Presenta:

Tirado al piso

Y me acosté llorando, con la luz apagada y un cigarro. Me quedé más de dos horas ahí, en la oscuridad, pensando, sollozando, masticando y tragando. No llegué a ninguna conclusión. Pero a ninguna.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Tengo 43, y anoche el equipo de mi barrio perdió. Siento que estoy medio jovato, medio baqueteado, medio tristón, así, con 43, y solo. Tuve familia y plantas y árboles. Tuve auto y bici, una ventana grande para mirar las puestas de sol, muchos perros que murieron (uno envenenado, otros aplastados por autos y micros) gatos a patadas, pollitos, patitos que crié en una lagunita, bah, en un estanque que hice, muy lindo. Allí los crié a los patitos. Me los devoró un perro muerto de hambre que paraba en una casa semiabandonada.

También gallinas que me daban 13 huevos por semana. Y un gallo hermoso que se daba dique entre la fauna. Tuve: una infancia feliz y una triste, es decir, dos infancias. Además amigos, muchos, con los que jugábamos de día y de noche a la pelota. Tuve padres, tuve tíos, tuve abuelos. Más tarde novias de esas que nunca besas. Más tarde novias de esas que sólo besas. Tuve amantes y tuve esposa. Tuve suegras y domingos de pastas en familia.

Tuve todo eso y muchas cosas más. También tuve noches, muchas, donde iba a recitales de rock y vivía a destajo. Probé, consumí, abusé, viví. También me embarqué en la política, desde jovencito, en los primeros años de la democracia y participé en los centros de estudiantes y tomábamos el colegio y leí al Che Guevara y a Perón. Después leí a Borges. Cuando el prejuicio se disipó. Y me encantó Borges.

Y una vez, en Madrid, vendiendo pañoletas italianas para las viejas frente al Corte Inglés, de trampa, gané un montón de plata una tarde. Y me crucé al Corte Inglés y me compré las Obras Completas de Borges. Y me las devoré tomando cerveza helada.

Por eso, digo, también tuve amantes y novias. Y en una de esas enamoradas violentas me fui a Europa con una mujer del país de los tulipanes. Viví  en Ámsterdam, en Herleen, en Madrid, y al final, en el Cairo.

Tengo 43, y les recuerdo que anoche, el equipo de mi barrio, perdió 2 a 0. Ya me pegan más fuerte esas cosas. Lo entiendo, lo comprendo, pero sentimentalmente me pegan más fuerte muchísimas cosas. Y me acosté llorando, con la luz apagada y un cigarro. Me quedé más de dos horas ahí, en la oscuridad, pensando, sollozando, masticando y tragando. No llegué a ninguna conclusión. Pero a ninguna. Solo comprendí que perdió el equipo de mi barrio y que yo también he perdido muchas cosas. Entonces perdidamente acostado me puse la almohada en la nuca, -yo boca abajo- y abracé el colchón tirado al piso de mi departamento. Y me dispuse a pensar en todo lo que ahora tengo y todavía no he perdido. Y creo que me dormí, porque me la pasé toda la noche soñando.