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La mitad de nuestra comida termina en la basura

Lo asegura un informe realizado y publicado en un libro, en donde además se analizan los hábitos de compra de los consumidores y si verdaderamente todo lo que cargamos en el carrito del supermercado es necesario para nuestra vida cotidiana. Entrá votá en la encuesta y opiná en la nota o dejá tu postura en nuestro muro de Facebook.
Toneladas de alimentos terminan en la basura.
Toneladas de alimentos terminan en la basura.

Tristram Stuart es el autor del libro "Despilfarro: el escándalo global de la comida",  descrobr exactamente cómo la mitad de nuestra comida termina en la basura, las cifras alcanzan a una envergadura realmente importante, asegura el sitio Sentidoscomunes.cl. Europa y EEUU se abastecen del doble de alimentos que serían necesarios para cubrir generosamente las necesidades de sus poblaciones. Y si consideramos la alimentación de los animalitos que engullimos, esta cifra asciende al triple, lo que significa que una parte muy considerable de estos alimentos terminará siendo desechada antes de que nadie se los coma. En concreto, el autor calcula que despilfarramos casi la mitad de lo que consumimos.

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Las causas de este despilfarro son incomprensibles, según el autor, desde los malos hábitos del consumidor hasta las prácticas irresponsables de los comercializadores, pasando por las normativas públicas muy discutibles.

Algunos ejemplos:
-Las ofertas de yogures 2x1, hace que compremos más de lo que realmente necesitamos.
-Una compañía exige a sus proveedores tirar cuatro rebajadas de cada pan de molde para evitar los bordes.
-En Japón los cerdos se alimentan con los desechos de los alimentos humanos, en Europa no está permitido.

Y los ejemplos podrían continuar.


En el caso de los países pobres, donde se concentran los cerca de mil millones de personas que hoy pasan hambre, el desperdicio de alimentos está entre el 30 y el 40 por ciento de todo lo que se produce. A diferencia del mundo desarrollado, en este caso buena parte del problema está en la ausencia de infraestructuras básicas para conservar los alimentos. Mozambique, por ejemplo, pierde cada año más de un tercio de sus cosechas por la escasez de graneros que las protejan de las lluvias o de los insectos.

Las consecuencias de esta insensatez son algo más que morales. De acuerdo con los datos del libro, la presión sobre la tierra cultivable contribuye de manera determinante al exceso de emisiones de CO2. De hecho, si plantásemos árboles en la tierra dedicada actualmente a la producción desechada, podríamos compensar la totalidad de los gases de efecto invernadero provocados por el hombre. 

 

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