ver más

Dos artistas en busca del lenguaje del alma

Gustavo Jofré y Mariano Martínez son los integrantes de Emergencia de Sonrisas, un grupo que se encarga de arrancarles una sonrisa a los chicos internados en el Sanatorio Fleming. MDZ los acompañó durante una jornada de trabajo, y aquí les ofrecemos la experiencia.

Ya es conocido el trabajo de médicos, especialmente pediatras, que se disfrazan de payasos para atender a sus pacientes y llegar a ellos. De la misma manera, hay quienes, de manera voluntaria, se acercan a los hospitales para acompañar a los enfermos con canciones, actos de magia o rutinas de clowns.

Pero Gustavo Jofré y Mariano Martínez han ido más allá, dando un paso más en esta aproximación de los niños internados a una sonrisa. Ellos son Emergencia de Sonrisas, y desde octubre están trabajando en el Sanatorio Fleming de Capital, en un proyecto financiado por la OSEP.

MDZ Online los acompañó en una jornada de trabajo, y pudimos conocer detalles de su labor, tan importante por momentos como la de un médico clínico, un cirujano o un oncólogo, y conocer la opinión de quienes son acompañados por estos dos profesionales del arte que dedican su tiempo a hacer olvidar por un momento a los chicos que están en un hospital.

Los doctores Armando Sopaipillas y Musicón.

Al menos una sonrisa al día

Llegamos pasado el mediodía al Fleming. En la puerta nos están esperando Gustavo y Mariano, quienes nos hacen pasar al ala más nueva del sanatorio, donde se van a poner su ropa de trabajo: un guardapolvo colorido, zapatos llamativos, tanto como las medias, sombreros que no pasarían desapercibidos ni en una fiesta de disfraces y las narices, por supuesto, las narices rojas.

Ya está. Ahora son el Doctor Musicón (Jofré) y su charango y el Doctor Armando Sopaipillas (Martínez), listos para salir a recorrer los pasillos y las salas en busca de víctimas para su tratamiento.

Antes de acompañarlos, nos encontramos con Joaquín Arabel, director del Fleming, con quien nos sentamos a dialogar para conocer cuál es, para él, el significado de la presencia de Emergencia de Sonrisas entre los pasillos del sanatorio.

Martínez y Jofré, en los preparativos.

Arabel destaca que la labor de los artistas con los chicos es primordial, porque es la posibilidad de que los niños se olviden por un momento de la situación por la que atraviesan. “En el caso de los adultos, uno decide que tiene que internarse y lo hace, pero con los chicos es distinto, ellos no deciden, y tienen que quedarse en un lugar que no es su casa, durmiendo en una cama que no es la suya”, destaca Arabel, resaltando a continuación que es allí cuando el trabajo de los payasos. Sacarles al menos una sonrisa al día a esos chicos es la gran misión.

Y a veces son los mismos médicos los que requieren la presencia de los payasos, pues su aporte puede ayudar mucho. Incluso a los bebés. Arabel cuenta que estaban teniendo problemas con los bebés, con los más chiquitos, porque, lógicamente, ellos no podían reaccionar ante un chiste. Pero Jofré se dio cuenta de que el sonido del charango los hacía reaccionar y hasta les sacaba una sonrisa. Y esto Arabel lo cuenta con orgullo, porque la experiencia es realmente innovadora.

Incluso, cuenta la experiencia de una chiquita que había estado internada y que cuando volvió para control, no quiso irse a su casa hasta ver a los payasos.

Por supuesto, no es un trabajo sencillo, porque, más allá de la preparación que Jofré y Martínez necesitan a nivel artístico, también necesitan un respaldo psicológico, porque no es nada fácil estar animando el día de un niño que pronto fallecerá o haber divertido a otro que ya falleció.
“Por eso hemos contratado a una psicóloga que es artista también, pero la hemos contratado como artista, para que acompañe a los payasos y pueda contenerlos y darles herramientas si empiezan a decaerse”, sostiene Arabel.

La función del arte

Y salimos a los pasillos con los “doctores” payasos. Jofré va tocando el charango, Martínez saludando con gestos ampulosos. Enfermeras, padres, niños, médicos, ocasionales visitantes, todos los saludan, algunos se sorprenden, varios se quedan parados esperando que pasen los payasos.

Un niño, al escuchar que se acercan, sale de la habitación en la que está para esperarlos, y los payasos se quedan con él y su familia un rato.

No los esperó, salió a buscarlos.

“Tratamos de estar un rato con cada uno, pero a veces nos demoramos más en una habitación, porque hay más chicos o porque no nos dejan ir”, relata Jofré mientras subimos las escaleras y él sigue rasgando las cuerdas del charango.

Llegamos a una sala de espera donde hay dos niñas que ya fueron dadas de alta pero que han venido a revisión. De inmediato los saludan. También las madres lo hacen. Y todas sonríen. Entonces ahí nomás les hacen el número nuevo que tienen, que es una representación y una canción de prevención sobre el lavado de las manos.

Unos chicos que estaban en el piso de abajo, se asoman por las escaleras, porque saben que arriba está pasando algo con eso dos personajes disfrazados que pasaron recién delante de ellos saludando y cantando.

Los Emergencia de Sonrisas reparten globos después de la canción, pero previamente repiten el estribillo, porque los chicos que vinieron de abajo llegaron tarde y se perdieron gran parte de la presentación.

Y así llegamos a la habitación en la que Brenda está esperando a que le den el alta. A Brenda le extirparon un tumor y ya se está yendo del hospital, pero durante su estadía, por supuesto, conocieron a Musicón y Armando Sopaipilla.

Brenda, a punto de irse del hospital.

A la mamá de Brenda se le escapan las lágrimas en agradecimiento por todo lo que el sanatorio hizo por su hija, y entre los agradecimientos están los dirigidos a los payasos, que acompañaron a Brenda durante todo el doloroso proceso de su estadía en el Fleming y que la seguirán acompañando en lo que venga, porque antes de salir de la sala cruzan teléfonos, para seguir en contacto.

“Está es la función del arte. Está bien, podríamos estar presentándonos en algún festival o haciendo una gira, pero esto también es importante, si no, para qué mierda sirve el arte”, dice Jofré, contundente, cuando salimos de la sala.

El lugar tuneado

Por último, llegamos a la sala de internación de día. Allí ya no hay niños, ya se retiraron todos los que habían ido por ese día. Pero está María Marta Fernández, la pediatra que está a cargo de la sala.

El lugar es distinto a las otras salas, porque este está “tuneado”, como nos dice Jofré, por la gente que trabaja allí. Hay bibliotecas y adornos.

La pediatra nos explica que allí van chicos que están por el día, por una operación rápida, por ejemplo, y otros que están sometidos a tratamientos y que deben asistir periódicamente. “Para ambos grupos es muy importante lo que hacen los chicos (los Emergencia de Sonrisas), porque les hacen pasar un buen rato”, explica Fernández, y cuenta que había una chica que venía regularmente y que había días en los que estaba “chinchuda” y a todo decía que no, pero era cuestión de que llegaran los payasos para que se pusiera a correr detrás de ellos y a saltar.

Los "doctores", junto a María Marta y Laura.

A veces, son las mismas pediatras quienes les hacen a los payasos algún pedido en particular, especialmente con los adolescentes, a quienes un payaso no les cae muy bien, o al menos no lo van a demostrar, entonces con ellos hacen una partida de cartas u otro juego.

Así terminamos la recorrida con los doctores Musicón y Armando Sopaipillas, quienes ahora comienzan una gira por las delegaciones de OSEP del interior de la provincia y ya están pensando (y armando) la primera escuela de formadores de animadores socio-terapéuticos.

Fue una experiencia tan enriquecedora como dura, porque, al lado de estos payasos, el arte es mucho más que la expresión del alma, es la recuperación de la sonrisa, el lenguaje del alma, como dijo Neruda.

Alejandro Frias