Un empresario mendocino fue secuestrado en México y vive para contarlo
Dos mendocinos y un brasileño, empresarios dedicados al comercio exterior, celebran este 20 de junio “un mes de vida”.

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“Pensé que sí o sí uno de los tres, si no los tres, moriríamos. Pensé también en hacerle algo a quien nos conducía secuestrados, pero indudablemente hacerlo hubiera originado la muerte de alguien más. Fue el último día de mi vida y, al ser recuperados, comencé una nueva vida, sin dudas”, le cuenta Bonil en exclusiva a MDZ.
Así fue el caso:
Habían alquilado un automóvil en Zacatecas para dirigirse hacia San Luis Potosí. Pararon a echar combustible. Cuando fueron abordados por dos personas, uno más joven que el otro y secuestrados. El automóvil alquilado era conducido por un pibe de 21 años. Detrás, los perseguía en otro vehículo una persona mayor, pertrechada como pocos.
“Era como si todo nos hubiera pasado aquí en la ruta 40, a la altura de la Cruz Negra. En una ruta de doble vía, había una zanja al medio. No nos robaron nada en principio. Llevábamos dinero. Pero más aun en cheques y valores de las operaciones que estábamos por concretar”, relató Bonil.
El joven de 21 años que la policía mexicana mencionó identificó luego como Rey Agustín Torres Mejía “estaba totalmente tatuado” y “como fuera de sí, dispuesto a todo”.
Iniciaron la recorrida hasta que tres camionetas de la policía se percataron de una situación extraña y bloquearon uno de los carriles de la autopista federal 49. Uno de los vehículos, el que transportaba a los secuestrados, hizo una “u” y empezó a transitar a alta velocidad en contramano, “como en las películas”. Según recuerda Bonil en su relato a MDZ.
El otro, intentó cruzar la zanja central y, debido a la velocidad, el auto quedó estancado y destruido por lo que su conductor –cómplice del joven secuestrador- fue atrapado.
La persecución incluyó un tiroteo que los diarios mexicanos no dudaron en calificar como “una histórica balacera con tres sudamericanos secuestrados”.
Al ser interceptados por la policía no todo fue mejor. Las autoridades mexicanas “no tenían por qué creernos que éramos las víctimas, así que corrí hasta que me di cuenta que podían dispararme. Me tiré al suelo, en medio de la ruta. Trasladados en una camioneta policial, pensaron que los socios, cómplices o como se les llame de los secuestradores venían a recuperarnos a nosotros o al pibe. “Allá vienen esos pinches cabrones”, dijeron y cargaron sus armas, listas para disparar.
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De nuevo se armó una persecución a toda velocidad en la que 15 ametralladoras me apuntaban y el estado de nerviosismo de los policías, totalmente encapuchados y camuflados, era total”.
Una vez en la comisaría, se descubrió que quien los perseguía era el propio jefe de la Policía en una camioneta blindada y camuflada, sin identificación.
Bonil y sus dos socios fueron liberados y las autoridades mexicanas les pusieron custodia y un vehículo blindado a disposición para moverse en los días que les quedaban. Pero allí no habían terminado las malas noticias para Bonil. Tuvo que regresar de inmediato a Mendoza por la peor de las noticias: el fallecimiento de su madre.
“Hace un mes nací de nuevo”, nos contó, con el dolor de lo vivido todavía a flor de piel.
Edición de video: Santiago Montiveros


