Ateos famosos que se convirtieron al catolicismo
Mark Henninger, sacerdote jesuita, acompañó al director de cine Alfred Hitchcock en los últimos momentos de su vida. En un artículo publicado en The Wall Street Journal y recogido por Aciprensa, el sacerdote recuerda que una tarde de 1980 fue invitado por su amigo el padre Tom Sullivan a visitar a Hitchcock en su casa de Bel Air.
El director, que había sido educado en el catolicismo y que estudió en una colegio salesiano la Primaria y en uno de jesuitas la Secundaria, estuvo una parte de su vida alejado de la Iglesia y de las prácticas católicas. Pero sufrió una reconversión, y el padre Henninger recuerda que aquel primer día que le conoció celebraron una misa en su casa y que Hitchcock contestaba en latín, "a la antigua usanza".
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Alfred Hitchcock y su genio. Sólo rodó una película de temática religiosa: Yo confieso.
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Buscando a Dios antes de morir
Pero Hitchcock no ha sido el único personaje de Hollywood que retornó a su fe católica en los últimos tiempos de su vida. En 1959, y sólo tres años antes de morir, un Gary Cooper ya mito de Hollywood recibe el bautismo después de un profundo proceso de conversión.
John Wayne tuvo un largo proceso de acercamiento a la Iglesia católica. De la mano de su primera mujer, Josefina Sáez, vivió de cerca el catolicismo, ya que ella era devota y comprometida. Tras el divorcio, Josefina no volvió a casarse y siempre rezó por su conversión.
La estrecha amistad que le unió siempre al arzobispo de Panamá monseñor Tomás Clavel fue el empujón definitivo para que Wayne recibiera el bautismo. Después de esto, siempre mostró su pesar por no haber abrazado antes el catolicismo.
Un ejemplo más reciente de reconversión al catolicismo fue el del actor mexicano Eduardo Verástegui quien, años después de una vida disoluta en el mundo de Hollywood, sufrió una profunda conversión de la mano de una profesora de inglés que tuvo para una de sus películas. Desde entonces, Verástegui no duda en proclamar su fe y se ha convertido, además, en uno de los más firmes defensores de la vida. Prueba de ello es la película Bella.
O el caso de Gerard Depardieu que en el año 2000, con motivo del Jubileo, mantuvo un encuentro con el Papa Juan Pablo II y éste le recomendó leer las Confesiones de San Agustín, un libro que asegura le enganchó.
Pero no sólo ha habido conversos famosos en el mundo del cine. También en el de la política, como el caso del exprimer ministro británico Tony Blair, casado con una mujer católica y que se convirtió en 2007. O el de Svetlana Stalin, la hija del dictador, nacida atea en un hogar ateo pero con unos abuelos profundamente religiosos.
Famosas son también las conversiones de los grandes escritores y pensadores G.K. Chesterton (que pasó del agnosticismo al anglicanismo y de ahí al catolicismo, El hombre eterno), J.R.R. Tolkien (El Señor de los Anillos) y su íntimo amigo C.S. Lewis (Las Crónicas de Narnia, Mero Cristianismo, El problema del dolor).
Oscar Wilde acabó, después de una vida llena de escándalos y desatinos, convirtiéndose al catolicismo en el lecho de muerte. Wilde se había trasladado a París en 1898 tras la muerte de su esposa. Allí, y viviendo bajo un nombre falso, comenzó su acercamietno a la iglesia. Ya moribundo, en 1900, pidió el bautismo.
El mundo de los santos también ha dejado importantes conversiones. Así, el cardenal Newman, beatificado por el Papa en 2010, fue un sacerdote anglicano; y Santa Teresa Benedicta de la Cruz, muerta durante la II Guerra Mundial, nació como Edith Stein en el seno de una familia judía.