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Elogio del resentimiento

Es el discurso del AMO que gobierna e interpela a toda la sociedad constituyéndonos en esclavos del mensaje o en resentidos si lo cuestionamos y se nos ocurre acicatearlo.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Para muchos lectores-foristas de este medio, la columna “pensamiento salvaje” es una cloaca que expira resentimiento. Por cientos lo han manifestado en innumerables notas de opinión cuando de política y sociedad se trate en ellas. Y debo decirles que les doy la derecha (eso es ideológico ya) porque tienen razón. Soy un verdadero resentido. En el más amplio y complejo sentido del término.

Estoy resentido como muchos lo están desde hace décadas. Ser resentido (en el imaginario) es un agravio para quien es incriminado como tal. Es una especie de insulto. Más aún, según el contexto discursivo puede hasta representar una forma de nominar al lastimoso, rebajándolo a la “naturalidad” de las diferencias sociales no asumidas por el acusado de resentido. Y es cierto, enhorabuena, si no es asumido este mundo como natural.

Podes ser un resentido de mierda, o simplemente un resentido social que no se adapta al status quo dominante que se constituye en una época. Pero todo orden se funda y se defiende. Quienes lo preservan dan por hecho que lo estatuido es normal y no puede ser atacado ni criticado. Es más, es tan flexible el discurso del poder que tiene bastiones o núcleos duros de defensa por un lado (guardianes de la moral y la buenas costumbres) y sectores que juegan a la apertura (políticos y representantes) sin tocar lo puntos nodales del esquema.

Es el discurso del AMO que gobierna e interpela a toda la sociedad constituyéndonos en esclavos del mensaje o en resentidos si lo cuestionamos y se nos ocurre acicatearlo. Las supuestas “malas palabras” son malas para el discurso del amo que no repara en su pasado feroz sobre el cual se impuso a sangre y fuego -“su orden”-, sobre la vejación y las torturas, la discriminación social, el racismo de clase, la expulsión.

El discurso del AMO crea cercos, ideológicos y materiales. Crea escuelas para el poder y barrios cerrados para guardar a los que detentan el poder. Los mueve el miedo a perder sus beneficios, su prestigio, y el esfuerzo de toda una vida sacrificada en beneficio propio y de los que son parte del banquete de iguales.

Siempre, en toda época, hace falta de un discurso exterior al discurso del AMO, que cuestione esas “normalidades”. Porque no están fundadas en la solidaridad social. Por el contrario, se trata de solidaridades de clase, de unos pocos, de minorías. Y eso se defiende a capa y espada, contra todo aquel que cuestione las bases del orden intocable. El sentido del resentimiento pues será transformador toda vez que se articule con otros discursos y prácticas resentidas. Re-sentidas.