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Atrapados en las fiestas
Laura Alcaraz, la columnista de psicología de "No será mucho" por MDZ Radio, te ofrece aquí una útil reflexión de fin de año. Entrá, leé y contanos cómo pasarás vos estas fiestas.
En el imaginario social, la Navidad y el Año Nuevo, están asociadas a la unión, el júbilo y el encuentro con los otros. Por eso, la soledad, los conflictos familiares y otros sentimientos negativos provocan un malestar mayor que en otros momentos del año.
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Nuevos formatos familiares: familias monoparentales, grupos ampliados, fracturados, personas solas, personas que han perdido un ser querido, entre tantas otras posibles situaciones, suelen aumentar la conflictiva.
¿Qué ocurre cuando la familia se instala en tu casa o te atrapa en la suya? ¿Cómo congeniar con todos? ¿Cómo repartirse? ¿Con quién pasar las fiestas? ¿Cuando en lugar de resultar agradable, tu familia se convierte en tu mayor fuente de estrés?
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Solemos ocuparnos con esmero del menú, de las compras, de los regalos o de cómo adornaremos la mesa y el arbolito. Y postergamos los temas importantes: estar a gusto y pasarlo bien, del modo que decidamos y con quienes elijamos estar.
¿Y si hay familiares que no están dispuestos a modificar las rutinas repetidas en años anteriores? Es un problema…Del otro. Si no quieren cambiar o elegir otras opciones, no pasa nada. Pero si nos pasa a quienes queremos un cambio y esperamos que otro dé el primer paso, olvidándonos que podemos darlo nosotros.
Hay algo que podemos hacer: revisar si el modo en que históricamente hemos celebrado, ahora encaja con nuestra realidad. Registrar si estamos arrastrando a nuestros seres queridos a circuitos en los que no son bienvenidos o se sienten incómodos. Mirar si nuestro deseo está alineado, o bien si seguimos mandatos obsoletos, como por ejemplo asistir a la casa de tal rama de la familia, porque siempre ha sido así y nunca nadie lo ha cuestionado.
Antes de que sea tarde (por lo menos este año) podemos tomarnos el tiempo de evaluar si hemos organizado los festejos de fin de año de acuerdo a nuestra realidad familiar, a nuestros deseos, o en cambio, en base a los mandatos establecidos. Si esa ha sido la realidad durante los últimos años de festejos familiares, quizás podamos hacer pequeños movimientos que nos satisfagan más y que llenen de sentido esas noches tan especiales.
La clave está en no complicarnos innecesariamente, conectarnos con nuestro genuino deseo y tratar de llegar a un equilibrio entre éste y el de los seres queridos, algo que puede lograrse mediante negociaciones que satisfagan en alguna medida a las partes implicadas.
Y si estos acuerdos no son posibles, lo más sano es abstenerse de participar en reuniones que serán, seguramente, pasaporte para conflictos. Un pequeño viaje puede ser la excusa ideal para alejarnos. Nos sentiremos menos culpables y atenuaremos los reproches de los que quieren jugar a la familia perfecta. Es en general comprensible si no estamos para esa fecha porque hemos decidido aprovechar los feriados de fin de año para tomarnos unos días de descanso.
Tal vez podamos volver a cierta intimidad, reunirnos con pocas personas o con quien realmente queremos y regalar a cada uno unas palabras llenas de agradecimientos. Incluir a los niños, en un intercambio simbólico, puede ser muy gratificante: mirar fotos viejas, recordar anécdotas, contar historias verdaderas o inventadas. Que Papa Noel escriba cartas puede ser un regalo mágico. Pedir deseos en voz alta…No todo regalo cuesta plata.
Tenemos algunos días por delante y eso nos permite anticiparnos para buscar soluciones a los problemas que, ya sabemos, pueden presentarse.
Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
Hay algo que podemos hacer: revisar si el modo en que históricamente hemos celebrado, ahora encaja con nuestra realidad. Registrar si estamos arrastrando a nuestros seres queridos a circuitos en los que no son bienvenidos o se sienten incómodos. Mirar si nuestro deseo está alineado, o bien si seguimos mandatos obsoletos, como por ejemplo asistir a la casa de tal rama de la familia, porque siempre ha sido así y nunca nadie lo ha cuestionado.
Antes de que sea tarde (por lo menos este año) podemos tomarnos el tiempo de evaluar si hemos organizado los festejos de fin de año de acuerdo a nuestra realidad familiar, a nuestros deseos, o en cambio, en base a los mandatos establecidos. Si esa ha sido la realidad durante los últimos años de festejos familiares, quizás podamos hacer pequeños movimientos que nos satisfagan más y que llenen de sentido esas noches tan especiales.
La clave está en no complicarnos innecesariamente, conectarnos con nuestro genuino deseo y tratar de llegar a un equilibrio entre éste y el de los seres queridos, algo que puede lograrse mediante negociaciones que satisfagan en alguna medida a las partes implicadas.
Y si estos acuerdos no son posibles, lo más sano es abstenerse de participar en reuniones que serán, seguramente, pasaporte para conflictos. Un pequeño viaje puede ser la excusa ideal para alejarnos. Nos sentiremos menos culpables y atenuaremos los reproches de los que quieren jugar a la familia perfecta. Es en general comprensible si no estamos para esa fecha porque hemos decidido aprovechar los feriados de fin de año para tomarnos unos días de descanso.
Tal vez podamos volver a cierta intimidad, reunirnos con pocas personas o con quien realmente queremos y regalar a cada uno unas palabras llenas de agradecimientos. Incluir a los niños, en un intercambio simbólico, puede ser muy gratificante: mirar fotos viejas, recordar anécdotas, contar historias verdaderas o inventadas. Que Papa Noel escriba cartas puede ser un regalo mágico. Pedir deseos en voz alta…No todo regalo cuesta plata.
Tenemos algunos días por delante y eso nos permite anticiparnos para buscar soluciones a los problemas que, ya sabemos, pueden presentarse.
Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar