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En debate: todos hablamos de Candela, ¿alguien piensa en Candela?

Todos estamos desesperados por la ausencia de Candela. ¿Pero le corresponde a la sociedad descubrir dónde está? ¿Tenemos un Estado tan débil que es incapaz de desentrañar cuestiones que están bajo la órbita de sus organismos de justicia y seguridad? Un freno en la carrera por encontrarla para preguntarnos qué hay en el fondo de este y de decenas de casos similares.
Decenas de chicos permanecen desaparecidos y el Estado no desarticula a los apropiadores.
Decenas de chicos permanecen desaparecidos y el Estado no desarticula a los apropiadores.
La organización Missing Children tiene registrada la desaparición de más de 200 chicos en el país, pero es incalculable la cifra de aquellos que no están junto a sus familias y cuya ausencia no ha sido informada por una u otra razón.

A los casos de secuestro o robo deben sumárseles otros que adquieren menor divulgación en la prensa pero que suceden en la vida cotidiana por factores culturales o criminales, como son  venta, traspaso, delegación y apropiación de hijos de unas familias a otras, sin trámite público previo, sin escándalo mediante.

Hoy estamos conmovidos por la ausencia de Candela. El bombardeo mediático es intenso y el objetivo de esa superexposición del caso, loable: hay que provocar su aparición, lo antes posible. A la desesperación de su madre le sumamos nuestras propias ansiedades, y lo han hecho ya personajes de la televisión y organizaciones de prestigio, como la Red Solidaria, que lucha por la aparición de Candela, pero también de decenas de personas de cualquier edad que no están en sus hogares.

El asunto es ahora poner freno de mano en esta carrera y pensar en ella: ¿qué será de la vida de Candela no sólo ahora, sino cuando aparezca, con su rostro inundando ya todos los hogares del país, con su intimidad bajo discusión frente a cada televisor?

A partir de aquí hay que permitirse analizar el rol que estamos cumpliendo todos en esta búsqueda. Para ello, son buenas las preguntas que provocan la reflexión y el debate.

¿Es un asunto de los medios encontrar a Candela? Si hay un delito o una red delictual detrás del caso, ¿no debería un organismo público de seguridad actuar con eficacia y quitar del medio todo el “ruido” que provoca la ansiedad por ser parte de esta historia?

Todo el mundo tiene algo para decir sobre la niña, su madre, su padre, sus amistades, su entorno, su Facebook… Mientras tanto, el hecho aparece como parte de los problemas irresueltos por el Estado y que, por lo tanto, este le tira encima a la sociedad para que los resuelva como pueda.

Si se trata de una red de trata de personas, ¿no tiene el Estado el poder suficiente para encontrarla y desactivarla? Y si no lo tiene el Estado, ¿quién y por qué?

Todos sospechamos que detrás de este tipo de delitos hay complicidades mayúsculas, y no es, precisamente, porque la sociedad lo acepte y permita, sino porque quienes tienen en sus manos la responsabilidad de actuar contra el proxenetismo, la venta de personas y el tráfico de niños no lo hacen efectivamente o bien, actúan de una manera tal que dan la sensación de hacerlo en cuotas, casi regulando “el mercado”.

¿Es necesario que salgamos todos a gritar con fuerza el nombre de Candela para que aparezcan ella y todos los otros niños que sus padres buscan con desesperación?

Si así es, si no queda otra posibilidad, es porque estamos en problemas. Y de lo que los medios deberíamos estar hablando es de las políticas de fondo contra los delitos que rodean al caso, sobre la actuación de las fuerzas de seguridad y el rol de los estamentos judiciales. No tanto de Candela.