¿Cuándo usar "cuando"?
¡Qué riqueza encierran algunos términos de uso cotidiano! Concretamente, hoy abordaremos el uso de ‘cuando’ en nuestro hablar diario. El primer uso y el más frecuente es aquel en que tiene valor de conjunción temporal, con el significado de “en una determinada ocasión”: Cuando sonríe, la vida parece sonreír. En este sentido, a veces, puede aparecer sin un verbo al lado, pero conserva el mismo valor: Ella, cuando niña, perdió a sus padres.
Otras veces da idea de causalidad, pues posee el valor de “puesto que”: Cuando él lo afirma, verdad debe ser.
También puede construirse con valor de condición y, en ese caso, significa “si”: Cuando no te da el resultado, ¿por qué no probar de otro modo?
Si es un adverbio, ya interrogativo, ya exclamativo, con el valor de “en qué tiempo”, se tildará: Ignoro cuándo regresará. ¡Cuándo aprenderá a cumplir!
También se escribirá con tilde, para marcar un sentido distributivo y con el significado de “unas veces y otras veces”: Siempre lo está retando, cuándo sin motivo, cuándo con razón.
Es interesante ver cómo este término forma diferentes frases, con valores varios. Por ejemplo, ‘cuando más’, para indicar “a lo sumo” y ‘cuando menos’, para significar “al menos”: Había en el lugar muy poca gente, cuando más (a lo sumo) una veintena de personas. Podría, cuando menos, (al menos) haber dado una pequeña limosna.
Y si usamos la expresión ‘cuando no’, queremos decir “de otra suerte, en caso contrario”: Estaba siempre apurado, cuando no de mal humor.
Hay una expresión que no se usa del mismo modo en todos los países de habla española: se trata de la frase ‘de vez en cuando’; hay lugares de América en donde se invierte el orden de los elementos que la integran y se escucha ‘de cuando en vez’; lo cierto es que, en ambos casos, el valor es “algunas veces, de tiempo en tiempo”: Con este asunto de la dieta hipocalórica, solamente de vez en cuando come algo sabroso.
Finalmente, una lectora me ha pedido que aclare el significado de la expresión bastante usada “ser lego en la materia”. Siempre me agrada recurrir a la etimología de los términos, porque ello puede ser muy clarificador en cuanto a su uso: el adjetivo ‘lego’ tiene raigambre clásica, pues ya aparecía en el griego laicós y en el latín laicus, en ambos casos con el valor de “popular”; si miramos en el Diccionario de la Real Academia ‘laico’ registra una segunda acepción como “falto de letras o de noticias”, lo cual indica “falto de preparación profesional”. En este sentido, contraponemos el sentido de ‘lego’ al de ‘formado profesionalmente’. Aquí se explica la expresión motivo de la consulta: la sabiduría empírica se inscribe, entonces, en un saber lego, apoyada en la experiencia, pero no en la erudición: La mujer pudo curar al pequeño, a pesar de ser lega en la materia.
La nota curiosa es que aquellos adjetivos griego y latino del mundo antiguo dieron dos resultados: uno evolucionado, el adjetivo ‘lego’, con el valor que vimos y también con el que se atribuye al que no ha profesado ni tiene órdenes clericales: Un lego era el encargado de dirigir los cánticos y las plegarias de los feligreses; el otro término, sin evolucionar fonética ni gráficamente, totalmente fiel al origen grecolatino, es ‘laico’, que comparte ese sentido de no tener órdenes de clérigo, pero que además añade el sentido de “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”. Es en este último sentido que se habla de “enseñanza laica”. Vigencia permanente, como apreciará el lector, de los términos de raigambre clásica.
* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.


