Bono estuvo en Mendoza, se escondió todo el día y escapó de sus fans
Paul David Wewson, más conocido por su nombre artístico Bono, estuvo en Mendoza durante gran parte del martes pero escondido de sus fanáticos y de la prensa que durante toda la jornada trató de cruzarlo en alguna bodega en Luján de Cuyo.
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En la finca de Santaolalla los periodistas se prepararon durante buena parte del martes para registrar el paso de Bono por Mendoza.
Sin embargo, las primeras guardias de curiosos y periodistas en ese lugar donde predominan los viñedos de uvas para vinificar arrojaron resultados negativos y el segundo lugar donde se apostó la esperanza para poder ver, aunque sea de lejos, al irlandés que deleitó con tres shows –hasta ahora en Sudarmética- fue la fastuosa bodega Cateza Zapata, también en Luján.
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Un cronista trata de salvar un obstáculo natural para obtener un mejor ángulo para tomar la llegada de Bono que nunca se produjo en la finca de Santaolalla.
En ese segundo lugar vinario, donde se erige una moderna estructura con forma de pirámide, fue esperado con paciencia durante unas cinco horas hasta que una bella señorita –Felicita Oyanart- llegó hasta el búnker improvisado por los periodistas e informó: “Les comento que deben salir de la bodega porque no tenemos confirmación de que el músico de U2 vaya a venir. Sólo tenemos los comentarios que hemos leído en Internet pero nosotros no tenemos ninguna noticia al respecto. Les pedimos que esperen del lado de afuera del portón porque ya están por llegar los dueños para organizar un festejo esta noche para unos periodistas estadounidenses”, dijo la joven.
Hasta ese momento las versiones se habían multiplicado por decenas y algunas indicaban que Bono debía abandonar la provincia antes de las 20 debido que no tenía permiso “su Lear Jet para estar más de esa hora en el aeropuerto”.
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En el aeropuerto Francisco Gabrielli, los fanáticos y la prensa completó una guardia de varias horas para poder ver al músico que se escondió durante todo el día.
El Lear Jet, es el avión –un mini Jet- que trajo al irlandés a la tierra del sol y del buen vino y que cerca de las 22 comenzó a carretear por la pista principal del Francisco Gabrielli con el fin de trasladar al famoso hasta Buenos Aires, antes de su compromiso en Brasil.
Por ello es que las guardias periodísticas en la finca de Santaolalla y de Cateza Zapata, comenzaron de apoco a desarmarse y a comenzar nuevos periplos. Esta vez hacia el aeropuerto provincial, donde desde cerca de las 17 había comenzado a vivir la fiebre por Bono, un Bono que no tuvo tiempo para saludar a los fanáticos que desde unos 500 metros sólo lograron vislumbrar su silueta cuando abordó el mini Jet.
Cerca de las 18, la zona del aeropuerto ya era una verdadera fiesta a lo U2. Algunos fanáticos se habían vestido con remeras y otros atuendos que recordaban otros logros de la mítica banda irlandesa y sonaban en algunos rincones tonadas de la agrupación que ya hizo vibrar a Santiago de Chile y a La Plata.
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Momento en que Bono y sus acompañantes llegaron hasta la pista de la aeroestación y abordaron el micro que los llevó para completar trámites antes del vuelo en el mini Jet.
Antes de las 19, los primeros relevos de algunos medios periodísticos comenzaron a llegar hasta la aeroestación preparándose para lo que podría haber sido una larga espera durante gran parte de la noche y de la madrugada.
Sólo se sabía, aunque no certeramente, que Bono llegaría “en una ban gris” pero nunca se aseguró cuál sería la hora en que haría su ingreso al predio aeronáutico local.
Pasadas las 19:30 una nueva versión ya indicaba que el primer horario indicado como límite para que Bono abandonara con su Jet Mendoza no era preciso. Es que a esa hora la versión era que “el plan de vuelo que debían indicar los pilotos de Bono para abandonar la provincia” lo podían presentar con unos 35 minutos de anticipación.
Por ello es que los casi 100 presentes en el frío aeropuerto mendocino debieron armarse de más paciencia abonada con la esperanza de poder llegar a ver al menos un saludo del cantante.
Cerca de las 21:30 en la entrada del aeropuerto se divisó una camioneta blanca con balizas encendidas y detrás una Toyota gris que marchaban aceleradamente.
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Entonces la pasión nuevamente se encendió y esta vez sí era Bono quien se arrimaba a su tramo final en Mendoza, acompañado por Santaolalla, quien ofició de anfitrión y guía del irlandés.
Pero en vez de encarar la recepción de despedida de cámaras, flashes y fanáticos, las camionetas viraron rápidamente en dirección sur y encararon la parte trasera de los galpones de Edcadasa para ingresar a la pista por un lugar preferencial, no para simples mortales.
Y desde unos quinientos metros el gentío debió adivinar los movimientos del músico y de su pequeña comitiva de acompañamiento que descendieron de los vehículos y abordaron un micro.
Luego que se trasladaron sobre el micro hasta la terminal para realizar trámites de estilo y finalmente que se acercaron hasta el Lear Jet para abandonar Mendoza.
A esa altura los gritos de pasión pasaron al enojo. Hasta se escuchó a un pequeño de cinco años que le gritó ensañado: “bono de sueldo”, ocurrencia que calentó las almas que a esa hora se habían enfriado de tanto esperar sin nada a cambio.





