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Justicia ¿estás?: gente que la invoca y no la encuentra en medio de los paros

Casos reales y de hoy que desnudan las ramificaciones que puede tener lo que a veces desde los medios mostramos sólamente como una marcha de protesta, un reclamo, un cruce de declaraciones y poco más. Los paros y la gente.

Aclaración fundamental

Es necesario aclarar de entrada que esta nota no pretende cuestionar la decisión de los trabajadores estatales de concurrir al paro en reclamo por mejoras salariales. Lo que sí busca es poner en cuestión el asunto: otra mirada más allá del cartel de protesta y más acá del autismo de los que deben atender al reclamo. Todo esto, mientras el Gobierno no tiene, siquiera, un subsecretario de Trabajo que atienda los reclamos.

Situación 1

Tribunales. Un periodista de MDZ se presenta en Mesa de Entradas y no hay nadie allí. El teléfono suena y se agita, en vano. Nadie lo atiende ni lo atenderá. Escaleras arriba, todo se ve desierto, aunque un grupo de niños juguetea entre las sillas. Una señora los reprende reiteradamente y saca de un bolso termo, mamadera y les convida pan, para atenuar sus impulsos. Llega una señora de tacos y con una carpeta cubriéndoleel pecho, ubicada en forma vertical. “Es abogada” grita su estampa. Y lo es: lo comprueba el periodista cuando la aborda para preguntarle en dónde puede ubicar a tal juez. “Allá”, responde y señala hacia una oficina. El cronista se acerca. No hay nadie en el mostrador sobre el que se abarrotan decenas, centenares de expedientes inmóviles. Detrás de un armario de perciben muchas puertas abiertas y hasta algún ruidito delata que alguien debe haber allí. “¡Buen día!”, dice el visitante. “¡Hola!”, grita, buscando un eco. Espera un rato. Se asoma una chica. “¿Buen día, dónde ubico al juez?”, indaga. “Allí”, responde gentil, pero desinteresada. “¿Y qué hago? ¿Lo llamo por su nombre?”, indaga, desconcertado. “Entre y búsquelo”, es la respuesta.

Situación 2

Ya en el laberinto de pasillos, ventiladores de pie apagados y expedientes atados, el periodista se aventura por los despachos. Uno por uno se asoma, mira y no ve nada. Halla a una señora en uno de ellos. “Perdón, ¿el juez tal?”. “Allí”, contesta sin molestarle en señalar ni levantar la vista, como si tuviera bluetooth para transferir todos sus conocimientos. Como el ser humano no cuenta aún con esa herramienta, al hombre de este diario no le queda otra que seguir su búsqueda y peregrinaje. Encuentra a un hombre de traje y piensa: “Es el juez”. Y pregunta: “¿Usted es el juez tal?”. Y él responde: “Sí, qué tal, qué necesita”.

Evaluación del asunto

No se trata de una nueva política de acercamiento de la Justicia con la comunidad. Es el paro. Los empleados no están y los que están, actúan como si no.

Situación 3

En medio de la charla del periodista con el juez entra una mujer-con-carpeta-al-pecho. “Es abogada”, pensamos ambos y atinamos. Tiene una audiencia, vale decir, una mujer fue citada junto a su abogada por la Justicia porque está en agenda que este día y a esta hora puede recibir la restitución de su hijo, cosa que espera con pasión y contando los minutos desde hace días. “Tendrá que ser otro día, ya le avisaremos”, se le informa. De hecho. Es el juez quien debe informarlo sin intermediarios porque están de paro. Pero no es por el paro judicial. Se aclara que los médicos y profesionales del CAI, el Cuerpo Auxiliar Interdisciplinario también están de paro. Y si el médico no revisa al niño y no da su testimonio, no hay audiencia, ni restitución y la cuenta de minutos deberá seguir abierta para esa madre. La abogada, resignada, asiente. Pero la que no entiende de qué se trata es la madre. No lo entiende y no lo entenderá jamás. Se va callada, porque es respetuosa. Pero la impotencia la transforma en lágrimas que revientan no bien abandona esos ámbitos tan formales.

Un hurra por las guardias

Un dato aparte son los juzgados “de turno”. En muchos de ellos y en diferentes fueros, a pesar de adherir al paro, trabajan igual. “No podemos parar”, nos dice un operador judicial del fuero de Familia. Pero advierte: “En el Órgano Administrativo de la Dirección de Niñez, en donde deben velar por que no los abusen ni maltraten, aquí enfrente, están de paro y nosotros no podemos hacer nada”. En una Fiscalía del fuero penal el ayudante de la fiscal sostiene: “Si paramos nosotros el hampa nos pasa por arriba”. Pero lo dice sin saber lo que ocurre –según los testimonios recogidos por MDZ- en muchas comisarías que están paralizadas.

Hoy no se denuncia, mañana sí

Las denuncias, a diferencia del azúcar, el pan o la verdura, no se fían. En las comisarías los policías han aprendido a hacer paro. No porque quieran y ni siquiera porque la ley se los permita, sino porque el personal judicial que desarrolla junto a ellos el nuevo Código Procesal Penal está de paro. Y si no hay operadores judiciales tampoco hay fiscales ni ayudantes de fiscales, todas esas figuras nuevas que venían a “aggiornar el trabajo de investigación policial”. “Si te golpearon, no hay quien verifique tus machucones. Si te mataron, no hay quien lo cargue en la estadística”, nos dice un abogado que estuvo de acuerdo con el aggiornamento aquel en su momento, pero que ahora cree que hay que rediscutir si realmente sirve que tantos empleados judiciales tengan a la policía como rehén. “No son detectives que van detrás de los delincuentes, son afiliados a sindicatos que todos los días buscan cobrar un aumentito”, se queja con amargura.

El peor de los casos

Tuvo trillizos. Uno de ellos está grave. Internado en Terapia Intensiva desde hace días, su madre se desdobla como puede. No es una mujer adinerada y su triple alegría se ha vuelto un tormento. “Lo escucho que llora y la enfermera me dice que no puede hacer nada. Está de paro”. Mientras nos cuenta esto, un periodista de MDZ busca la voz del director del Hospital Notti, Daniel Molina. Pero no atiende y su vocera desmiente que estén de paro.