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Misóginos: cuando el amor es odio

Ni sexismo, ni machismo, los misóginos parecen odiar a las mujeres, sin embargo las admiran, desean y aman, pero con un miedo inconciente e incontenible hacia ellas. ¿Miedo que puede llevar al insulto, al menosprecio, al golpe y a la muerte misma?
Una vieja publicidad misógina.
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Aristóteles, Schopenhauer, Maquiavelo, Niestzche fueron sancionados como misóginos. Listas de famosos y no tanto, sujetos cercanos a cualquiera de nosotros. La misoginia es un término que adquirió fuerza los últimos años, debido a la gran cantidad de actos violentos hacia mujeres y niñas. Significante arraigado a la  personalidad del sujeto que las denigra, pero que no siempre es masculino.  

Ni sexismo, ni machismo, los misóginos parecen odiar a las mujeres, sin embargo las admiran, desean y aman, pero con un miedo inconciente e incontenible hacia ellas. ¿Miedo que puede llevar al insulto, al menosprecio, al golpe y a la muerte misma?

Extraña dualidad por la que necesitan y desean una relación “feliz” ejerciendo un control total sobre ellas. Luchan con la terrible idea de que esa mujer que eligieron y a la que le dedicaron tanto esfuerzo, los abandone.

Suerte de apropiación de un hombre hacia “esa” mujer. El hombre fluctúa de la adulación y el encanto hacia ellas a ejercer una crueldad sin límites. Mujeres y niñas que son presas del menosprecio y la desvalorización constante.

Encrucijada de un sujeto atrapado en la relación erótica a una imagen fija, que lo enajena de sí mismo. Suerte de deslizamiento de la pasión por el objeto de amor, al odio encarnizado.
Este sujeto misógino en el fondo se angustia frente al encuentro con una mujer. Cuanto más despliegue la mujer un discurso de la feminidad más se sentirá afectado y volcará todo su odio en esa figura que ocupa un doble espacio de admiración y menosprecio. Esta posición  polimorfa, fulgurante y exuberante de la mujer, lo enloquece.

Lo paradojal es que la imagen, de ese otro mujer, es vivida como un ataque, como una amenaza a la integridad de ese sujeto. Reacciona con odio y con una tensión de destrucción hacia el cuerpo del otro temido, con una pasión desmedida y enloquecedora.

Y la mujer, puede dejar a ese hombre o pedirle que la abandone, que no lo necesita, que no precisa su espejo, ni su mirada para ser otra. Puede pedirle al hombre que salga del espejo de su mirada. 

Para algunos hombres esta experiencia de expulsión del campo de la  mirada del Otro, les resulta insoportable. Y los insultos pueden transformarse en actos demasiado violentos a punto de matar y de matarse.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
[email protected]
www.aabramendoza.com.ar