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La juventud en el escenario

Están apareciendo jóvenes que no pertenecen a ningún partido, en los barrios haciendo trabajo solidario, en los sindicatos poniéndole crítica a las conducciones burocráticas. Y también en el periodismo hay jóvenes que se le animan a la domesticación, y se filtran, y se cuelan con sus notas y coberturas.

Quisiera que compartir un enfoque con ustedes, un zoom sobre un sector etario de la sociedad que ha prorrumpido en los últimos años y que tuvo su punto más álgido de visibilidad tras la muerte de Néstor Kirchner: los jóvenes. Ya lo planteó el sociólogo Mario Margulis hace poco más de una década, “la juventud es más que una palabra”, en una compilación de artículos sobre las prácticas y consumos de los muchachos y muchachas.

Ahora, tenemos un nuevo escenario social, cultural y político. La juventud se manifiesta a través de nuevas tendencias de visibilidad. De la juventud objeto de estrategias de consumo y generación de identidades acordes al mercado, pasamos a una juventud sensibilizada con la política y lo socio-cultural. No es poco. El Estado nacional ha podido recuperar un rol que velaba la conciencia a través de la inserción en las preocupaciones sobre el país.

Es un proceso muy rico el que se vive por estos días, que no debería menospreciarse con macartismos típicos de los sectores que cuando ven a los pibes en una marcha o en una juntada política, les endilgan el rótulo de “comprados”. Es que hay que decirlo: antes los jóvenes querían ser comprados como objetos de consumo, transformados en portadores de identidades que el mercado necesita incesantemente reproducir y regenerar para lograr la anestesia social que todo orden necesita. Los jóvenes anestesiados.

Lejos estamos de una juventud masivamente comprometida con lo que pasa en el país; pero es que son miles de miles que antes no aparecían ni para armar un reclamo de derechos. O eran escasas tales apariciones. Hoy los jóvenes se suben al escenario, la tendencia es que los pibes no quieren ser sólo espectadores que aplauden al músico sino, por el contrario, quieren ser ellos los músicos que colectivamente le canten a la sociedad. Y mal que les pese a muchos, estos jóvenes provienen de los sectores más críticos de la cultura y la política. Y si le queremos poner nombre, ya lo tienen, son kirchneristas en masa y de izquierda, de partidos de izquierda. ¿Donde están los jóvenes de la derecha? ¿Hay jóvenes en la derecha? O mejor: ¿se puede ser joven y ser de derecha?

Sería interesante que el radicalismo recuperara su juventud perdida tras los fracasos. Eso le haría más que bien a la democracia y al debate público. Que los hay los hay, pero no tienen referencias ni liderazgos marcados y mucho menos mística militante. Pero creo serían bienvenidos porque hacen falta más pibes que tomen la posta del cambio. Porque hay mucho garca dando vuelta, porque hay demasiado camaleones en los partidos, porque sin juventud la política se muere de vieja y solo sobreviven los caranchos (caranchando cargos nomás) para acumular guita y poder y armarse un futuro económico personal y familiar.

Y están apareciendo jóvenes que no pertenecen a ningún partido, en los barrios haciendo trabajo solidario, en los sindicatos poniéndole crítica a las conducciones burocráticas. Y también en el periodismo hay jóvenes que se le animan a la domesticación, y se filtran, y se cuelan con sus notas y coberturas. Y esto, todo esto que pasa, le pone mucho más color a la vida en sociedad, porque son los jóvenes los que pueden hacernos recuperar la alegría después de tantas tristezas.