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Sensaciones ecuatorianas y reminiscencias de “la casa está en orden”

Mientras seguía lo de Ecuador, pasaron por mi cabeza imágenes que vi y viví en las pascuas alfonsinistas: “Felices Pascuas, la casa está en orden” ¿Recuerdan? Comparé, y me dije: Correa hizo lo que no se animó hacer Alfonsín con los carapintadas.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Pienso que con presidentes como Rafael Correa no todo está perdido en la región. Creo además que con agrupamientos como UNASUR podemos identificarnos en algún mito colectivo de Patria Grande, y soberana. Han pasado unos días ya de aquella jornada golpista en la República del Ecuador que resistió y puso a prueba su democracia con ribetes estoicos. Desde que me enteré lo que sucedía con la revuelta no paré de informarme sobre la situación hasta que, por fin, liberaran al presidente Correa y diera su discurso en el Palacio de Gobierno para una plaza repleta de pueblo.

Una prueba más para las democracias latinoamericanas que han decidido encarar su destino con autonomía del FMI y del pentágono. Está claro que en los EEUU, Obama, no delibera ni gobierna. Falta el papa negro para que nos hagan creer que la Iglesia como institución es el transportador de almas hacia la redención. Y harán una fiesta mostrando al papa negro, que tampoco gobernará el Vaticano. Vaya la paradoja. Los poderes mundiales buscan blanquear su imagen. Pero negros, lo que se dice negros, somos todos. Pero no nos escapemos de Ecuador en el rodeo. O mejor, fuguémonos al pasado por un rato para ejercitar la memoria y situémonos en nuestro país, precisamente durante el gobierno de Alfonsín.

Mientras seguía lo de Ecuador, pasaron por mi cabeza imágenes que vi y viví en las pascuas alfonsinistas: “Felices Pascuas, la casa está en orden” ¿Recuerdan? Comparé, y me dije: Correa hizo lo que no se animó hacer Alfonsín con los carapintadas. El pueblo en las calles dispuesto a dejar la vida por la democracia y convencido de no ceder a las presiones gorilas y golpistas en aquellas jornadas. Alfonsín regaló un pedazo de la democracia a ese grupo de fachistas que lograron luego la Ley de Obediencia Debida, aprobada por el mismísimo Congreso de la Nación. Se dijo entonces que ello pacificaría el país. Ya lo vieron ustedes, nada de ello ocurrió. 

A posteriori, Menem fue por más y concedió el indulto tras la rebelión de Seineldín. Así las cosas. Correa, guapo, puso el pecho, y la sacó barata claro. Pudo haber muerto. Pero el pueblo estaba ahí y bancó. Y desde muchísimos barrios y ciudades latinoamericanas, bancamos. Queríamos ver y oír a Rafael Correa. Y lo esperamos. Y lo vimos y escuchamos.

Y el UNASUR dio una lección de solidaridad e intervención sobre el problema reaccionando sin vacilaciones. Y la iniciativa salió desde aquí, de la Argentina. Dos acciones altamente valorables: la actitud de un presidente, su gobierno y su pueblo, y la de los países hermanos. Que se repita en todos los órdenes.