Domadores de niños
Quédense bien quietos, sentados y aprendan todo lo que le decimos. No moverse. No opinar. No expresarse espontáneamente. Si nos elevamos un poco, veremos que eso hacemos con los chicos. Lo indica el pedagogo Carlos Calvo : “La escuela enseña a no aprender”. Intentamos dominar toda expresión propia e imponerles un canon. Pero ese dictado que repetimos no está dando resultados: cada vez le tenemos más miedo a nuestros hijos y más aun, a los del vecino. Domarlos como bestias no es sinónimo de humanidad. Luego, cuando se revelan buscando su identidad, pasamos al pánico. Pero domarlos, ahora, implica encarcelarlos.
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