen algunas diferencias pero no son tan notables. En todo caso la misma está en lo explicado en el apartado anterior, es decir, en que la nota final de una materia de un alumno no será solamente en base a este tipo de evaluaciones que pudiera tomar un profesor en el aula, sino a pruebas más trabajos prácticos de diferentes exigencias, nota por carpeta completa y por proceso, que por cierto no requiere la exigencia del examen. De hecho, salvo en carreras como diseño, arquitectura y otros, en la universidad no existen más las notas de proceso y de carpeta completa: directamente exámenes -más orales que escritos. El que sabe pasa y el que no sabe no pasa.
La conclusión es que resulta difícil hacer comparaciones. Solamente serviría si en una escuela secundaria de Chile, Brasil, Uruguay o Estados Unidos se procede con este mismo mecanismo de calificación.
En Argentina, el que sabe pasa y el que no sabe -gracias a este mecanismo de nota diluida- igual tiene chances de egresar.
Por otra parte, si en Matemáticas y Ciencias Naturales todos los secundarios de Mendoza fueran como la Químicos Argentinos -para dar un caso-, todos estarían en condiciones de rendir un mejor examen Pisa. Está claro que no es así.