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Soy parcial (¿y ustedes?) también

“Toda lectura del complejo universo de lo real es culpable de ser una lectura situada”, dice Eduardo Grunner. Justamente el carácter de “estar situados” en una trama compleja de intereses y posicionamientos deviene en que nadie puede arrogarse el mote de “objetivo”.

Todos, en alguna medida somos culpables de nuestras lecturas. Todos, en gran parte pensamos y reflexionamos desde la formación (o deformación) a la que nos sometieron y, luego, de grandes, nos sometimos: la familia, la escuela, la universidad, los libros, diarios, fanzines, programas de televisión y de radio. Todos somos, al final, parciales. Formamos “parte” de algún colectivo concreto o imaginario. A veces sin darnos cuenta, o haciéndonos los sotas.
-¡Nooo…yo soy independiente y muuuuy abierto a las ideas! Las pelotas.

Pertenecemos, críticamente o con los ojos vendados. Al grupo de trabajo o de amigos, al equipo de futbol, al espacio político que nos identifica, militemos o no en el mismo. Hasta somos parciales cuando negamos la parcialidad. En ese discurrir nos topamos con distintas ideas y proyectos. Muchos persiguen un objetivo noble, pero las formas, los caminos o las huellas por las trajinamos son contrastantes. Y ojo con el analfabeto político. Ese es el que sale de su guarida con rabia a matar o morir.

Pues entonces, venimos de algún lado. Nuestras ideas y perspectivas tienen historia, y ellas, aunque por momentos no conscientes, se filtran en acciones y opiniones. Los “posicionamientos” ante la realidad se nutren de todo lo antedicho. Nadie piensa en grado cero. Nos paramos desde algún lugar, social, cultural, económico. Y de ahí saltamos a la política y a la ideología. Nos predetermina aquello para decir tal o cual cosa.

Hasta la creatividad, supuesta virtud de genialidad individual, ha sido condicionada por la historia de nuestras trayectorias personales que no son otras que trayectorias colectivas, familiares y sociales. Por todo ello digo: soy parcial, soy culpable. ¿Y ustedes, nacieron de un coliflor? No se hagan los boludos, por favor. Me parece que la honestidad intelectual debiera cultivarse mas seguidito. Es sano y democrático.

“Toda lectura del complejo universo de lo real es culpable de ser una lectura situada”, dice Eduardo Grunner. Justamente el carácter de “estar situados” en una trama compleja de intereses y posicionamientos deviene en que nadie puede arrogarse el mote de “objetivo”.
Si nos paramos en el entramado social, y reconocemos la existencia concreta de clases sociales, podemos acercarnos tal vez a la noción de objetividad, siempre y cuando nuestra perspectiva se sitúe en los intereses de una clase en particular que no es otra que la clase oprimida por un sistema social desigual de distribución de la riqueza en el marco del único sistema que en Argentina hemos experimentado: el capitalismo. Y es desde el propio capitalismo, de sus entrañas, donde se torna condición necesaria la opresión, la desigualdad y la exclusión.

Por ello, todo avance en las condiciones sociales materiales de vida para la población más desprotegida en un país, debe sostenerse y apoyarte críticamente, marcando los nudos clave que obstaculizan la profundización del proceso de distribución de la riqueza. Y sé que eso hoy no sucede. Porque hay intereses contra los cuales hay que seguir peleando que tensan la cuerda para que ello no suceda. Y no porque el gobierno actual sea revolucionario. Para nada. Basta reconocer las contradicciones en las que se asienta el proceso desde el 2003 en adelante para dar cuenta de ello. Una pequeña porción de la población se lleva el excedente de la mayoría. Eso sí es parcial, pero sobre todo injusto.

En perspectiva histórica, si pensamos en términos de proceso y no de la histérica coyuntura, desde el 2001 en adelante la sociedad en general, pero sobre todo los sectores excluidos en particular, pugnan por una sociedad más justa y equitativa (no me gustan muchos estos términos pero bue…) y es la misma presión social la que ha logrado, a través del gobierno de turno, algunos avances sociales, culturales y económicos. Y claro que no alcanzan. La lucha por una sociedad democrática, justa y solidaria es un proceso sin punto de llegada. Creo que hay que ir por más. Y allá lejos, en el espejo de un futuro cuasi poético, veo al socialismo nacional como lugar de encuentro para que seamos felices.