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Orgasmo mental

Es una práctica peligrosa: no es el sexo el único capaz de consagrar un amor. Y un hecho no consumado también puede doler.
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Debo decir que muchas de nosotras nos hemos convertido en toda una inspiración para este tipo de fenómeno. Musas perfectas de hombres que sólo quieren recibir una caricia intelectual, un encuentro inteligente, un intercambio de ideas que provoque el estado perfecto para un verdadero orgasmo en estéreo entre los hemisferios derecho e izquierdo.

Dando por hecho que la mente es la última frontera del placer femenino, los hombres parecerían estar dispuestos (más que nunca últimamente) a estimularnos justo ahí.

El orgasmo mental es el nuevo puerto de placer para quienes ya tuvieron demasiado de los otros y buscan algo que los conmueva, que los exalte nuevamente para sentirse en la cumbre del éxtasis.

Se esfuerzan ahora, por demostrar que esa cosa llamada materia gris puede tener mil argumentos para todo. Ellos han dejado las formas y van por el contenido. Aprendiendo las palabras precisas, las citas perfectas y apuntando estratégicamente a nuestro centro de placer por excelencia, la cabeza.

Nosotras que deberíamos aceptar que ya no somos dueñas del sí, nos dejamos estimular creyendo que, sin caer en la tentación, estaremos eximidas del sufrimiento. Convencidas de que es nuestro ese lenguaje y es nuestra esa estrategia. Nos entregamos a buscar las mejores respuestas y el comentario más atinado.

Tan preocupadas por no ser objetos sexuales nos volvemos un objeto más vulnerable: el teórico de hombres que sólo quieren mostrarnos su inteligencia para su propio e increíble orgasmo mental.

Y será que a cierta edad corremos el riesgo de intelectualizar todo, y lo hacemos aún con el erotismo. Porque sabemos que nada apaga mejor el dolor de perder juventud que ganar conocimiento. Debe ser una de las pocas cosas que nos quedan para disimular las marcas del tiempo, los piropos inteligentes.

Será también por eso que cada vez más lectores se interesan en seducir mi cabeza en vez de mi cuerpo. Yo que sólo buscaba amantes, me encuentro con toda una fila de hombres que sólo me proponen ser mis co-autores. Que se presentan con poemas y frases inteligentes para decir cosas tan complejas como genéricas, tan apasionadas como descomprometidas, que sólo buscan la recompensa onanista de la devolución inmediata digital.

Claro que a mí y a todas nos gusta tooodo ese spa para nuestro cerebro, sobre todo después de años de no haber recibido más que un... - ¿qué hay de comer?

Pero déjenme advertirles que es una práctica peligrosa, que no es el sexo el único capaz de consagrar un amor y que un hecho no consumado también puede doler.

Tal vez no tengamos que huir de ellos, sólo estar alertas a quienes los provocan sabiendo lo que causan de quienes sólo persiguen ver su gran ego erecto.

No olvidemos que las mujeres seguiremos persiguiendo al amor. Al de nuestros maridos, al de nuestro amante y aún a ése, al amor de nuestras vidas, aunque sea aquel que hayamos perdido.



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