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La otra cara de la tragedia: la solidaridad arde cuando el fuego se termina

Te contamos la historia que le podría haber ocurrido a cualquier mendocino: cómo una familia se salvó de morir en un incendio. El caso refleja por qué saber lo que pasa al lado de tu casa, es de tu incumbencia, o por qué exigir que el CEO funcione correctamente,  ya que las bromas podrían provocar la tragedia, pues así lo evidencia la escalofriante cifra de llamadas falsas al 911.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

El intenso frío de las últimas semanas y la necesidad de procurar calefacción, a veces, es una peligrosa combinación que termina en un incendio. Así ha ocurrido que, en este último tiempo, hemos sabido por los medios de siniestros que han terminado con una familia entera y también se nos ha cruzado por la cabeza que eso a nosotros no nos va a pasar y, sin embargo, nos olvidamos que nadie está exento.

Porque el accidente puede ocurrir al lado de tu casa y las llamas alcanzar a tu hogar, porque necesitás que el CEO te auxilie pero los efectivos se demoran porque están dedicados a la novedad que “entró” y terminó siendo una broma, porque aún cuidando tu “rancho” estás ayudando a tu prójimo. Por todo esto, te contamos una historia para destacar a quien es voluntario, a quien es buen vecino y a quien es eficaz. Pero, también para rescatar lo importante que es respetar lo que es para todos por igual (911), para luego sí, exigir eficacia.

Ya sean voluntarios o del Cuerpo Central, la valentía es la prioridad entre los bomberos.

Una familia se quedó sin techo porque se incendió su hogar

Así sería un clásico título de alguna de las novedades del parte policial diario. Este caso, concretamente, ocurrió el martes 3 de agosto, pasadas las 21. Una casa del barrio semiabierto Los Aromos de Maipú se estaba prendiendo fuego a raíz de un accidente doméstico: una niña de tres años habría acercado la estufa al colchón y éste comenzó a arder.

La hermana mayor, de tan sólo siete años, salió desesperada a contar a su mamá, pero como la niña no vio las llamas, dijo que ya estaba solucionado. La mujer tomó a su bebé –de pocos meses- a su madre, quien vive en la casa de adelante, y fue en busca de la pequeña que, sin querer, había iniciado el incendio.  Alcanzó a sacarla cuando las llamas alcanzaron el televisor, el cual explotó y esto provocó que los vecinos de la casa colindante se enteraran. En pocos segundos, el fuego había cobrado dimensiones que escapaban de la vista humana.

En pocos segundos también se montó un operativo: la vecina socorrió a la madre con los niños, el esposo y el hijo de la vecina empezaron a tirar agua con la manguera para que el fuego no comenzara a esparcirse a los costados –afortunadamente, hay paredes divisorias entre las casas y no una ligustrina como se tiende a pedir a los propietarios, quienes ante la inseguridad prefieren hacer caso omiso-; mientras, al menos, ya dos personas habían llamado al CEO.

Los operarios del 911 no lograban ubicar el barrio que, si bien no es privado, al ser semicerrado es más difícil dar el domicilio en concreto. Pese a que esta periodista que estaba siendo testigo de la situación y acostumbrada a hacer policiales daba indicaciones de sobra, para que los móviles se desplazaran, hubo que hacer la llamada indeseada: la que se tiene por los gajes del oficio y llamé al jefe de Bomberos  Voluntarios de Luján, Alejandro Frasca.

Los Bomberos Voluntarios de Maipú controlaron el incendio y asistieron a las víctimas.

Frasca se comunicó con sus pares de Maipú y el camión autobomba llegó a los minutos. Incluso, el bombero Carlos Coria analizó la situación y pidió otra dotación de apoyo. Cuando el fuego estaba comenzando a ser controlado, recién se estaba desplazando el camión del Cuartel Central desde Ciudad. En el transcurso, llegó un móvil policial y constató la situación. Recién allí, el efectivo llamó para que enviaran a la ambulancia… después de que corroborara que los niños se encontraban en la casa incendiada.

Entre las tres dotaciones terminaron con las llamas y chequearon los espacios colindantes. También dieron contención a la familia que lo había perdido todo, pero que estaban con vida y la frase “los daños fueron totales” –típica para dar una conclusión del siniestro- era equivalente a un milagro porque los tres niños no habían sufrido herida alguna.

Gracias a todos los vecinos de la cuadra y la manzana entera, el stock de ropa y mercadería “agotado” por las llamas estaba siendo mínimamente recuperado. No faltaron manos de las madres que traían los pañales o la leche de sus hijos, no sobraban las mantas que se acumulaban para que la familia pudiera acomodarse, al menos, por esa noche en la casa de la abuela.

Pese al olor indeseado que había en la atmósfera, se podía seguir agradeciendo por la vida. Pese a las lágrimas que saca el humo, las que van por dentro –al mirar los escombros- sí que son dolorosas. Y aunque suena a frase consuelo, el “podría haber sido peor” no lo fue gracias a la fracción de segundos en que los buenos vecinos salieron a apagar precariamente el fuego, bombero que desde la distancia montó el operativo y a los más de diez voluntarios maipucinos, quienes –como los que hay en todo Mendoza- admirablemente expusieron su vida por los otros.

Reflexiones ante la “suerte” para evitar la tragedia

No sólo fue la impotencia de llamar al CEO y que tardaran en contestar, además de que, una vez entrada la novedad, el desplazamiento del autobomba del Cuartel Central tenía su válida demora -pues desde Capital el barrio está a unos 20 minutos de distancia-, sino que recién después de que llegaran los policías se llamó al SEC. “¿Por qué la ambulancia no llegó con ustedes? ¿La idea de que todo convergiera en el 911, justamente, era para tratar la emergencia lo más rápido posible?”, fue la pregunta que me nació desde la indignación.

En la búsqueda de respuestas –al menos, eso se apunta desde el periodismo-, el policía fue sincero y contundente: “Lo ideal sería que todos llegáramos juntos, pero tantas llamadas son falsas alarmas que es necesario que el policía constate la novedad”. Repliqué inmediatamente que había advertido al 911 sobre la presencia de niños que podrían haber inhalado el monóxido de carbono y pensé -también inmediatamente- que mi voz es como la de cualquier otro, de cualquier otro que usa un bien público para divertirse cuando, en la realidad, alguien precisa ayuda urgente.

Asimismo, la triste realidad es la siguiente. El viernes pasado, según datos confirmados por el propio Ministerio de Seguridad, se recibieron 8.322 llamados, de los cuales 6.384 fueron falsos. Del total, sólo 1.112 fueron reportes válidos –es decir, para notificar asalto, robo, incendio, actitud sospechosa u otros posibles delitos-, otras 186 llamadas fueron para pedir ambulancia, aunque no siempre por emergencia, y las 640 restantes fueron para “consultar” cualquier tipo de problemática totalmente ajena a la función del 911 como, por ejemplo, cuándo es el vencimiento de la factura del gas.

La cuenta es fácil, no habría que dar el porcentaje exacto, para darse cuenta del abuso que se comete ante un servicio que es de todos. El viernes 13 de agosto es sólo un botón de muestra de lo que ocurre diariamente: el 76,71% de las llamadas fueron bromas o falsas alarmas. Sólo el 15,59% fueron pedidos necesarios y teniendo en cuenta los llamados al SEC que no siempre fueron por heridos graves. El 7,69% de consultas que nada tienen que ver con lo que muchísimas veces se difundió a través de propagandas gráficas y televisivas queda al criterio de las personas que pareciera que optan por la comodidad o que, simplemente, nunca se cruzaron con ningún tipo de comunicación que explicara para qué sirve el 911.

Ahora bien, y volviendo al siniestro que motivó esta nota, el llamado al CEO se hizo. Lamentablemente, hubo que procurarse de otros contactos para agilizar la situación. Por tal motivo, y por recomendación del Cuerpo Central de Bomberos, es conveniente que cada habitante –sobre todos los que viven más lejos de Ciudad o zonas de difícil acceso- “tengan a mano” el teléfono de los bomberos voluntarios más cercanos. Muchos departamentos tienen su propia asociación, la cual está detallada a continuación. En el momento de la emergencia y si es un incendio, además de comunicarse al 911, no está demás llamar a estos voluntarios que con loable vocación y sabia responsabilidad ponen su vida en acción para ayudar a otros.

- Bomberos Voluntarios de Godoy Cruz: 422 1428 / 422 3332

- Bomberos Voluntarios de Guaymallén: 426 1995

- Bomberos Voluntarios de Las Heras: 448 5555 / 444 7454

- Bomberos Voluntarios de Lavalle: 494 1300

- Bomberos Voluntarios de Luján de Cuyo: 498 0999 / 498 6341

- Bomberos Voluntarios de Maipú: 497 2190

- Bomberos Voluntarios de Palmira (San Martín): 02623 – 461 500