Polémica y malestar de docentes por "el aprobado con posterioridad"
A la hora de consultar en qué normativa se sostiene, asesores pedagógicos y directivos de secundarios públicos de Mendoza responden “la resolución 682 del 25 de abril de 2012” (ver abajo). Y al momento de revisar las doce páginas de la misma –que contempla 43 artículos- en ninguno explícitamente ordena evaluar (mediante examen o trabajo práctico) a los alumnos que no aprobaron el trimestre anterior, para así sacarlos del apuro y darles una chance de finalizar el trimestre con una calificación escrita con tinta azul, en lugar de roja.
Aunque esa resolución no lo exige en forma explícita, en estos días es una obligación cumplirla en los secundarios públicos de Mendoza -más allá de que cada escuela goza de cierta autonomía para ponerlo en práctica- . Y la orden llegó de arriba: al que desaprobó todo el segundo trimestre hay que hacer un último intento para arrojarle el salvavidas y ver si ese alumno se esfuerza en demostrar que está en condiciones de convertir ese número rojo de su libreta en uno azul. Y como esa resolución no establece cómo tiene que ser evaluado, la realidad es que las alternativas posibles van desde un examen a la altura de las circunstancias -que permita al alumno demostrar que sabe de principio a fin los contenidos impartidos en el eje respectivo-, o bien puede ser directamente un ejercicio de la netbook, un par de preguntas escritas o un trabajo práctico, es decir, algo que signifique poner una nota –todo depende de la voluntad y decisión de cada docente-. A eso se lo llama el “aprobado con posterioridad” y en estos días está causando malestar en docentes de secundarios públicos, que se niegan a tomar un examen que sea equiparable al trimestral, más las notas de proceso anteriores.
“La idea es que si en el segundo trimestre, de cinco temas por distintas razones el profesor no dio tres, entonces en el siguiente trimestre termine de dar los temas que faltaron. Y a los que desaprobaron el segundo trimestre hay que tomarles un examen con una nota que equivale a todo el eje impartido. De allí salen los aprobados con posterioridad”, explicó Patricia Herrera, que trabaja en el servicio de orientación de la escuela Normal Tomás Godoy Cruz, de Ciudad.
Betiana Gallardo es asesora pedagógica de la escuela técnica Álvarez Condarco, ubicado en el barrio Batalla del Pilar (Godoy Cruz) y explica que el “aprobado con posterioridad”- obedece a la resolución 682 y apunta a darle una chance “a los alumnos que demuestren que ha mejorado su aprendizaje”.
En este caso, la nombrada resolución no especifica cómo el alumno tiene que ser evaluación, teniendo en cuenta la importancia de la misma, ya que el resultado equivale a la del trimestre entero.
En este sentido, la profesora Herrera agregó que “cuando esto surgió lo consultamos con directivos y supervisores, porque la verdad es que es muy confuso, ya que nosotros debíamos tenerlo claro para explicárselo a los profesores”.
Y muchos docentes -que saben de qué se trata- se resisten a ponerla en práctica.
“Hay profesores que se quejan, pero no pueden negarse porque es algo que pide el Gobierno. Por ahí alguna escuela puede tener cierta autonomía", reconoció Herrera.
Lo que pasa es que a fin del trimestre te piden los números, con los que están aprobados y desaprobados. Y están presionando.
Patricia Herrera y Belén Gallardo se desempeñan en los servicios de orientación, en sus respectivas escuelas (Normal y Álvarez Condarco).
La función de los servicios de orientación es trabajar con los alumnos que presentan dificultades en la escuela, ya sea de lo que ocurre adentro del aula (aprendizaje) o bien, de lo que sucede afuera de la misma (el contexto familiar, esto último con trabajadoras sociales).
Gallardo entiende que si un alumno no logró aprobar una materia y como consecuencia de la labor de esta área de la escuela (o bien, como resultado del esfuerzo propio), el alumno reconoce que puede hacer las cosas bien, entonces merece una oportunidad para dar vuelta con un examen o (trabajo encargado por el profesor) lo que en el trimestre anterior resultó ser el fruto de una nota final calculada en base a trabajos prácticos, evaluaciones, carpetas corregidas, lecciones orales y notas de proceso (como el comportamiento y la actitud adentro del aula).
Y he aquí lo que cuestionan no pocos docentes: la nota de un examen no puede reemplazar al resultado de cinco o seis notas registradas en un proceso de tres meses.
“No le estamos dando un buen mensaje al alumno que hace las cosas bien” -cuenta Eduardo Contreras, que enseña Lengua y Literatura en la escuela Profesores Mendocinos (Luján) y Álvarez Condarco (Godoy Cruz) - “porque supongamos que un alumno que siempre fue a clase hizo todos los trabajos prácticos, rindió todas las evaluaciones y siempre tuvo la carpeta completa, finalmente se esforzó al máximo y logró un ocho como nota final del trimestre, ¿cómo le explicás que ese compañero que pasó todo el trimestre divirtiéndose con los videojuegos de su netbook –porque en esos casos, como no lo podemos echar del aula y tampoco quiere estudiar, no nos queda otra que dejarlo jugar-, y que terminó el eje con un uno –porque jamás hizo algo-, de repente se pone las pilas un fin de semana, rinde y se saca un nueve? ¿merece una nota alta el que no hizo nada?”.
Según explicó este docente, en algunas escuelas primero analizan si se toma el examen para lograr el “aprobado con posterioridad” y en otros, no, aunque la resolución 682 exige que se lleve a cabo para así “asegurarles (a los alumnos) la permanencia y egreso en los niveles obligatorios”.
“Yo me negué a que me obliguen tomar ese examen”, dijo una docente de Física de un colegio urbano marginal. “La que me obligó me dijo que viene de la DGE. La verdad es que yo no le dejo un buen mensaje a mis alumnos porque es algo que contrasta completamente con la vida real, ya que en la calle nadie te regala nada”.
Lo más probable es que esta profesora, que por reserva no dejó su nombre, igual tenga que aplicar el aprobado con posterioridad, ya que ningún profesor se puede negar.
“La realidad es que los chicos no están estudiando y se trata de justificar lo injustificable. Se quiere supuestamente incluir al chico que está en la escuela y no quiere estudiar. El sistema quiere retener a toda costa y hay alumnos que no están yendo, por más que tengan la figura de condicional. Pero es lo que hoy tenemos con la política educativa y hay que respetarlo porque si no lo respetás, por el marco en que estamos, entrás en desobediencia. No podemos hacer nada contra eso. Lamentablemente estamos atados”, concluyó Herrera.
En busca de una explicación oficial, MDZ intentó comunicarse con funcionarios del gobierno escolar, sin obtener respuesta alguna.
Qué dice la resolución
Los lineamientos generales de la normativa establece disponer como prioridad de la política educativa provincial: “el desarrollo de una estrategia integral de calidad destinada a mejorar sustantivamente los aprendizajes para todos los adolescentes y jóvenes de la provincia, cuyas líneas fundamentales son: acompañamiento a los alumnos, desarrollo profesional de los docentes y apoyo a los padres; actualización de los contenidos a ensenar y aprender y evaluación de los aprendizajes; impulso de modelos institucionales y de enseñanza flexibles para atender la diversidad; procesos de reflexión y acuerdos institucionales que consoliden equipos docentes y den coherencia a la propuesta educativa de cada escuela; dotación de recursos y optimización del uso de los existentes y hacer visible para toda la comunidad educativa, las escuelas y las experiencias de enseñanza que logran aprendizajes de calidad en sus alumnos”.
Sobre los criterios de evaluación expresa que no son válidas las bajas calificaciones por motivos disciplinarios. En tiempos anteriores era habitual, como forma de controlar la disciplina, que un profesor le pusiera un uno al alumno que se porta mal.
Sobre la calificación en concreto el documento afirma que la misma surge de las notas de proceso más el trimestral, que es una nota más.
En el punto 32 expresa que si por causa no imputable al alumno, este no obtuviese calificación en algún trimestre deberá rendir un examen sobre los saberes fundamentales correspondientes a dicho trimestre no calificado.
No brinda precisiones sobre la bajada de línea de estos días, que es tomar un examen -en muchos casos, a las apuradas- a los que no pasaron el eje dos con el fin de cambiar el color de tinta de la libreta y así, mejorar las estadísticas oficiales de la educación.
Bonus track
La resolución, en detalle:

