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Baldes y lampazos para combatir el fuego después del Zonda

Los bomberos no llegaron nunca, por eso mujeres, niños y hombres, munidos con los elementos que encontraron en sus casas, combatieron las fuertes llamas que el viento dejó a su paso.
Foto: Marcelo Ruiz /MDZ
Foto: Marcelo Ruiz /MDZ
Es una comunidad que está alejada, pero no tanto, está en las inmediaciones de Puente de Hierro en Guaymallén, un lugar en donde hay mucho terreno inculto, pero también árboles jóvenes y frondosos.

Ayer, como en gran parte del territorio mendocino, el Zonda sopló fuerte y, como en tantos lugares, encendió fuegos.

En el Callejón Valdivieso, a unos 1000 metros al Este de Severo del Castillo, se encuentra la Escuela de Pilotos Jorge Newbery. El fuego comenzó a las 18.30 a  pocos metros del lugar y dos vecinas lo vieron, alarmadas por la situación, llamaron al 911.

Sin dudarlo y mientras esperaban la presencia de los bomberos, los chicos tuvieron la iniciativa y comenzaron a hacer una cadena con baldes con agua, a pesar del calor y el humo.

El tiempo pasaba y los bomberos no llegaban, casi cerca de las 20.15 al ver que la situación era incontrolable,  los vecinos llamaron al director de la escuela de pilotos, Eduardo Vaqués Correa, para que él tratara de hacer que los bomberos llegaran al lugar.

" Eduardo se incendia la escuela, dijeron con desesperación, nos cansamos de llamar a los bomberos y no vienen, haga algo por favor...venga urgente".

El fuego amenazaba además a todas las casas y Vaqués llamó al 911 también, " si estamos al tanto de la situación, contestaron, ya se ha desplazado la movilidad al lugar". Conforme con la respuesta, el hombre se fue hasta el lugar del siniestro.

"Cerca de las 21 llego al lugar, dice Vaqués, y para mi sorpresa no había bomberos, ni movilidad, ni policía, ni Defensa Civil; el Estado estaba ausente en absoluto".

Las llamadas al 911 se reiteraron, una, dos y cuatro veces más, y casi como una suerte de contestador telefónico la respuesta era la misma, "Sí, estamos al tanto, ya se ha desplazado la movilidad al lugar".

La situación fue tan extrema que los vecinos, los chicos, Vaqués, y todos, decidieron cerrar la compuerta matriz de la hijuela, y se logró inundar la zona, deteniendo el avance del fuego, al menos hacia las construcciones que estaban amenazadas, pero nada se pudo hacer con el fuego que se desplazó hacia una arboleda cercana.

A las 21.40, llegaron 4 bomberos voluntarios, munidos tan sólo de sus lampazos de agua, sin mangueras, sin móvil, y sin baldes. Para ese entonces las llamas llegaban y a veces superaban lo 4 metros de altura. A pesar del rudimentario equipamiento, los valientes hombres lucharon contra el fuego a la par de los vecinos.

Una vez más, la última, los vecinos llaman a los bomberos, y la respuesta casi fue la misma, varió un poco, "El Cuartel Central está informado de la situación".

Los bomberos voluntarios se fueron, calladitos y sin levantar su mirada, amargados por su pequeño esfuerzo. Los vecinos llenos de humo, también se fueron, tosiendo y llenos de tierra a sus casas.

En una carta, Eduardo Vaqués Correa nos expresó su desesperación ante la situación, también su "eterno agradecimiento" a los vecinos, esos 27 que no dudaron en combatir el fuego. Los hombres, las mujeres, los niños, las abuelas, los bomberos voluntarios, todos.

Algunos de esos valientes vecinos son  Leandro y Mauricio Arancibia,  David Jurado, Johann Ramírez, la familia Robles, Elvira y Margarita, la abuela doña Kita Arancibia, Setella Agostini y Sebatián Santiestévez…”se me olvidan nombres, tragué mucho humo…”, afirmó Vaqués.