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Twitter, ¿no es una pelotudez?

Pregunto, con todo respeto. ¿Qué aparecerá mañana? ¿Hay que estar incluidos en todas las novedades tecnológicas? ¿A qué nos estaremos acercando y de qué nos estaremos escapando? La histeria no para.

Hace tiempo que lo venimos debatiendo con un amigo que lo usa. El me explica los secretos de su funcionamiento, las virtudes de la herramienta para su trabajo relacionado con el marketing y la publicidad. Yo lo escucho pero no me convenzo del todo, aunque le reconozco que por ahí sirve, según el laburo de cada uno. Twitter se llama la red social del pajarito que hoy es noticia toda vez que, de tanto transgredir los formatos tradicionales de la noticias, la fuentes, el pajarito filtra en vivo lo que a un periodista a veces le cuesta todo un día conseguir. Hasta ahí más o menos comprendo. Por eso hoy periodistas y políticos, empresarios y lobistas la usan, la incorporan como parte de sus fuentes de información o como declaración y toma de posición sobre algún hecho de coyuntura. Todo bien. Hasta aquí todo bien.

Me han comentado también que ya se dan conferencias de prensa por Twitter; casos locales como las del Senador Carlos Aguinaga o el Ministro Mario Adaro. Y los tipos son noticia por usar la herramienta frente a los que no. Hasta hubo cruces sobre el tema cuando el Intendente de Godoy Cruz Alfredo Cornejo le mandó a decir al Ministro Adaro que “el que está mucho tiempo en eso pierde tiempo para trabajar”. No sé, el tema se embrolla porque a nivel nacional también Aníbal Fernández la usa, y algunos lo cuestionan por no dar una conferencia de prensa clásica. Todo un tema.

El asunto además toma ribetes interesantes cuando me dicen que los que usan el pajarito tienen “seguidores”; y llegás a escuchar “a mí me sigue Duhalde”, “y a mí Obama”, “ayer discutí con Felipe Solá por Twitter”. Ahí ya no entiendo demasiado. “Disculpen mi inorancia” diría minguito. Ando a pedales. Todos siguiéndose. Cuasiborgeano. Digo, por lo de “las ruinas circulares”.

Ups. Anoche. “Soñé que mi lejano piedemonte se inundaba, que de a poco los picos de los cansinos eucaliptos y aguaribays de ese paraíso asomaban apenas tras el agua. ¿Y los pájaros? Me pregunté transpirado, ¿Dónde están los pájaros? ¿Y la cabra? ¿Dónde habrá ido a morir la cabra? ¿Y la tumba de mi perro envenenado? ¿Dónde estará flotando mi perro envenenado? Cuando desperté del sueño, caí en la cuenta que ya fui expulsado del paraíso”. Mi Twitter.

Prosigo.

Una vez me mostró mi amigo lo que escriben en Twitter algunas personas, al azar, para tener una idea del tema. ¡Mamita! No se puede creer la sarta de estupideces que miles de pajarones y pajaronas largan desde sus cuentas. Y ahí es cuando me termina de rebelar la situación de histeria a la que ha llegado la tecnología comunicacional.  Porque hoy tener Facebook es medio de trogloditas. No alcanzas con una que ya te salen con la otra.

Yo siempre le digo a mi amigo que mientras menos informado estoy, mejor. Porque si sé demasiado, no puedo escribir un párrafo en las columnas. ¿Qué carajo voy a escribir, lo que dijeron otros en miles de formatos? La información conspira en este caso, para mí al menos. Por eso me sorprendo, y reconozco que lo hago desde la más absoluta ignorancia.

Pero lo veo medio histericón al tema. Mezcla de moda con credencial de tipo actualizado, pasaporte de entrada a la vida segundo a segundo:

-“Me acabo de tirar un pedo infernal 2.0”, imagino, que podría uno informar a la comunidad de seguidores.

-“Qué pedazo de culo tiene la kiosquera de mi barrio#en este enlace pueden verlo#lo filmé mientras me atendía”, diría en otro, y todos le ojearían el culo a la kiosquera de mi barrio que, por otro lado y hablando en serio, tiene un pan dulce que no hay ojos pa verlo y está más rico que una parrillada. Y así por el estilo.

-“Gol de Patronato de Paraná” largaría en otro.

-“Ah, Patronato, de Paraná, ¿ma cómo se manya eso?

-“Bueno, ese es un equipo de la Primera B Nacional” aclararía.

Qué se yo. Eso es más o menos medir el “estado” en Facebook, me contó mi amigo. El estado de ánimo supongo, el estado en que uno se encuentra.

-“Estoy parado solo en la muralla” largaría Marciano Cantero.

-“Ojo, cuidate”, le diría un neófito en rock.

¿No es pelotudo? Pregunto, la verdad es que no sé… pero ¿no se llega a cierta pelotudez mental, temporal, que te deja con la baba colgando frente al blackberry? Lo digo en serio, de afuera. Lo más probable que el pelotudo sea yo, puesto que al estar fuera de cacho me la esté perdiendo. Algo me estoy perdiendo siempre, sospecho, para consolarme. Porque hace tiempo estoy en Facebook y tengo un apelotonamiento de “amigos” que no veo en la puta vida y que, de vez en cuando, aparecen y desaparecen. Como la propaganda. Como esta columna. Como la vida mesma mire usté. Como mi lejano e inundado piedemonte.