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Homenaje a un héroe anónimo

Hace pocos días falleció Don Manuel Quiroga, a los 85 años, y no puedo dejar de escribir unas líneas sobre él. Fue durante muchos años enfermero del centro de salud del Barrio Huarpes y del Barrio La Gloria. Fue un ejemplar servidor público, que es mucho más que ser un empleado público.
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Su nombre, seguramente, nada dirá a la mayoría de la sociedad, porque los héroes anónimos que tan lejos de los aparatos mediáticos no figuran. Guardo de él hermosos recuerdos embebidos de humanismo, volcado sobretodo a los niños, que tiñe de emociones este recuerdo. Siento una profunda pena por el amigo, y sobretodo por el incansable trabajador de la salud. Será difícil cuando vaya al barrio La Gloria, -donde vivía- no ver su figura ya encorvada con su tensiómetro y sus inyectables a cuestas. No tenía horarios ni descanso a pesar de sus años, aún lo recuerdo cuando había menos trabajo en el centro de salud, salir a buscar niños por el barrio, para completar su libreta de vacunas, o cuando hacíamos consultorio de control, como desaparecía el llanto de los niños cuando comenzaba a tocar durante la consulta su armónica “mágica”, o las golosinas que sacaba de su bolsillo para que las lagrimas desaparecieran. Nunca me permitió dejar un niño sin atender aunque ya hubiéramos cumplido el horario de trabajo.

Acaba de morir uno de los tantos héroes anónimos que no será tapa de revistas, diarios o de la TV. Nunca trabajó para mostrarse. Nunca presidió asociaciones científicas o fundaciones, que muchas veces dan lustre personal y pocos resultados, pero que el poder cobija. Seguramente ninguna calle, plaza o espacio público llevará su nombre, porque trabajó a conciencia con humildad y pasión, alejado de pantallas o cámaras que tanto ciegan a muchos y que esconden muchas veces demasiadas miserias humanas. Tampoco compartió palcos vendímiales, como algunos mediáticos que rebajan a cultura, pero que aparecen llenos de guardaespaldas y otras luciendo esplendorosos modelitos y joyas. Tampoco fue un jugador de fútbol, ni se cubrió de relojes de oro, ni vivió en barrios exclusivos. No fue una figura del espectáculo, que muchos ensalzan en esta pobre y hasta miserable sociedad deslumbrada de personajes farandulescos que muestran como virtudes tanta estupidez humana, llena de lujos, ostentaciones que tergiversan nuestras pautas culturales, llenando la vida de banalidad.

Era solamente un ejemplo de humanismo que nos transmitió valores. Ojalá lo recuerden los niños que deambularon por nuestros consultorios, aunque eran muy pequeños cuando recibieron sus caricias y su afecto. Queda para quienes lo conocimos una existencia vivida intensamente, y que son ejemplo de vida. Ha muerto un hombre que rebasa los límites de lo humanos, desaparece una persona humilde que siempre recordaré, por lo que me enseñó sobre la vida y el significado de un verdadero trabajador de la salud.

Ojalá alguno de esos tantos niños que cobijó, sea alguno como él y que esta sociedad alguna vez deje de vivir de espejismos grotescos y miserables y sepa valorar el trabajo de hombres sencillos, como lo fue Don Manuel Quiroga.

Salud viejo amigo.

Más allá de tu desaparición física, brindaré por tu humanismo ejemplar.