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El Scaravelli en observación: hay nuevas pruebas contra las bioquímicas acusadas

Las tres bioquímicas denunciadas por utilizar los equipos del hospital de Tunuyán para analizar muestras de pacientes de su laboratorio particular, entre las que se cuenta a la esposa del gerente asistencial removido de su cargo, imprimían en los resultados que entregaban el número de protocolo registrado en el autonalizador del nosocomio. Su modus operandi, los horarios en que hacían los análisis y la dudosa habilitación de su laboratorio de Vista Flores, en la mira de la Justicia.
El principal hecho que destapó la gran olla de irregularidades en el hospital Antonio Scaravelli, de Tunuyán, sigue su cauce judicial y aunque un poco oculto por los escándalos que involucraron a sus hoy ex directivos, Jorge De Pedro y Gustavo Cramero, sumó ahora nuevas pruebas que complican la situación procesal de las tres bioquímicas acusadas de utilizar los equipos del hospital para analizar muestras de pacientes de su laboratorio particular.

Las doctoras Silvana D’Angeli, esposa del gerente Cramero, y sus socias Fabiana Franco y Nazarena González en un laboratorio de la localidad de Vista Flores, quienes son además empleadas del hospital, imprimían en los resultados que entregaban a sus pacientes particulares el mismo número de protocolo que emitía el autoanalizador del Scaravelli.

Justamente, ese dato es el que demuestra su manipulación de elementos públicos para obtener réditos personales y no habría sido un descuido de las profesionales sino que la impresión de tal numeración era necesaria ante la posibilidad de tener que rever los análisis. Aunque no estimaron que se convertiría en el detalle que hoy las estaría inculpando.

El membrete que encabezaba la impresión de los resultados era precisamente el del “Centro Bioquímico Vista Flores”, ubicado en la esquina de 20 de junio y 25 de mayo de la localidad tunuyanina, las firmas que certificaban el resultado eran las de Franco y González ya que ellas son las que trabajan en el hospital, por lo que se deduce que también utilizaban elementos de impresión del Scaravelli, y tanto el número de protocolo como el nombre de cada paciente y del profesional solicitante eran cargados de forma coincidente.

De todos modos, una vez realizada la operación, las bioquímicas procedían a borrar los datos cargados en el autonalizador del hospital, para no dejar rastros de su utilización. Pero, no contaron con que el equipo posee una memoria interna y que para ser borrada el aparato debe ser reseteado.

El caso detectado obedece a la presentación ante la Fiscalía de Estado, donde se radicó originalmente la denuncia, y ante la Fiscalía Correccional de Tunuyán, que actuó “de oficio” luego de las publicaciones de MDZ, de los resultados de análisis de una de las personas que solicitó los servicios del laboratorio de D’Angeli, Franco y González y tras enterarse de la denuncia decidió aportar la prueba.

El hecho puntual, que no deja dudas sobre cómo se operaba, demuestra que el análisis fue hecho el día 01 de junio a las 15:47, cuando una de las bioquímicas estaba de guardia, y su impresión y posterior intento de borrado del autoanalizador se produjo el 04 de junio a las 20:57, cuando la segunda firmante se encontraba a cargo del laboratorio del hospital y fecha coincidente en el resultado entregado a la paciente.

Por otro lado, en la Municipalidad de Tunuyán no existen registros de habilitación del Centro Bioquímico Vista Flores, por lo que la situación de las bioquímicas se estaría complicando cada vez más.