Sobre la cultura popular
El estudio de la cultura popular debería comenzar siempre por el doble juego que la caracteriza, el doble movimiento de contención y resistencia. Por más marginal y fuera de las murallas que esté la cultura popular, no sólo presiona constantemente a la “sociedad”, sino que está vinculada y relacionada a ella por medio de multitud de prácticas. Líneas de alianza, además de líneas de división. No existe cultura popular auténtica, autónoma e independiente.
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A partir del siglo XX aparece un fenómeno que añade complejidad a la relación entre cultura popular y clases dominantes: los medios de comunicación. Escribir una historia de la cultura de las clases populares o de la cultura popular exclusivamente “desde adentro”, sin comprender cómo aparecen constantemente en relación con las instituciones de la producción cultural dominante, equivale a cometer un grueso error. No hay ninguna cultura popular o de resistencia que esté afuera del “campo de fuerza” de las relaciones de poder cultural y dominación.
Las industrias culturales tienen el poder de adaptar y reconfigurar constantemente lo que representan. La dominación cultural produce efectos reales, aunque éstos no sean omnipotentes ni exhaustivos. Hay una lucha continua y desigual, por parte de la cultura dominante, cuyo propósito es desorganizar y reorganizar constantemente la cultura popular.
“Es un campo de batalla donde no se obtienen victorias definitivas, pero donde siempre hay posiciones estratégicas que se conquistan y se pierden” (Hall, 1981) Y los éxitos se explican porque existe reconocimiento e identificación, algo que se aproxima a la recreación de experiencias y actitudes reconocibles, a las cuales responden las personas.
El principio estructurador de lo popular son las tensiones y las oposiciones entre lo que pertenece al dominio central de la cultura dominante y la cultura de la periferia. Pero no se pueden construir estas oposiciones de una manera puramente descriptiva. Porque, de período en período, cambia el contenido de cada categoría. Existen toda una serie de instituciones que sostienen y definen el ámbito de la cultura dominante: la escuela, el aparato literario y erudito, son algunas.
El significado de un símbolo cultural lo da en parte el campo social en el que se le incorpore, las prácticas con las que se articule. Lo que importa no son los objetos intrínsecos o fijados históricamente, sino el estado del juego en las relaciones culturales.
Voloshinov, teórico marxista del lenguaje, dijo acerca del signo, aunque puede aplicarse a las formas culturales: “Un signo que hayamos retirado de la presión de la lucha social inevitablemente pierde fuerza, degenera en una alegoría y se convierte en el objeto no de viva inteligibilidad social, sino de comprensión filosófica. La clase gobernante se esfuerza por impartir un carácter eterno, supraclasista al signo ideológico, para extinguir o empujar hacia adentro la lucha entre los juicios de valor social que se libra en su interior, para quitarle el acento.”
Los términos “clase” y “popular” están profundamente relacionados, pero no son absolutamente intercambiables. La cultura popular está organizada en torno a la contradicción: fuerzas populares contra el bloque de poder. Es en el campo de lo social donde la hegemonía surge y se afianza.

