El chico mendocino muerto en Chile habría sido asesinado por policías
Roberto Soto (22) fue de vacaciones a Chile con un grupo de amigos, como tantos mendocinos lo hacen año tras año. Partió hacia el otro lado de la cordillera el 16 de enero y jamás regresó. Luego de estar cinco días desaparecido, las autoridades chilenas lo dieron por muerto. Aseguraron que se tiró debajo de un tren. Sin embargo, esta versión oficial nunca fue acunada por sus padres y ahora un mensaje casi anónimo, de una mujer, relata que el joven fue golpeado salvajemente por la Policía chilena.
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El caso, la muerte, la tragedia de Roberto podría dar un giro inesperado, pero no tan impensado para sus papás, Julio y Sandra. A ellos nunca les cerró que su hijo se hubiese tirado a las vías de un tren y el accionar de los efectivos de Investigaciones chilenos (PDI) les sembró más dudas, que masticaron en la intimidad de su hogar de Godoy Cruz.
Allí recibieron a MDZ. Una casa común donde ahora vive el matrimonio y su hija Denise (19). Ella fue quien abrió la puerta mientras se secaba las lágrimas de sus ojos que no han vuelto a ver a su hermano. Al ingresar, la expresión de su madre Sandra, y también el llanto, demostraba que en esa familia no está nada superado.
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En ese medio la lectora escribió: “Tres detectives de la PDI, que andaban en una camioneta, agarrraron a este muchacho y lo golpearon. Lo subieron a la camioneta y lo pusieron acostado; luego lo fotografiaron y después le lanzaron un neumático en el estomago. Después lo agarraron de los cabellos y se lo llevaron arrastrando sin contemplaciones ni misericordia, ante las suplicas del muchacho. Lo arrastraron de los cabellos por más de una cuadra, pues se perdieron. Todo esto sucedió en Reñaca y no en Viña. Pero no quedará esto así, esos delincuentes con placa pagaran por su delito. Ah y los detectives esos, que saben que les queda poco para ser procesados por este hecho, no intenten intimidar a la testigo, ya recibió ella una llamada amenazante pero aquí no hay miedo, lo que hay es personas que no dejaran que este, al parecer crimen, quede impune”.
Esta persona dejó un correo para que quienes tengan más información le escriban. En ese sentido, Julio le escribió y también lo hizo a la Embajada Argentina en Chile, al Ministerio de Defensa, al Consulado chileno en Mendoza y a otras personas para que esta “testigo” se sienta protegida. Además, se dice en Viña que hay otro testigo que vio todo y que existe una filmación en la que se ve a los uniformados de la PDI golpear al joven mendocino.
Algunas consideraciones
Como se dijo, los padres ya tenían dudas sobre la muerte de su hijo. En Chile la PDI estuvo indagando informalmente a los amigos y a la gente que estaba alquilando en el complejo de cabañas donde se instalaron los chicos. Sin embargo, recuerda Sandra, los policías de esta división le dijeron que tomaron intervención en el caso dos horas antes de que apareciera el cuerpo en las vías del tren. “Entonces, ¿qué hicieron desde que desapareció Roberto?”, se pregunta su madre. Y añadió: “Desde que pusimos la denuncia por extravío, los carabineros caratularon el expediente como ‘posible tragedia’ ”.
Pero esto no es todo. El padre del joven vio el cuerpo, lo destapó en la morgue y “vi que tenía moretones en los brazos, algunas raspaduras en las cara y parte de la cabeza como afeitada. A alguien que lo arrolla un tren, no queda así ni entero”, estimó.
Por otro lado, cuando en Viña dieron el aviso que había un cuerpo en los rieles, la primera información indicaba que era un hombre mayor de 30 años; algunos carabineros dijeron que tendría 50. Se habló de un indigente, un mendigo pero “después resultó ser el cadáver de mi hijo”, contó Julio con dudas.
Es que a esto se le sumó otra situación más que confusa. Cuando le entregaron al padre la ropa de Roberto le hicieron firmar un papel en el que las prendas no coincidían con las que tenía su hijo.”Por ejemplo, no usaba zapatos, como tenía ese cadáver; Roberto usaba zapatillas. Además, no me la dejaron ver a la ropa, la metieron en una bolsa adentro del ataúd y lo sellaron”, recordó su madre.
El progenitor explicó que firmó ese papel, pero que escribió con su puño y letra la disconformidad de no haberle permitido ver las prendas de su hijo y que esas no le pertenecían.
En el siguiente video la primera parte de una charla con los padres de Roberto Soto.
Algo que le llamó mucho la atención al matrimonio es que no tienen ningún papel. Lo único que le entregaron en Chile es un certificado de defunción emitido por el Servicio Médico Legal, el cual reza: “Causa del fallecimiento día 20 a las 18 horas politraumatismo esquelético cervical”. Allí no dice mucho que despeje las dudas que tienen estos padres. Además, la firma del forense no está.
Ellos insisten en que conocían bien a su hijo y nunca habría tomado esa decisión que se le endilga: la de suicidarse.
Sandra y Julio cuentan que es cierto que su hijo no estaba bien en Chile, que había discutido un día con sus amigos pero que luego la situación se tranquilizó. Pero no esconden que seguía nervioso y se fue de la cabaña.
No se sabe por dónde deambuló. Sólo se sabe que estuvo en un McDonalds con su notebook, el día 20, alrededor de las 4 porque había Wi-Fi. Pero dejó el ordenador en una mesa y desapareció.
Esto lo saben sus padres porque está la filmación del local de comidas rápidas, pero ellos nunca la vieron. También debería haber una grabación del lugar donde hallaron el supuesto cadáver de Roberto. El jefe de la PDI de Valparaíso les aseguró a Sandra y Roberto que la Policía la poseía, pero nunca se la mostraron a ellos.
Ante todas estas extrañas instancias, los padres del chico han elaborado una hipótesis que ahora les cierra más con el comentario de esa lectora, a quien han contactado. “Como Roberto andaba nervioso es posible que haya discutido con los carabineros o gente de la PDI cuando lo han querido identificar. Mi hijo les debe haber contestado mal y ahí podría haber sucedido esto que cuenta esa mujer”, dijo el padre mientras su esposa e hija convalidan expresando: “Es la única situación que nos cierra”.
La segunda parte de la charla con los Soto.
Como ocurre con muchos padres que pierden a un hijo, se vuelven expertos en la causa, o posible, que terminó con su vida. Julio no es la excepción.
El hombre se puso a bucear en los distintos diarios chilenos, desde el año 2008 hasta la actualidad y encontró un patrón muy extraño en la muerte de muchos jóvenes.
“Todos tienen entre 20 y 30 años y se tiran debajo de los trenes. Siempre es un solo testigo, y nadie más, el que los ve arrojarse y nadie más”, citó a modo de paradigma, llamativo por cierto.
En tanto aquí en Mendoza, la Cámara de Senadores le dio media sanción a un proyecto para que se investigue la muerte de Roberto Soto en Chile. Porque a los legisladores, por alguna razón o insistencia, tampoco les cierra la hipótesis del suicidio.


