Educación: falla el contacto con los alumnos y la familia
Doscientos años de escuela pública y los pibes no aprenden: ¿al docente le interesa enseñar bien? Les cuento mi experiencia.
Directamente voy al grano: los alumnos con una familia detrás están terminando bien el año y los alumnos sin una familia detrás, no.
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Si hacemos un ranking, el nivel de estudiantes que aprendieron de los tres colegios se corresponde con el nivel de estabilidad familiar que hay en sus entornos, más que el nivel socioeconómico, o si reciben planes sociales De hecho, uno de ellos recibe planes y es el mejor de su aula.
Me tocó casos de padres que atraviesan divorcios y el alumno se rebela en el aula como forma de no aceptar a la nueva pareja de su mamá o papá, otros que le mataron a su tío y su abuelo -siendo éstos sus referentes de vida- y no le encuentran sentido a la vida ni a la escuela, la nena que su mamá es enfermera y hace todo en su casa porque su mamá hace todo (y todo el tiempo) en el hospital, y los que arrancaron bien el año y de repente les agarró una enfermedad o cortaron con su novios y durante un par de meses se olvidaron de proyectarse de acá a 20 años.
Sabiendo que este año la cosa iba a ser difícil, la primera semana de clases decidí dar un curso de técnicas de estudio. La netbook del Conectar Igualdad brinda gratis a los docentes un excelente material para aprender a estudiar. Se me ocurrió que antes de meter programas había que afinar el sistema operativo. ¿Sirvió? Sirvió para los que hicieron bien las cosas en todo el año y todo lo contrario para los que desde el arranque pusieron embrague y marcha atrás, en lugar de primera.
Los cursos tienen en común esta radiografía: una fila o media fila con los alumnos que cumplen y dos filas con los alumnos que no hacen nada. Esto naturalmente genera un desequilibrio que impide establecer un contacto.
A diferencia del año pasado, en el que di Lengua y Comunicación en Lavalle, Guaymallén y Ciudad, este año se agravó la distracción en las mini computadoras.
Por ser suplente no me llegó la netbook del Gobierno (uso la de mi mujer o pido prestado en las escuelas) pero siempre doy clases con ese dispositivo, ya que allí voy cargando constantemente todo tipo de material educativo y además uso con frecuencia los que brinda Escritorio Alumno. Este esfuerzo de querer ir poco más adelante muchas veces se frustra porque el Wi fi en las escuelas es una mentira, las redes locales para compartir documentos también y a abrir un archivo Word es un trámite burocrático.
En el peor de los casos ¿qué tiene el docente ante sí al arrancar el año? Un 5% a 6% de alumnos que van a estudiar y participar vs un 95 ó 96% de alumnos que no harán nada. Y allí se nota cuando hay una familia detrás.
A principios de año nos predisponemos a dar lo mejor. En este 2013, uno de los tres cursos se entusiasmó con la materia que di -Comunicación Corporativa-. Se enseñó y se aprendió bien. Todos colaboraron. Y cuando sucede eso muchos docentes nos damos cuenta de nuestros errores, porque si pasamos las clases tratando de ordenar el aula difícilmente identificaremos si fallamos en la calidad de la enseñanza.
¿Cuál es la mayor preocupación de un docente al iniciar una clase? Es lograr el contacto. Es decir, que haya un emisor y receptor que intercambien mensajes. Que se pueda arrancar una clase. Si eso ocurre habrá chances de mayor calidad educativa.
En una época, cuando eso no ocurría, se los podía sacar del aula o amonestar. Eso ya fue. Y también ya fue la posibilidad de aprovechar bien una clase y de que se enseñe/aprenda bien.
En lo personal sólo en una de esas tres aulas lo logré. Cuando hay contacto las partes se empiezan a conocer y allí empieza fluir la buena labor del educador. Todo lo contrario sucede cuando -por decisión de los "alumnos malos" o de los "alumnos videojuegos", no hay contacto (hablo de mi experiencia personal). Y allí se discrimina al alumno que hace las cosas bien porque no se le dedica el tiempo que merece.
Antes se los podía echar del aula. Ahora, no. Antes se los podía amonestar. Ahora, no. En broma he sugerido que las primeras dos horas del día sean Educación Física, así los alumnos hacen catársis y entran al aula más calmados. Lo de hoy es como querer lograr que el Tomba obtenga los puntos necesarios para zafar del descenso con la mitad de los jugadores lesionados y la otra mitad, en rebeldía: ¿cómo hacerlos correr e impartirles técnicas y estrategias?
Ayer me contó un profesor que da clases "a la antigua", es decir, como en los países que lograron una buena nota en el examen PISA, que el viernes último le desinflaron la rueda de su coche y que ya le amenazaron con romperle el vehículo. En los recreos sale a la puerta de la escuela para controlar su automóvil.
Ahora estoy en una época en el que me "sugieren" el "aprobado con posterioridad". El curso de segundo año que doy al menos el 90% va a rendirlo (algunos ni siquiera lo quieren intentar). Decidí hacer un examen muy exigente, porque en los seis años que cursé mi secundaria en el Martín Zapata no me regalaron nada y la excelente formación que tiene esa escuela de la UNCuyo apenas me sirvió cuando en primer año de Comunicación Social, el quien hoy es presidente de la Acadamia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, me evaluó con libros de Marechal, Pirandello, Mujica Láinez y Borges, textos del que yo no estaba ni a la altura del prólogo, tras un secundario con libros que parecían ser escritos para la audiencia de Menudo y Los Parchis. En aquel entonces aprobé con cuatro tras dos meses intensos de estudio. Y allí me di cuenta del secundario que hice.
Hace un par de meses, una madre me suplicó que el 6.5 de su hijo pasara a 7. Le dije: "jamás me regalaron un laburo y una nota en la escuela. No puedo hacer eso". Ella insistió y le volví a decir lo mismo. La nota quedó en 6,5 y a partir de allí su hijo mejoró notablemente. Cuando se enteró de que existía el "aprobado con posterioridad" volvió a ser el "alumno videojuego". En este caso, la familia ayudó, pero "el sistema", no.
El docente arranca el año motivado y con todas las expectativas de exigencia, para decirlo así. Cada aula es una ruleta: si les caíste bien y lograste que ese curso te siga, entonces allí habrá buena educación. Cuando eso no sucede, ya no hay ganas de enseñar, aunque siempre sorprende que haya uno o dos alumnos por el que valen la pena tanto esfuerzo, o que hayan padres que se comprometen con sus hijos. Para esto no existe un plan B porque hoy no se los puede echar ni amonestar. Entonces allí el docente decide dos caminos: el continuar con la exigencia, así se la lleven todos a diciembre, a veces sin atender la situación marginal de ciertos estudiantes, o "adecuarse" a ese contexto social y rogarle de rodillas a los alumnos para que estudien un poquitito.
Profesionales de los Servicios de Orientación me dicen que los profesores tenemos que asumir que hoy la escuela cumple otro rol, más contenedor, y yo pienso en los buenos alumnos y en el momento en que salgan a buscar trabajo. Y no me cierra.
El director de uno de esos colegios -a quien aprecio- me aconsejó primero ser amigo de los alumnos, es decir, en vez de enseñar, primero hablar de sexo, alcohol o de lo que sea, con tal de ganar confianza, y recién allí enseñar. Me cuesta asumirlo porque Lengua es una materia que exige horas y horas de entrenamiento escrito y ponerme a hablar de cualquier cosa para ganarme la confianza de ellos no sé si resulta al largo plazo. Un entrenador con su equipo de fútbol puede arrancar la temporada con un asado, pero luego serán puros entrenamientos. Pero si hiciera un asado en cada entrenamiento ese equipo estaría loco de feliz en la cancha, con seis goles abajo. Sería un equipo-relato.
Sinceramente es hora de reconocer e instalar en la agenda pública y mediática la crisis en las familias y trabajar a fondo con las personas que deciden tener hijos si saben realmente qué significa eso y si están dispuestos a crecer con ellos. Concretamente, a ser familia
Ya estoy corrigiendo los trimestrales del eje tres: salieron peores que los del eje 2 y a la vez el examen fue más fácil que el anterior. De este modo probé con ser "inclusivo" y menos exigente y no me fue bien. No lo haré más así.
Puede que en forma transitoria -al costo de exámenes Pisa de bajo nivel- la escuela hoy sea la familia que muchos no tienen, pero de a poco debería volver a ser lo que siempre fue y no quedar instalado en este rol de contenedor-educador, porque ambas funciones no se complementan, en vista a los resultados generales.
Como lo escrito es sólo una historia de vida más de las tantas -y hay mucho para compartir en este tema- sería bueno que profesores de primarias y secundarias completen este artículo con sus valiosas experiencias. Y también quienes trabajan en los servicios de orientación, que están más en contacto con las familias de los alumnos más conflictivos.