Presenta:

Con más periodismo, con menos hipocresía

Materias pendientes, dudas y sentimientos encontrados en el Día del Periodista. Del periodismo profesional al militante, de ida y sin vueltas. Reflexión y autocrítica.
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Nos equivocamos. Sufrimos. Exageramos. Nos enviciamos. Creímos. Nos la creímos. Salvamos. Entregamos. Hundimos. Descubrimos. Publicamos. Nos publican. Ocultamos. Nos ocultan. Buscamos. Languidecimos. Alegramos. Enterramos. Despertamos. Cavamos. Dormimos. Esperamos. Acertamos. Trenzamos. Cedemos. Ganamos. Informamos. Desinformamos. Servimos. Abdicamos.

¿Qué somos hoy los periodistas en la Argentina?

Pocas épocas fueron tan propicias como ésta para escudriñar la profesión. Nunca antes los periodistas estuvimos tan a la vista. Las tecnologías, las redes sociales, la invasión multimediática terminó por destrozar la torre de cristal en la que nos refugiamos durante décadas. Y arrojó a la intemperie todo aquello que hubiésemos preferido no mostrar.

Hoy, la gente sabe. Nos estudia, nos descubre, nos denuncia, nos exige, nos cuestiona, nos desnuda. Nos aplaude y nos insulta. Y eso está bien. Sirve para mejorar.

No es ninguna originalidad citar a Rodolfo Walsh o incluso a Verbitsky para afirmar que periodismo es decir lo que alguien no quiere que se diga, y que lo demás es propaganda. Lo revolucionario es cumplirlo en el tiempo. Hoy es difícil, porque la profesión misma atraviesa una crisis con la que ha colaborado. Seamos justos. ¿Cuántos medios se pueden leer con la seguridad de que serán honestos en el manejo de la información? ¿Cuántas plumas, cuántas voces han estado y están al servicio de fines que poco tienen que ver con la misión de informar? ¿Cuántos periodistas hay enrolados en ejércitos de propósitos inconfesables?

Además, tenemos materias pendientes. Sobre todo en el interior del país, donde el poder mediático ha estado durante dos siglos asociado a la política y a los negocios. El camino a la excelencia periodística es mucho más arduo cuando se parte desde los feudos. Así, aún nos falta lectura, aprendizaje, apertura, entusiasmo, formación, compromiso, comprensión, e incluso vocación; de la misma manera que nos faltó plantarnos frente al poder o ante las empresas editoras cuando se violaron los principios básicos del periodismo, cuando la información se subordinó a la billetera o a una línea partidaria. Todavía pasa, no se sorprendan.

Si de algo sirvió la pelea descarnada entre el gobierno y los grandes medios, es que muchas caretas cayeron al piso. Y aparecieron los alineamientos, las injusticias, las mentiras, las exageraciones, de uno y otro lado. Grandes profesionales del periodismo quedaron envueltos en esa lógica de mierda propuesta por el poder, que nos ha terminado perjudicando a todos. Como consecuencia de aquella pelea, todos somos un poco menos creíbles. Algunos por cercanía, otros por ósmosis, o por confrontración, muchos por elección... Y unos más, por dinero. Por herencia de aquel enfrentamiento, nadie se asombrará cuando linchen a un periodista, y tal vez muchos se alegren por ello.

No estuvo muy difundido, pero en la crisis del 2001 hubo colegas que no podían ingresar a un sitio público sin recibir su buena dosis de repudio. Puteadas viscerales y que se vayan todos. Que no quede ni uno solo.

Los medios del mundo atraviesan fuertes crisis de credibilidad. La gente cree menos en el periodismo y apuesta a ser su propio corresponsal a través de la tecnología. Eso es porque llevamos demasiado tiempo dormidos, con el foco en otro lado. Y porque el público -que no es estúpido- lee entre líneas, cuando no en los títulares, la convivencia con el poder y la defensa de los intereses que no son los de ellos.

Jill Abramson (57) dedicó su vida a perfeccionarse en el periodismo de investigación, uno de los más difíciles y comprometidos. Acaba de ser designada directora de The New York Times. Su Editor Ejecutivo, algo así como el jefe operativo de la redacción, será Dean Baquet, un periodista que hace cuatro años fue despedido de Los Angeles Times por rehusarse a un severo ajuste en la redacción. Son señales interesantes del diario más importante del mundo.

La crisis del periodismo no es cíclica. Más bien parece un espiral, que se va acelerando a medida que los periodistas cedemos principios. Por eso creo profundamente en los medios que apuestan a informar, a decir lo que creen es la verdad, a investigar, a descorrer la mano que pretende ocultar la luz del sol, y a respetar y proteger a sus periodistas. No son muchos. La mayoría va de la tibieza a la mediocridad, del interés a los negocios, del simular y llenar páginas para decir exactamente nada. Medios hechos –también- por periodistas.

Esta crisis de confianza, de credibilidad, de valores, se resuelve con más profesionalismo, con más rigor en la información, con más estudio, con más preparación, con más seriedad, con más dignidad, con la valoración íntima de lo que hacemos, con orgullo, con huevos, con más periodismo, en definitiva.

Lo otro, lo obvio, nos lleva a la banquina. Hagamos dedo, alguien nos va a llevar.

Final. Como dijo apenas empezado este 7 de Junio el periodista Lalo Zanoni (@zanoni en Twitter), “Feliz día del periodista para los que aman la profesión y la ejercen con pasión y respeto. A los demás, los saludo el día del militante”. Tomo aquel deseo tal cual, y lo dejo para ustedes.

Salud.



(*) Ricardo Montacuto. Periodista. Ex director de MDZ Online. Ex secretario general de redacción de Los Andes.