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La función social de los Centros de Jubilados

Son lugares en donde los adultos mayores pueden otra vez sentirse parte de la comunidad en la que viven. Se mantienen ocupados y activos realizando tareas para ellos mismos o para los demás. Una opcion alternativa para las personas de edad avanzada.

En Twitter @vgarciasotelo

Más allá de ser un ámbito para amenizar la jornada de los adultos mayores, los 350 centros de jubilados que hay en Mendoza con más de 300 personas en cada uno, ayudan a transmitir las actividades que desde el Pami se organizan. Es un lugar en donde los abuelos y abuelas se encuentran para charlar, jugar a las cartas, aprender actividades tales como tejido, costura, pintura, cerámica, artesanías etc. Muchas de las mujeres que allí asisten además enseñan, pero por sobre todas las cosas es un ámbito en donde los adultos mayores se ayudan entre sí.

El crecimiento demográfico de las personas mayores cada vez más necesita de lugares en donde seguir participando en la sociedad, estos centros de jubilados cumplen una función importantísima para tal fin porque los adultos mayores se sienten más cerca de la comunidad, conoce o aprende sus derechos sociales también y elabora un proyecto de vida saludable más allá de su familia.

Convocadas por MDZ, Judith, Irma y Rosa visitaron nuestro diario un día de mucho frío. Las tres muy amigas, verborrágicas y dinámicas, con ganas de hacer muchas cosas nos contaron su experiencia al pertenecer a un Centro de Jubilados, en este caso el Aoma ubicado en calle Echeverría de  Las Heras.

Todas realizan alguna actividad, unas se dedican al tejido, otras a la pintura, hacen yoga, bailan folclore, hacen reciclado de artículos de descartes tales como latitas de atún con las cuales fabrican alfileteros o pastillas usadas para los mosquitos con las cuales fabrican muebles en miniatura.



Judith Accardi tiene 65 años, cuatro hijos y cinco nietos que tienen entre 5 a diez años. Durante gran parte de su vida la dedicó a la venta de distintos tipos de productos, hoy participa del centro de jubilados y siente que realmente ha lograo establecer nuevos vínculos sociales. Ha sido un ámbito en donde ha podido conocer nueva gente y ayudar a quienes lo necesitan. Hace poco sufrió la partida de una de sus hijas y su estado de ánimo se desplomó, pero como ella misma dice, “gracias a que ellas (por sus compañeras) que me apuntalaron, pude salir y tratar de conformarme”.



Rosa Ávila tiene 62 años, tiene dos hijos y cuatro nietos de entre 15 y 22 años, en todo momento esta mujer valoró mucho su familia, su esposo e hijos y manifestó su placer de estar unida a este grupo para participar de distintas actividades. “Cuando una está bajoneada entre todos tratamos de reanimarla, dice Rosa, la invitamos participar de actividades o charlamos hasta que se sienta bien”.



Irma Castro tiene 71 años, un hijo y dos nietitos de 5 y 9 años, esta mujer, tan dinámica como las otras, sostuvo una y otra vez que su deseo en todo momento era ayudar a quien lo necesite. "Mientras tenga salud y mis piernitas me lleven de un lado a otro, quiero ayudar".



La experiencia de estas tres mujeres quizás no sea el caso de la mayoría de los adultos mayores, quienes a veces no tienen cómo desplazarse para llegar estos lugares o están recluídos en habitaciones.