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El twitportaje de MDZ: la primera vez siempre duele


No es un género y ni siquiera un subgénero: es una herramienta periodística. Hablamos del “twitportaje”, el experimento que ayer en la tarde noche llevamos a cabo desde un barrio que se siente acosado por un ratero, pero que a la vez lo acoge y aguanta.

La idea es llegar al “lugar de los hechos” munido de un teléfono, conexión a Internet y una cuenta de Twitter. En el diario online, mientras tanto, un contenido reproduce lo que se teclea, que no es ni más ni menos que los apuntes de lo que pasa, lo que se ve, lo que uno pregunta y lo que responden. Si es posible, con fotos. Si hay margen, clima, olores, sensaciones.

Es un reportaje contado por un periodista vía Twitter, por lo que no sólo lo pueden leer quienes siguen atentos a la edición online del diario, sino también los que siguen al periodista por esa red social. Un hashtag identifica el tema para poder, después, reunir los tuits y reconstruir la historia.

Lo nuevo asusta. Lo hace con el que lo usa pero también con quienes lo observan. Pero asusta más –y este es el caso- la opinión de los tuiteros y comentaristas. Convertidos en una cloaca, despotrican (una vez más) contra el contenido, el que lo hizo y lo que lo provoca; contra el medio, el mensaje y –de paso- el tema en tratamiento.

Fue difícil estar allí, tecleando en el BlackBerry algo que antes, un periodista, hacía con una libreta y una lapicera.

Primero, porque se produce un choque con las personas: cuando uno habla, indaga y, sobre todo, cuando escucha, debe mirarle a los ojos. Ya sea con un BB en la mano o con un cuaderno, es importante mirar al interlocutor para entenderlo. Su mirada redondea lo que dice: reafirma o subjetiviza.

Pero cuando se está tuiteando en directo y en vivo, solo, y se es consciente de que hay gente apurando por saber más, la cosa se pone difícil.

Lo cierto es que, como en casi todas las cosas, “la primera vez siempre duele”.

Ahora, con el material allí, sólo hay que aprender en dónde está el valor de este tipo de reportajes y creo que radica en la instantaneidad y espontaneidad. Contar lo que pasa en clave “backstage”.

Y también descubrir los errores o problemas, porque, finalmente, la herramienta permite cumplir el objetivo principal de informar, en modo de crónica y en el lugar en donde está pasando. Habrá que aprender a leerlo como si fuese un manga, pero de abajo hacia arriba.