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Escuelas: entre códigos "tumberos" y valores reales

La psicopedagoga Nancy Caballero reflexiona ante el hecho de que los adolescentes se manejan con códigos de silencio, corporativistas, de barrabravas, de encubrimiento, en lugar de hacer valer la solidaridad y el respeto. "Es como en la cárcel: el más bravo manda", le explican los chicos.
La psicóloga Nancy Caballero. Foto: MDZ / Archivo
La psicóloga Nancy Caballero. Foto: MDZ / Archivo
Es común en los últimos tiempos pensar en términos de “tiene códigos o no tiene códigos”.  Los códigos ¿son términos carcelarios? ¿De honor? ¿A qué se refieren?

Porque queda claro que los valores son parámetros para medir todo acto y lo más importante para con todos, es decir si, por ejemplo la vida es un valor, debo respetarla en todos y en todo momento.  Si respetara sólo la de los que yo amo, ¿sería un valor? Si la justicia la aplico a quienes piensan como yo solamente, ¿es justicia?

Pues en las nuevas formas de discriminación la palabra código aparece continuamente. El que piensa distinto, consume distinto, no “apaña” lo incorrecto que hacen otros: no tiene códigos.

Es muy difícil para los chicos “no hacer lo que el grupo manda/ordena/baja línea”.  ¿Por qué no se puede pensar distinto o actuar distinto? Porque eso sería faltar a los códigos. ¿Quién dice quién es el que “decide”? ¿Quién decide el que entra o no en el grupo?

Ante mi consulta a algunos adolescentes sobre el tema de los sobrenombres o las “gastadas” (que muchas veces rozan el Bulling ), ellos respondían que la culpa es siempre de la víctima: porque no se hace respetar, porque es nuevo, porque es más chico, etcétera. Y si no se ríe (aunque no le guste) no “entiende” los códigos.

Estos códigos son bastante más parecidos a los "tumberos" que a los de honor, me parece.  Hace dos años mientras debatíamos con un grupo adolescentes sobre la violencia, nosotras (las profesionales) decíamos muy convencidas y con la soberbia que suele caracterizarnos a los adultos: los chicos hacen lo que el más malo dice por temor.

Uno de los chicos (David es su nombre) dijo. "Están equivocadas, cuando uno hace algo por miedo, lo hace y se aleja, en cambio al más malo todos en el curso lo siguen, lo convierten en líder, es como en la cárcel el más bravo manda". 

Obviamente no le dimos la razón y discutimos con él, pero al poco tiempo y ante sus ejemplos tuvimos que “escuchar” lo que decía y reflexionar sobre esto.  Me niego a pensar que es así en todas las escuelas o cursos. Pero esto ocurre, no en las escuelas, sino en la sociedad en general.

Pero debo admitir que cuando escucho en el mundo adulto, en los medios de comunicación, en referentes políticos, deportivos, y hasta culturales la palabra no tiene códigos, me suena a “yo puedo hablar…..si”.

Quizá no sea ese el significado que tiene, es sólo mi percepción, pero no dejo de preguntarme: la justicia, los derechos, en fin, los valores en general ¿No son para todos igual? ¿No tienen el mismo derecho SOLO por ser humanos: aunque tengan distintas ideas, seamos de diferente religión, ideas políticas, vivamos en distintos barrios (cerrados, vulnerables, término medio)?

 Yo sigo pensando que el bien común y el respeto al ser humano está por encima de la pequeñas mezquindades cotidianas. Y aunque a veces cueste aceptarlo debo reconocerle al otro el mismo derecho que yo. 

Hay alumnos que dejaron de dar lección oral, muchos docentes pueden contarnos que los alumnos “aceptan” dar lección al lado del profesor, porque si lo hace en voz alta sus compañeros se burlan cuando se equivoca, o sino entienden el significado de una palabra, no preguntan porque se reirían de ellos. ¿Esos son los “códigos”?

Prefiero los valores: a un compañero se lo ayuda, se lo defiende frente al profesor para que éste le de otra oportunidad, si pronuncia mal lo ayudo a corregir, si no sabe despejar una ecuación quien más sabe matemáticas le enseña para hacer, esos son valores.

Códigos de silencio, corporativistas, de barrabravas, de encubrimiento, le han hecho mucho daño a nuestro país, quizá si volviéramos a pensar en términos de valores volveríamos a decir: “no, porque está mal, aunque nadie lo sepa”. “Si no se puede contar no es bueno” “no hacerle a nadie lo que no te gusta que te hagan”, etcétera, etcétera, y cuanta frase hecha recordemos pero que signifique que los valores son universales y si es malo para mí, también lo es para otro. 

Que al otro se lo respeta sólo por ser una persona y que hay valores superiores que exceden a lo individual. Y esto no tiene que ver con discusiones filosóficas, ya que si algo ha perdido valor en los últimos tiempos es la palabra, esto tiene que ver con formas de encarar la vida y cada situación cotidiana.

Posiblemente los primeros valores que debemos rescatar serían: solidaridad y respeto.
Por último los valores no se predican, se viven, se encarnan y es hora que los adultos barajemos, demos de nuevo y empecemos a vivir con valores y no con códigos.

(*) La autora es psicóloga y psicopedagoga.