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Escándalo: la justicia investiga un “Madoff” a la mendocina al que le reclaman inversiones por casi 10 millones de pesos

Entre los damnificados hay empresarios, políticos, jueces,  y jugadores de rugby, quienes habrían sido estafados en unos 10 millones de pesos. Nadie ha visto un peso desde hace 2 meses. Fue denunciado y otros enviaron "emisarios" para cobrar.

Empezó como un murmullo en los corrillos mendocinos. Y ya adquirió niveles de escándalo. En Mendoza, un grupo de personas, entre ellas algunas muy influyentes, perdió mucho dinero en “inversiones” de altísima rentabilidad en dólares. Y cuando decimos “mucho”, hablamos de 20.000 dólares para arriba. Los perjudicados fueron tentados por el hombre a invertir en un negocio de importación de informática y electrónica a cambio de ganancias siderales, que algunos testigos situaban en el 20 % mensual en dólares. Cada uno de ellos aportó capital, y durante casi dos años el negocio funcionó a la perfección: tomaban los intereses, reinvertían y directamente decidían irse de la sociedad llevándose el capital más las utilidades. Muchos lo hicieron y por esa razón el negocio no generó dudas; sin embargo, desde hace dos meses que nadie ve un peso, de los casi $10.000.000 que en este momento están en danza. Y ahora, la justicia investiga una denuncia penal por este negocio millonario.

Los que pusieron el dinero, claro, están furiosos. Uno de ellos, el hijo de un reconocido abogado penalista de Mendoza, debió suspender su casamiento (estipulado para fines de este mes) porque contaba con el dinero que debía entregarle el ideólogo del negocio (cerca de $100.000), para la fiesta y su viaje de bodas. Este muchacho está que trina y no puede, según se comenta, cobrarle a su “agente de bolsa”, aunque ya veremos que el negocio no tenía nada que ver con lo bursátil.

Otro de los damnificados es el hijo de un ex candidato a gobernador. La inversión fue de 70 mil dólares, pero dicen que entre él y su padre habrían puesto en esta empresa de inversiones cerca de 1 millón de pesos.

En ese tendal de afectados que no pueden, al menos por ahora, recuperar su dinero hay empresarios, jugadores y gente vinculada al rugby, bastante personal policial (comisarios), abogados y personas de distintas ramas del comercio, entre ellos el propietario de una importante firma transportista mendocina.

El negocio corría de boca en boca. Tan así, que quienes conocían la operatoria, aun antes de que se interrumpiera el flujo de ganancias, comenzaron a llamar “el Madoff Mendocino” al inversor, en clara referencia a Bernard Madoff, el prestigioso ex financista que terminó estafando a cientos de personas en Estados Unidos y Europa y que hoy está preso. Entre sus clientes, estaban hasta la banca Santander, y muchos conocidos millonarios.

Pero en la Argentina y en Mendoza en particular, será la Justicia la que determine si el “Madoff provincial” cometió o no un delito. El inversionista en cuestión se llama Jesús Sarmiento y tiene desde hace varios días apagado su teléfono. Sólo pudimos llegar a algo aproximado a su versión de los hechos, a través de otro personaje importante de esta historia: Pablo Jalil, un joven al que muchos de los damnificados sindicaron como el “promotor” que tentaba a los propietarios del dinero.

Uno de los damnificados, Federico Calveras, decidió intimarlo a que le devuelva su inversión. Esta persona puso en esa sociedad unos $150.000 y su abogado presentó una denuncia judicial para que le devuelvan el dinero. Luego, él ratificó esa exposición en la Oficina Fiscal Nº 1, de Capital, cuyo expediente lleva el número 20921 y corresponde al 30 de marzo pasado.

La presentación ante la justicia se hizo en Capital porque Sarmiento tenía su oficina en calle Rivadavia 122 (oficina 28), en el mismo edificio que vive el gobernador Celso Jaque.

Allí, Sarmiento tenía recibía a sus inversionistas y también administraba “su empresa”. Pero hace pocos días se mudó a la calle Sáenz Peña casi H. Yrigoyen del barrio Bombal Sur. En la puerta de esta vivienda están los logos de las dos empresas que inauguró en diciembre pasado. Una es “Q Media” y la otra “Punto Q” (foto) que permanecen cerrados buena parte del día.

La primera, según la inscribió, está dedicada a la comercialización de productos informáticos; mientras que la segunda, al diseño de obsequios empresariales. Con esta última firma le realizó en enero un trabajo a una importante bodega mendocina, a la cual le facturó $120.000.

Toda los datos consignados hasta aquí son producto de una investigación y fueron confirmados por distintas personas allegadas a Sarmiento, especialmente uno de ellos que lo conoce muy bien y estuvo siempre al tanto de los negocios, pero que nunca sospechó que de un momento para otro nadie cobraría su dinero. Incluso, este joven también perdió su inversión, aproximadamente unos $20.000. Vendió su auto para poner ese efectivo a trabajar, algo que demuestra que el negocio propuesto por “Madoff” era confiable.

Y esa confianza comenzó a ganársela hace más de dos años, cuando Sarmiento trabajaba en una de las grandes tiendas del Shopping. A sus conocidos les ofrecía productos informáticos o electrónicos a un 15 ó 20 por ciento más barato que el precio de lista. No era verso: sus amigos adquirían el producto con factura y todo, aunque en ella estaba el valor real del objeto.

Cuando le preguntaban —según contó la fuente— cómo hacía para obtener ese descuento, les respondía que era un trato entre los gerentes de Mendoza y de la sucursal de Buenos Aires porque la firma les dejaba a ellos los productos a un menor costo. Sarmiento les habría contado a sus conocidos que de esas ventas él se quedaba con el 5%. Su contacto, según les transmitía a sus compradores, era un tal “Gustavo”, que era el encargado en Capital Federal de coordinar a los distintos retails del país.

El negocio de la importación

Aproximadamente hasta mediados de 2008, Sarmiento trabajó en esa gran tienda del Shopping y decidió abrirse por su cuenta.

Comenzó a buscar inversionistas ofreciéndoles participar de un negocio de importación de equipos informáticos. Según la fuente, les dijo que con gente de Buenos Aires podían adquirir productos en el extranjero y venderlos en Argentina con muy buenas ganancias, pero debían comprar contenedores completos.

¿Por qué entraron en el negocio que les ofrecía Sarmiento? Pues, es fácil: los tentó con el 25% de interés anual, libre de impuestos, y podían retirar las utilidades cada 45 días.

Hubo quienes pusieron todos sus ahorros, otros vendieron sus vehículos, algunos prefirieron dejar los bancos y sacar los dólares de abajo del colchón y ponerlos a trabajar con Jesús Sarmiento. Y no sólo consiguió inversionistas en Mendoza, también en Buenos Aires. Hasta se habla de un joven rugbier mendocino que, desde España, le enviaba 1.000 euros cada mes.

A su vez, algunos de estos inversionistas, como su cuñado, Pablo Jalil, conseguían a otros capitalistas y se quedaban con un 3 ó 5 por ciento, según detalló la fuente. Incluso, este “casi” familiar de Sarmiento (está de novio con la hermana) habría adquirido en pocos meses de haber ingresado al negocio una camioneta 4x4 cero kilómetro, aunque no hay certeza de que haya sido gracias a los varios “cinco por ciento” que obtuvo de sus “clientes”.

Al consultar a Jalil por esta situación que tiene a los inversionistas al borde de un ataque, respondió: “No quiero decir nada porque no hay nada que decir. Acá no hay imputados. Hablaremos (en referencia al novio de su hermana) una vez que la Justicia haga una citación; y después de ver la publicación de MDZ, veremos qué hacemos”.

La última frase parece una advertencia, pero sólo había interés en contrastar con ellos los alcances de esta historia que los involucra.

Volviendo al negocio de la importación, todo parecía ir sobre ruedas. A los inversionistas que decidían sacar sus intereses, Sarmiento les entregaba el porcentaje pactado. Otros que querían retirarse después de un tiempo, también obtenían todo el capital más la renta.

Por otro lado, se sabía que Sarmiento vendía productos tecnológicos e informáticos y muchas personas querían adquirirlos con el 15% de descuento que él podía aplicarles.

Le llovieron clientes durante 2008 y 2009. Pero los equipos que vendía (computadoras, notebook, impresoras, etcétera) no venían de ningún contenedor que llegaba al puerto de Buenos Aires desde el exterior; salían de las casas de electrodomésticos del centro mendocino.

A estos comercios iba un empleado suyo, adquiría (siempre en efectivo) lo que le habían pedido distintas personas al precio que exhibían las vidrieras y luego se las vendía más barata a sus compradores. Esto realmente era extraño: un producto que compraba a $4.000 lo vendía en $3.400. Así perdía plata, “pero hacía esto como una pantalla, la plata grande entraba por los inversionistas. Qué le importaba perder unos cientos de pesos para demostrar que el negocio realmente existía, si por otro lado obtenía millones”, contó la fuente.

Al parecer, esto funcionó hasta fines de 2009 e inicios del corriente, cuando las personas que habían puesto dinero dejaron de recibir sus porcentajes. Algunos de ellos cobraban con cheques que les extendía Sarmiento correspondientes a la cuenta de su madre, una señora llamada Mirta Grilli, del Banco Nación de calles Gutiérrez y Necochea. Allí se habrían hecho depósitos de $10.000 hasta $80.000, pero no los hacía en persona, enviaba y firmaba un joven que trabajaba para él.

Un día esa cuenta dejó de recibir fondos y por ende, los inversionistas dejaron de cobrar. Al principio, Sarmiento les decía, siempre y todo según la fuente, que había demora en “el traslado de los bolsines de dinero desde Buenos Aires” y como siempre había cumplido, nadie se preocupó demasiado.

No obstante, con el correr de los días las exigencias crecieron y las respuestas del “Madoff local” ya no convencían. Esto puso muy mal a quienes habían invertido sus grandes o pequeñas sumas en el negocio y comenzaron a enojarse. Esto ya preocupó demasiado a Jesús Sarmiento, porque desde Buenos Aires habrían llegado emisarios para “apretarlo” por las deudas que iban creciendo con sus malhumorados inversionistas. Esto asustó a Sarmiento y él también, al igual que el otro muchacho, suspendió su casamiento, que iba a realizarse el 29 de marzo. “¡Cómo voy a hacer una fiesta si a la mitad de mis invitados les debo guita. Me van a querer matar”, habría dicho a una persona cercana al negocio.

De todos modos, el “negocio” no ha finalizado. Según dicen, hoy sigue buscando inversionistas pero a éstos les ofrece un 50% de interés anual, cuando no existe ninguna empresa financiera en el mundo que pueda garantizar utilidades por ese porcentaje, aunque la excusa que daba el hombre por las ganancias, era la compra y venta de informática.

Aunque hay que investigar si Sarmiento cometió o no algún delito, puesto que quienes pusieron dinero sabían que corrían riesgos, hay gente muy, pero muy, enojada con él y quieren que les devuelva el dinero sí o sí. Ese es el punto en que está hoy la historia, para este emprendedor mendocino y las personas que decidieron sacar su dinero de los circuitos formales, o de sus bienes, para ponerla a “trabajar” con la promesa de la plata dulce.