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La Mendoza de 2050 y la extinción de la aristocracia local
A veces los cambios pasan por la ruta y siguen su rumbo, o los vemos por la tele. Somos medio indiferentes a cuestiones que pasan lejos o que pasan en el fondo de la casa. El tema es el siguiente: somos testigos de la decadencia de la "aristocracia mendocina" que da sus últimos zarpazos para evitar su desaparición.
A veces parece que esta sociedad no cambiara nunca. Qué se yo, cuando te topás con la cruda, ¿viste? Ahí es cuando pareciese que esto no se modificara, que la sociedad no se cuestionara nada. Y es que el discurso dominante dice, y nos interpela día a día, que Mendoza es una provincia conserva, que los mendocinos son conservadores hasta para coger. Y de tanto machaque uno lo incorpora al concepto. ¿Será así?
A veces los cambios pasan por la ruta y siguen su rumbo, o los vemos por la tele. Somos medio indiferentes a cuestiones que pasan lejos o que pasan en el fondo de la casa. El tema es el siguiente: somos testigos de la decadencia de la “aristocracia mendocina” que da sus últimos zarpazos para evitar su desaparición. Digamos, los apellidos, los nombres y apellidos compuestos que aquí dominaron la escena social, ya no dominan, más, como antes. Tienen sí su poder simbólico, prestigio, nobleza y, hay que decirlo, son convidados a todo evento para darle el barniz de la prosapia. Y ellos van.
Están en los diarios, en algunas empresas, en el arte. Pero lentamente desaparecen. Los nuevos ricos van tomando la posta y se guardan en los complejos privé. A esos no les tocas el culo ni con una caña. Pero a la aristocracia decadente sí, porque te los encontrás en todos lados y hasta mandan a sus hijos a la escuela pública. Te rozás con ellos. Ya no tienen caballos que chocar.
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Entonces, ahí están los tipos y las tipas intentando asomar entre los nuevos ricos en Mendoza, lograr un buen puesto y codearse con el poder real, los que manejan la máquina. Viven en casa viejas recuperadas, como okupas de un poder que ya no detentan. Se amoldan al nuevo discurso vigente, y se arrastran cuando se los necesita, borregos, al nuevo patrón. Son los aristócratas que no contarán más en la Mendoza de 2050. Hacia allá, hacia adelante en el tiempo, no prefiguran destino de grandeza. Ni sus libros autorreferenciales donde se pintan hacedores de este desierto serán consulta para entender el paso del tiempo.
Son como una foto, una vieja y solemne foto donde posan para la genealogía.