ver más

Transportar vinos de Mendoza a Buenos Aires sale lo mismo que exportarlos

Las bodegas enfrentan un escenario complejo, tras varios años de fuerte crecimiento, debido a la pérdida de competitividad por los altos cotos internos.

Tras varios años de crecimiento, las bodegas enfrentan un momento “difícil” en el que deben trabajar en mantener sus marcas y pensar poco en invertir en ampliarse, ya que los altos costos afectan la competitividad de los vinos argentinos en el mundo.

En análisis fue realizado por el portugués Ricardo Rebelo, CEO de Finca Flichman, para el diario El Cronista. El ejecutivo afirmó que para que algo cambie primero es necesario combatir la inflación y luego ajustar el tipo de cambio.  Para eso, dice, se necesita invertir en “infraestructura y energía”, entre otros aspectos.

Analizando el mercado, el CEO asegura que no es momento de ampliar producción, sino de “mantener las marcas”.

Mientras la pérdida de competitividad afecta sobre todo a las exportaciones, el consumo interno está estable, aunque “frenado” por las elecciones. “Desde inicios del año creció el consumo, pero en julio se amesetó, quizás por las expectativas del consumidor ante las elecciones; prefiere derivar gastos a vacaciones, bienes durables o toma una actitud más defensiva de ahorro hasta saber qué va a pasar. El darse un gusto está más frenado. No prevemos un gran aumento, sino de 1% a 2%, pero el segmento por arriba de $ 25 crece más en detrimento de la baja gama”.

Con respecto a las exportaciones declaró: “Como origen, la Argentina creció mucho a nivel global en la última década, pero en 2012 y 2013 se notó un freno por pérdida de competitividad. Estamos muy atentos al crecimiento, porque crecer en la Argentina tiene un costo elevado para mantener stock, la cuenta de clientes y la mano de obra. Además son muy costosos los créditos fiscales con el Estado, las tasas de crédito son muy altas. Hay que tratar de ser eficientes, buscamos ser cuidadosos con nuestro balance. Hoy no nos centramos en ampliar la capacidad productiva o en invertir en activos fijos, sino en mantener nuestras marcas y negocios”.

Para el empresario los costos que afectan la competitividad: “No es un tema que se solucione sólo con devaluación. Es afectada también por la disponibilidad de energía, la escasez de ciertos insumos, la devolución demorada del IVA y de los reintegros a la exportación por parte del Estado. En la industria vitivinícola, esa demora es de seis, siete u ocho meses y el saldo se financia a un 25% de interés, es un valor muy alto. Además, el costo de transportar los vinos de Mendoza a Buenos Aires es casi tan caro como colocarlos desde Buenos Aires en Europa. La situación podría arreglarse con políticas estructurales para combatir la inflación y algo de devaluación; hay que invertir en infraestructura, por ejemplo, en trenes para transportar mercadería. Es muy difícil trasladar costos internos al exterior, no se puede ajustar más de 20% a países con 2% a 3% de inflación. La Argentina desarrolló mucho el segmento de u$s 23 a u$s 26 la caja, pero hoy en menos de u$s 20 no hay rentabilidad”.

En referencia a la economía nacional, aseveró que “Nos preocupa la inflación y la tasa de cambio. En los últimos tiempos el Gobierno dio señales de recuperar tasa de cambio con devaluación, pero a nivel inflación no hubo grandes cambios, ni a nivel de gasto público, ni en infraestructura o energía. No se combate la inflación de un día a otro, pero se necesitan políticas contra las variables macroeconómicas adversas. La inflación siempre es el peor de los escenarios, es un impuesto para todas las personas. Habría que controlar la emisión monetaria, el gasto y jugar con las tasas de interés. La tasa de retorno por el capital invertido debe ser alta para compensar el riesgo del negocio y del país. Nos preocupan, además, los atrasos en la cadena de pagos, hay un esfuerzo grande para mantener aceitada la cadena en 60 días, pero ya se notan demoras”.