Caso Laura Abonassar: se cumplen dos años del homicidio
En la madrugada del 14 de abril del 2007, era baleada una mujer delante de su hijo por tres delincuentes que se llevaron su Peugeot 307. La mujer fue encontrada con vida en una acequia y a los tres días falleció en el hospital. El violento hecho hizo que su marido, Alejandro Gil, levantara su voz contra la inseguridad armando la Asociación Víctimas del Delito, disuelta por falta de fondos.
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Inesperadamente, el 9 de noviembre se dio a conocer que Palacio murió electrocutado en el complejo San Felipe. Al parecer, el joven recibió una descarga cuando realizaba una conexión clandestina en su celda. Este hecho no fue visto por Gil como casual. Justamente, este condenado había sido el que declaró en el juicio: ““Soy culpable del robo, no del homicidio. Jamás haría algo así porque tengo corazón”.
El dolor del viudo convertido en bandera contra la inseguridad
Mientras, en ese lapso de tiempo, el esposo de la víctima emprendió una protesta contra la inseguridad que antes no había tenido registro en la provincia. Sin embargo, su actitud aunque convenció al principio, fue cuestionada posteriormente. Lo que nadie puede negar fue que se dedicó a crear un programa de asistencia a los familiares de las víctimas.
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No obstante, esta contención era canalizada dentro de una entidad fundada por Gil y disuelta en febrero pasado tras los escándalos que la envolvieron.
Aunque su fundador justificó la decisión en la falta de fondos tras el recorte del subsidio del Gobierno y porque se “sentía desgastado y traicionado”, el vicepresidente de la ONG, Daniel Coccia, denunció que hubo malversación del dinero recibido porque nunca se hizo una correcta rendición de cuentas.
Más allá de los cuestionamientos, Gil se mostró convencido de su objetivo: ayudar a las víctimas de la inseguridad para hacer más llevadera la triste realidad ante la cual se enfrentó él y su familia.
“Te llevás el poder transmitir a la víctima tu experiencia y entender su dolor porque uno ya lo vivió en carne propia, lo cual es muy distinto a decir “te entiendo pero no lo he vivido”. Que te pase todo eso y que la víctima te lo devuelva, no te hace acordar de lo otro pero sí te hace recordar que se puede seguir y salir adelante juntos”, manifestó Gil en una entrevista a MDZ.
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Finalmente, Gil pudo llorar el día que escuchó la sentencia del caso. Reconociendo que el fallo sólo fue un “bálsamo para el dolor”, el hombre cree que la solución de la inseguridad no sólo está en llevar a la cárcel a los responsables, sino en profundizar en “cultura y educación. Tenemos que volver a rescatar esos valores. No busquemos soluciones inmediatas, mágicas, porque no las hay. No busquemos parches porque, hasta que no cambiemos culturalmente, no nos salvamos”, reflexionó el viudo de Abonassar.




