Vení y cambiemos el mundo con 140 caracteres
Twitter, Facebook y muchas otras herramientas que ofrece Internet, pero que tienen menos prensa, están animando a mucha “otra gente”, digamos, a cambiar el estado de las cosas.
Hasta ahora, ha sido el hartazgo y la opresión (y probablemente, seguirá siendo así por mucho tiempo para determinados sectores) lo que movió a las franjas más humildes y por lo tanto más vulneradas de la población a levantarse contra sus opresores.
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El acceso a herramientas que permiten cambiar las cosas desde una posición de mayor comodidad, ahora, ha incorporado a la lista de los disconformes que se animan a hacer algo, aunque sea mandar un tuit, para revertir injusticias.
Pero hay más: hay otros sectores, todavía más acomodados de la sociedad, aquellos que apuestan todo al statu quo, que también han encontrado en las redes sociales un ámbito de militancia y caridad para ayudar a otras personas y movilizar su conciencia solidaria sin abandonar su posición de confort social.
Así las cosas, ya vemos que las intenciones de cambio han hallado la herramienta propicia para que quienes se animan a gritar que algo está mal griten más fuerte, logren aglutinar a otras voces tras de si y, en definitiva, construir –con los golpes que da siempre el ensayo y error, tanto como las iniciativas fundacionales- una nueva colectividad social.
Una es diferente de la otra y ésta, aun distinta de la tercera opción. Pero lo cierto es que discusión se sienta ahora en quiénes se quedan quietos, cómodamente armando revoluciones detrás de una computadora y quiénes, además de teclear un grito de cambio, se animan a repetirlo a viva voz en una plaza.
El crecimiento geométrico a lo largo del Globo de protestas demuestra que, al menos en cuestiones que encuentran puntos de contacto, como lo es la crisis del mundo árabe, como ejemplo palpable, porciones bien distintas de la población han generado un efecto dominó entre el que teclea desde el confort de su casa hasta el que, enterado de que hay una agitación en marcha por ese medio o por otros, como las siempre presentes radio y TV (muy atentas al fenómeno de las redes sociales), se suma al hecho fáctico de protestar de cuerpo presente.
Yo puedo ser un superhéroe
La solidaridad es una de las instancias del cambio social. Tal vez en un estrato que puede considerarse “menor” por quienes esperan que cambien las condiciones generales del mundo para que nadie necesite de la solidaridad de otro. Pero las urgencias del actual estado de cosas necesitan, indefectiblemente, que la solidaridad sirva de ambulancia de las contradicciones, injusticias y derrotas del sistema.
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Argentinos ayudaron a argentinos desde todas partes del mundo en cosas simples pero fundamentales para que sus vidas cambien. Después se verá si, además, luego de recibir ese empujón de parte de muchos, se animen a trabajar por una realidad distinta a las que les tocó sufrir.
Desde su usuario de Twitter @HambreCero, Carr, por ejemplo, pide ladrillos, libros, donantes de sangre y hasta de órganos. Y los consigue. Claro: detrás hay una persona y un grupo de seres que han construido confianza. Por ejemplo, Kevin Moraiden, un chico de 9 años trasplantado del hígado, necesitaba un colchón para poder pasar su posoperatorio.
Carr se lo pidió a Internet e Internet lo hizo posible. A él le gusta contar el caso, como testimonio concreto: El efecto que se genera con el uso de las redes es conmovedor. En media hora teníamos 20 ofrecimientos para Kevin", contó.
El juego de los espejos que, al final, multiplica en serio
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Por ejemplo, es taxativa: “”Sí, se pueden cambiar bastantes cosas”. Y lo ejemplifica en la campaña que llevó a la jefatura del gobierno español a José Luis Rodríguez Zapatero, situación que equipara al fenómeno del mundo árabe y de Egipto, concretamente, y diferencia de la que llevó a Obama a la Casa Blanca.
“Cuando Rodríguez Zapatero fue elegido en lugar de Aznar –rememora- eso tuvo que ver con el impacto de las redes sociales y fue a través de los SMS, con los celulares”.
En aquella oportunidad –trae al presente al hablar con MDZ- “Aznar dijo que el atentado de Atocha había sido obra de ETA para capitalizarlo a su favor a dos días de las elecciones y provocó el mayor papelón que pasó el diario El País, que le dio crédito a su versión. La gente mandó mensajes de texto y fue lo que cambió la política en España”.
Cytrynblum considera que “ese fue un gran y contundente mensaje de cómo las redes sociales sí pueden hacer cambios políticos. La sociedad articulada, ya no en organizaciones sociales, sino en manifestaciones espontáneas. Llega el momento y las redes sociales son el espacio de encuentro virtual que se convierte en encuentros reales”, analizó el fenómeno.
Pero diferencia el cambio de España hacia Zapatero del de Estados Unidos hacia Obama. El estadounidense usó una red como Twitter, comenta, sabedor de que posee una enorme cantidad de usuarios en su país y utilizando estrategias de marketing. Mientras que lo de España fue una reacción, muy parecida a la situación actual de Egipto.
“Lo que está pasando hoy en el mundo árabe –dice- es también un ejemplo y no me llama la atención que lo primero que hizo Mubarak fue desconectar a Egipto de Internet, y mandar a las empresas de celulares a que reenviaran un mensaje sin firma en su favor o bien para amedrentar a los manifestantes. Comunica sin dar la cara y trata que los periodistas salgan de los hoteles y de aislar el país de la comunicación”.
:) Sonríe, alguien sabe que algo te pasa
MDZ contó un sistema para nada espontáneo y que dirige un mendocino que trabaja en Unicef, en su sede de Nueva York, pero que utiliza a las redes para cambiar el estado de situación de sectores vulnerados de la población.
Arturo Rombolí es el factótum de un proyecto que busca registrar cuán felices están los chicos en Asia y dónde las mujeres pueden resultar víctima de abusos en la Haití bajo los escombros.
Textualmente, nos contó, durante una charla mantenida en su lugar de trabajo:
- “En Haití los chicos están reconstruyendo el mapa de las zonas devastadas mediante sistemas de GPS. Identifican dónde encontrar agua y usan Internet para orientarse en un lugar en donde no quedó ni el mapa después del terrible terremoto”.
- “En Kenya en la villa más grande ese país, Kibera, las chicas están usando estos mismos dispositivos para diseñar un mapa que les permite saber en dónde son acosadas por delincuentes, dónde se han producido violaciones, pero también en qué sitios se encuentran ubicados hospitales o postas sanitarias y cuáles son las formas más seguras y rápidas para conseguir ayuda. Cuando la gente es la que hace el mapa de las cosas, también se da cuenta de lo que tiene y de lo que le falta, y trabaja por ello”.
Rombolí contó algo más del cambio social dirigido en donde no hay caldo de cultivo, ni gobierno sólido, ni Internet, ni casi nada, salvo, señal de celular, que es negocio.
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Es en esta misma línea en la que se encuadra un proyecto originado por un músico de alta exposición (y mucha plata) que, además, tiene sensibilidad social. Se trata de Peter Gabriel y es nuevamente Alicia Cytrynblun quien lo invoca.
Lejos de los proyectos que cambian gobiernos, las iniciativas que ponen a la luz casos de injusticia que permanecen a oscuras y en silencio también son una forma de cambiar el mundo, en escala humana y no institucional.
“Peter Gabriel, en un país de África –informa Alicia- creó una organización que distribuye sistemas para que saquen fotos de la realidad de las mujeres violadas y maltratadas y las den a conocer al mundo”.
Claro, esa idea puntual se multiplicó y regó por el mundo. Hoy son, según cuenta Cytrynblun, 23 los países que usan ese medio para luchar contra la violencia de género, un problema que, tal como lo analiza la periodista, “es nuestro de África también”.
Es por ello que considera que las redes sociales “representan un elemento fundamental para la expresión de los pueblos y denunciar situaciones que a veces estallan, como ahora, o para denunciar situaciones que están muy encapsuladas y no pueden salir a la luz”.
Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel. En Facebook: www.faceboook.com/gabrielconte