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¿Un destino o una maldición?

El joven mendocino, participante en Israel de una experiencia educativa en pos de la paz internacional, hace un repaso de la historia política nacional y reflexiona, según su visión personal, sobre las causas que llevaron a nuestra Argentina a "estar como estamos".

Con solo estudiar los últimos 50 años de nuestra historia es fácil deducir el resto de ésta.

El pueblo argentino está acostumbrado a caer siempre tropezando con la misma piedra. Una y otra vez, siempre divididos en dos bandos: unitarios y federales, peronistas y antiperonistas, personalistas y anti personalistas, menemistas y anti menemistas, y la lista puede continuar a lo largo de nuestros “200” años de libertad.

Hemos sido un pueblo que se acostumbro a vivir en crisis. Vargas Llosa dijo que somos el único país de Latinoamérica que llegó alguna vez a pertenecer al primer mundo; y esto me lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué paso con el dinero?

Si éramos el granero del mundo… ¿Cómo pudo ser que el país cayera de esa forma?

La respuesta puede comenzar a vislumbrarse desde principios del siglo pasado, cuando según diversas fuentes la República Argentina se perfilaba como una posible superpotencia siguiendo los pasos de EEUU (si, menciono a ese país, aunque al parecer para muchos nombrarlo es un insulto).

En ese entonces nuestra Nación se encontraba por encima de Canadá (así es: por encima de un país que actualmente se encuentra octavo en el ranking de IDH -índice de desarrollo humano-).

Después de los devastadores golpes de los años ’30 y la gran crisis de Wall Street, Argentina pudo ver un futuro un poco más brillante ayudado por la post guerra europea. La reserva de oro de emergencia que se había logrado recaudar tenía un tamaño exorbitante, la segunda a nivel mundial, nuevamente detrás de aquel país al cual le copiamos parte de nuestra constitución.

¿Qué es lo que paso con ese oro?

La respuesta es fácil:  un presidente dijo que ese oro lo encandilaba. Que debía desaparecer de las arcas de la Nación y por eso decidió regalar casas con piso de parquet. Una vivienda digna es un derecho constitucional pero la madera utilizada en el piso fue arrancada por los que recibieron las casas y utilizada como leña para el asado. Todo el dinero utilizado para ese piso lujoso fue quemado literalmente.

Otras cosas en las que fue malgastado el dinero fue en la compra de los ferrocarriles, ya que la concesión terminaba al siguiente mes: un disparate, plata total y completamente mal gastada. A esto hay que agregarle los generosos regalos que daba su esposa al pueblo o como les decía, a “sus cabecitas negras”.

No nos podemos olvidar  de los “generosos” gobiernos militares, que venían a estabilizar y ordenar nuestro país. ¿Qué clase de orden se puede crear haciendo desaparecer a 8960 personas (según el numero oficial emitido por la CONADEP)? Ellos fueron los que organizaron un mundial para entretener a la gente mientras torturaban a otros e hicieron que la deuda externa aumentara en niveles insospechados, siempre ocultos para el pueblo.

No podemos dejar de nombrar al “magnifico” plan austral, que sufriría una inflación del 10.000%. El dólar empezó valiendo 60 centavos de austral y termino cerca de los 10.000 australes.

Todos piensan que la inflación de ahora es grande, pero en esa época las cosas tenían un precio a la mañana y otro por la tarde. Básicamente en eso se fue nuestro oro.

Ya la situación era triste, pero el país no iba a dejar de caer. Llegó la privatización de toda la industria nacional: esto se hizo de una forma desastrosa y sin controles. Luego se estatizaría y se tomaría la deuda de las empresas en quiebra. ¿A quién se le ocurre mantener una empresa que genera un déficit de diez millones de pesos diarios y que tiene más del doble de empleados de los que necesita realmente?

Con este panorama se llegó al 2001... y a pesar de todo lo antes explicado, mucha gente se sorprendió por la estrepitosa caída del país. El dinero dulce se había acabado. Llegó el corralito, para salvar a las entidades financieras que veían un oscuro futuro -así como en Estados Unidos luego de la crisis del 2008-.

Como el país no podía caer más bajo,  lo único que nos quedaba era subir.

El PBI de la Argentina está mucho mejor. Los ricos son más ricos y los pobres mejoraron gracias a los planes trabajar, al plan vivienda digna, jefes y jefas de hogar, las netbooks y la televisión digital.

Pero no todos están bien. Se han olvidado de la clase media, cada vez más afectada por las medidas que favorecen a los de arriba y a los de abajo. No estoy diciendo que esté mal lo que les dan, pero debería tener un control, ya que el plan trabajar no les exige o no tiene el control suficiente para ver si de verdad trabajan. El aumento del que tanto se habla del PBI se da porque la clase social alta cada vez está mejor: son como los empresarios de los países del primer mundo.

Ahora que es tiempo de elecciones y renovación de autoridades, espero que recapacitemos sobre las cosas que nos han pasado y no olvidemos todo solo por “un chori y una coca”, no nos dejemos influenciar por lo que nos hacen ver.

Me llamo Nicolás Oyonarte, y tengo 18 años. Muchas veces la opinión de los jóvenes no se toma en cuenta por el simple hecho de que como somos más chicos, no tenemos “la experiencia necesaria”. A pesar de eso, esto es lo que pienso.


*Nicolás Oyonarte tiene 18 años. Es estudiante de derecho. Participó hace meses en un debate propulsado por MDZonline sobre sueños, opiniones y proyectos de chicos que comenzaban la universidad.

Como alumno del colegio ICEI fue becado por la ONG United World Colleges (ONG educativa mundial que une a estudiantes de todo el planeta, seleccionados en su propio país sobre la base del mérito y sin considerar su situación económica) y realizó una experiencia educativa en Israel con la meta de fomentar el entendimiento internacional y la paz.