¿Quiénes cambiaron la Historia?
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Simon Sebag Montefiore, uno de los más eminentes historiadores británicos, nos presenta las vidas de los gigantes que, para bien o para mal, han hecho nuestro mundo, en un reparto que va de conquistadores, poetas, reyes, emperatrices y prostitutas a psicópatas, compositores y exploradores; figuras como Tamerlán, el señor de la guerra mongol que, en el siglo XIV ordenó la construcción de una pirámide de 70.000 cráneos humanos, u Oskar Schindler, el hombre cuyo desinteresado heroísmo salvó a más de mil judíos de la muerte a manos de la los nazis.
Titanes de la Historia, publicado por Crítica, es enciclopédico y biográfico con textos breves que brindan la posibilidad de degustar lo más granado de la Historia. No a partir de acontecimientos, sino de aquellos "seres individuales que han cambiado, de un modo u otro, el curso de los acontecimientos del mundo". Así se expresa el autor en el conciso prólogo para justificar que en un mismo volumen haya reyes, soldados, políticos y artistas.
A esta premisa consignada se adecúan muchos de estos personajes: los reyes, emperadores, guerreros y conquistadores, pues desde la geopolítica cambiaron literalmente el planeta y el destino de civilizaciones enteras: antes de Jesucristo, por ejemplo, Ciro el Grande, rey de Persia, Alejandro Magno, que «dilató los límites de lo posible», Qin Shi Huangdi, creador del primer imperio chino unificado, el general Aníbal o «el aventurero sexual» Julio César; y en nuestra era, Calígula, Nerón o Cómodo dentro del Imperio romano, Atila el Huno, Carlomagno o Basilio II, emperador de Bizancio, «a medio camino entre el héroe y el monstruo».
Las monarquías tienen una presencia capital, sobre todo las inglesas, así como las personalidades francesas del periodo ilustrado. Hay unos pocos científicos: Galileo, Newton, Darwin, Pasteur y Einstein; filósofos antiguos como Platón, Aristóteles o Cicerón; mujeres carismáticas como Cleopatra, Juana de Arco o San Suu Kyi; fundadores de religiones y papas; viajeros y navegantes, psicópatas y asesinos, prostitutas con ansias de poder y el clásico caudal de dictadores.
Montefiore acoge a unos cuantos artistas que, por muy importantes que sean, no cambiaron el mundo. Con excepciones, claro está, pues en efecto Shakespeare, Tolstói y Dickens influyeron en la sociedad y en el modo de entender la cultura. Por eso resulta escandalosa la ausencia de Dante, Cervantes y Montaigne, y sobran literatos. No encontrarán a Bach, pero sí a Elvis; a Toulouse-Lautrec y Picasso y a ningún otro pintor más.
Fuente: larazon.es

