ver más

Confirman millonaria condena por vino sanjuanino Soy Cuyano y Mansero

La Cámara Federal de La Plata confirmó una sentencia indemnizatoria que había condenado a una bodega sanjuanina y al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) por la muerte causada por la ingesta del vino adulterado.

Tarde pero seguro. Finalmente, la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata confirmó la sentencia que había condenado a una bodega y al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), a indemnizar por daños y perjuicios derivados de la ingesta de vino adulterado.

Se trata de una historia que se remonta a los meses de enero y febrero de 1993, cuando 25 personas murieron envenenadas por la ingesta de los vinos Mansero y Soy Cuyano, de la bodega sanjuanina Nietos de Gonzalo Torraga SA.

En el fallo, el Tribunal destacó que “la sola circunstancia de que se habilite la circulación del vino a través del sistema de declaraciones juradas…, no implica eximir la función de control y fiscalización que compete al INV. Esa tarea está impuesta por la ley para asegurar la correspondencia con el análisis de origen “en todo momento”, para lo cual cuenta con amplias atribuciones de contralor, como ser la de requerir información y extraer muestras de los productos vitivinícolas en los lugares de producción en tránsito o en el comercio…”. En la previa causa penal quedó acreditado que el INV recién constató la adulteración luego de “innumerables muertes producidas por la ingestión del vino…”.  Asimismo, la Cámara ratificó una condena del orden de los 200 mil pesos, más intereses de 17 años, a favor de los herederos de Atilio Bengolea, una de las nueve víctimas mortales por aquellos resonantes episodios.

Es dable recordar que, a mediados de mayo de 1996, el bodeguero Arnoldo Mario Torraga confesó en el juicio que adulteró los vinos, argumentando que había comprado el alcohol lo compró en Buenos Aires y en un informe secreto dio los nombres de quienes se lo vendieron.

A la vez, entregó un informe secreto al tribunal que lo juzgaba con los nombres de los proveedores del alcohol utilizado. "Pido las máximas garantías para mi familia porque voy a abrir una puerta que no sé cuándo se va a cerrar", dijo Torraga, en referencia a las amenazas que asegura haber recibido por parte de los distribuidores de alcohol, con fraccionadoras en Buenos Aires.

Torraga, al referirse a la adulteración de vinos, prefirió hablar de "corrección" del grado alcohólico de los vinos, mediante el uso de alcohol medicinal, que es un alcohol etílico y no tóxico.

El bodeguero habló así del estiramiento ilegal pero con palabras menos duras: el vino, dijeron fuentes judiciales ligadas al caso, es una bebida surgida por fermentación de la uva y la legislación argentina no admite el agregado de ninguna sustancia, sea alcohol metílico o etílico, que dañe su genuinidad.

Haga clic aquí para descargar el fallo completo