Cada cual con su género: Effy no quiere ser ella ni él, pide que se anule el sexo en su DNI
Ella nació en Israel, bautizada como Mati Ariel y bajo el ritual de la circuncisión que profesa el judaísmo, y sus progenitores porteños decidieron años atrás ir a dicho país en búsqueda de un buen pasar económico. A sus cinco años, decidieron regresar a Buenos Aires por distintos motivos. Lo cierto es que hoy, Elizabeth Mia Chorubczyk como lo anuncia su documento israelí, no tiene documento argentino a pesar de la aprobación de la ley de identidad de género el pasado mayo en nuestro país.
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- ¿Cuándo fue realmente que empezaste a ser consiente de tu identidad de género?
Llegué a Argentina con 5 años de edad con un pasaporte donde figuraba con el nombre Mati Ariel. Una vez instalada obtuve un Documento Nacional de Identidad de carácter extranjero bajo el número 93.622.889 donde se respetó dicho nombre. Muchos años después, con apenas 19 años, me interné voluntariamente en una clínica psiquiátrica por planeamiento suicida. En ese momento empecé a hablar algo que había estado cargando sola y que no compartía siquiera con mi familia ni amigos más cercanos. Esa carga era una identidad diferente a la cual los demás concebían de mí. Por suerte, mi voluntad de fuerza superó esa etapa sin necesidad de psicofármacos, simplemente empecé a hablar lo que me sucedía. Empecé a contar que nunca me sentí identificada con lo que se me había educado como lo correcto según mi género, sumado a un fuerte rechazo a mi genitalidad y las consecuencias hormonales del mismo. De pequeña, en Israel, yo solía compartir la bañadera con mi hermana mayor, y que nuestra genitalidad fuera diferente me parecía una diferencia tan insignificante como el que ella haya nacido con los ojos celestes y yo con los ojos marrones, no la reconocía como alguien diferente a mí. En cambio, cuando se presentaba una situación donde tuviese que compartir la ducha con mi padre, solía resistirme y sentirme incómoda, porque lo consideraba diferente a mí. De chica yo imaginaba ingenuamente que al ser grande mi cuerpo iba a desarrollarse tal cual mi madre. Con los años fui comprobando no sólo que no sería así, sino que socialmente sería muy marginada por tener modalidades o deseos de juegos y expresión diferente a los varones de mi misma edad. Mi padre quería de cualquier modo “corregirme”, los maestros y psicólogos adjudicaban mi conducta femenina el problema de mi falta de socialización con mis pares, y no el rechazo de mis pares el verdadero problema.
- ¿Qué llegaste hacer para no sentirte discriminada por tu entorno?
Tuve afán por adoptar una identidad masculina que me era ajena. Observaba a los hombres caminar por la calle y trataba de imitarlos con el único fin de dejar de ser tratada como diferente. Traté de desarrollar mi escuálido cuerpo iniciando artes marciales y gimnasio para una aprobación social que lejos estaba de una aceptación personal. Las figuras públicas o representaciones sociales de las travestis no era favorecedor: mi maestra no era travesti, la gerente del banco tampoco, sólo conocía lo que la televisión y la cultura popular mostraba. A la travesti como una persona condenada a la prostitución o el mundo mediático.
- Effy es el apodo que le das a Elizabeth. ¿Cuándo decidiste cambiar radicalmente y empezar hablar de una situación de transgénero?
Poco a poco fui conociendo realidades diferentes mediante internet, y a medida que pude hablar esto con mi familia he empezado a tener esperanzas que era posible vivir con mi condición transgénero sin tener que por eso prostituirme. Comencé a hacerme llamar Effy, apodo no muy conocido de Elizabeth, y que sonaba ambiguo, lo que me permitió con mi imagen masculina presentarme como Effy en varios ambientes. A medida que conseguía la confianza de la persona le confesaba que mi verdadero nombre era Elizabeth. Empecé a proyectar un futuro contra todo pronóstico social. Al cumplir 20 años, ya madura para tomar cualquier decisión sobre mi cuerpo y mi identidad, decidí que quería empezar el tratamiento de remplazo hormonal conocido como tratamiento de reasignación de género. También decidí que quería optar la nacionalidad, e inicié dicho trámite que fue muy lento, y donde se presentaron diferentes barreras de las más torpes a la más ridículas, entre ellas el cambio de formato del documento nacional o reiterados rechazos por “Observación en la imagen” (Observación que nunca fue explicada), lo que hizo que tardara aproximadamente 3 años en conseguir el documento número 18.891.622 con el nombre masculino que no usaba en mi vida diaria, ni íntima ni pública.
- ¿Cómo fue que tenés el documento israelí como Elizabeth y en Argentina sos una indocumentada?
En mi país de origen hay una ley que te permite cambiar de nombre cada siete años mediante un trámite administrativo muy accesible. Antes de recibir el DNI, inicié el cambio de nombre masculino Mati Ariel por el nombre femenino Elizabeth Mía. Lo hice en la Embajada de Israel en donde tardó tres meses. En el medio se me concedió finalmente mi documento argentino tras casi tres años de gestión entorpecida pero que me permitió presentarme en el Registro Civil ubicado en la calle Uruguay para hacer la rectificación de mi nombre en el documento argentino y también la rectificación de mi dirección puesto que por un error de tipeo se anotó mal el timbre de donde vivo. Días más tarde recibí el documento sólo con la modificación del domicilio y el pedido de rectificación de nombre junto todo los papeles legales presentados fue totalmente ignorado. Volví a presentarme y esta vez escribí una carta a la directora del RENAPER exponiendo mi caso. Lo redacté firmándolo como Elizabeth Mía, nombre absolutamente legal y comprobable, y la respuesta que recibí fue para un tal Sr Mati Ariel, explicando que no se aceptaba mi cambio de nombre puesto que hay una ley que dice que el nombre de pila no puede contradecir el sexo, y que debía ir a instancia judicial no ofreciéndome ningún otro tipo de asesoramiento, y volviéndome a partir de ese momento en una persona ilegal, puesto que tras informar sobre mi verdadera identidad legal, que no tenía lugar a ser denegado, fui obligada a poseer dos identidades legales diferentes poniendo en riesgo mi condición como ciudadana argentina, y limitando mi libertad. Con dos documentos legales no podría ni salir del país y volver a entrar, ni aceptar una contratación laboral honesta. Obviamente esto me dejó desamparada en muchos sentidos y durante mucho tiempo he pensado en prostituirme, suicidarme o abandonar mi construcción de identidad por la dificultad a la que el RENAPER me ha expuesto con su postura totalmente errada, transfóbica y xenófoba.
- A partir de la aprobación de la ley de identidad de género en nuestro país, ¿ha cambiado tu situación?
He especulado con que se apruebe la ley de identidad de género antes de iniciar el juicio para ver si era posible resolver este asunto por las vías administrativas, pero en la redacción de dicha ley se exige como requisito principal y excluyente el rectificar el nombre desde la partida de nacimiento. En España cuando un argentino opta la nacionalidad española se le emite una nueva partida de nacimiento española donde figura que su lugar de nacimiento fue en Argentina, pero en Argentina, cuando una persona extranjera opta la nacionalidad no se le emite una nueva partida de nacimiento, sólo se le da el documento. Esto hace que yo no tenga partida de nacimiento argentina para iniciar el trámite. Así igual, en Israel, está permitido cambiar el nombre cada 7 años pero jamás se modifica dicho nombre en la partida de nacimiento. Esto hace que yo no pueda acceder administrativamente a mi derecho de cambiar al nombre Elizabeth Mía independientemente de que ya lo haya logrado administrativamente en mi país de origen. Me veo así obligada a ir a instancia de juicio por vacíos legales entre un país y otro.
Effy afirmó ser una fiel luchadora por los derechos feministas y decidió agotar todas las instancias administrativas pertinentes antes de llegar a la instancia judicial contra el Estado Nacional. “La verdad es que mi nombre legal es Elizabeth Mía tal como lo muestran todos los papeles adjuntos, y el Estado argentino sólo puede limitarse a reconocerlo o seguir marginando mi situación, desprotegiéndome como ciudadana argentina. La duda tiene que ver con el sexo que figura en el documento. En Israel he cambiado sólo mi nombre, no así mi sexo. Soy Elizabeth Mía sexo masculino, y este juicio es puramente administrativo en caso de que opte sólo la rectificación en mi nombre. El juicio adquiere otro carácter si además exijo que se aplique la ley de género recientemente aprobada donde no debería dar pruebas de mi feminidad para acceder al cambio registral de mi sexo en el Documento Nacional de Identidad. He aquí la duda, de acceder a esta identidad acá en Israel continuaría figurando con sexo masculino, y en Argentina como sexo femenino. Esta condición de poseer el mismo nombre pero distinta identidad sexual legal en uno u otro país, sumado a la larga historia detallada de marginación e injusticia que tuve que atravesar para estar ahora haciendo un juicio por algo que debería haber sido resuelto sin juicio de por medio, me siento en el derecho de exigir no sólo el reconocimiento de mi sexo femenino, sino también en pedir que este dato sea protegido por la ley de intimidad, y que en mi Documento Nacional de Identidad 18.891.622 además de figurar el nombre pertinente Elizabeth Mía, no figure ningún sexo.”


