Ex curas funcionarios: "Hacen lo que no pudieron hacer desde la Iglesia"
Como pocas veces en la historia institucional de Mendoza, hombres y mujeres religiosos, miembros de la Iglesia Católica, son parte del gobierno provincial.

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Así puede vérsele al cura Flecha, Carlos García, corriendo entre oficina y oficina del Ministerio de Desarrollo Humano, en el quinto piso de la Casa de Gobierno, y además, accediendo habitualmente al despacho del gobernador, un piso más abajo.
Intrínsecamente, esto no es ni bueno ni malo. Es más, para la mayoría de sus pares que siguen en el sacerdocio sin involucrarse en la cosa pública, es exactamente lo que determinó el Concilio Vaticano Segundo: que la Iglesia no es absoluta y que fuera de ella hay un mundo en cuya construcción, los cristianos tienen una tarea que cumplir.
El problema (el error, lo antirrepublicano, lo autoritario) sucede cuando los límites empiezan a disolverse hasta prácticamente borrarse. Cuando esto ocurre, es cuando los funcionarios – religiosos llevan a los neutrales despachos del Estado su simbolismo y pueblan de cruces y vírgenes no sólo las oficinas y pasillos, sino que lo hacen con las plazas y paseos, designando calles y edificios.
Y más: cuando quieren que sus propios preceptos sean transmitidos a los demás. Esto ya ha acarreado problemas en la Argentina –y Mendoza no es ajena a esto- en la implementación de planes de salud reproductiva, por ejemplo, aunque decenas de pequeñas resistencias se dan desde muchas oficinas estatales, de los tres poderes, transformadas en pequeñas trincheras religiosas.
MDZ quiso saber la opinión de los sacerdotes que siguen en la tarea pastoral en los ámbitos estrictamente religiosos, sobre lo que ocurre cuando sus pares cuelgan los hábitos para ponerse la corbata de funcionarios.
Consultamos a gran parte de la curia mendocina en torno a dos preguntas centrales: ¿Cree que es bueno que hombres y mujeres de la Iglesia se involucren directamente en cargos públicos de la administración del Estado? y ¿Cómo evalúa el rol que tienen/han tenido estas personas en el cumplimiento de estas tareas si conoce algún ejemplo?
Fueron pocos los sacerdotes que respondieron. Pero los que lo hicieron, fueron contundentes.
No a las invasiones mutuas
Para Vicente Reale, un sacerdote que se encarga de la prédica de sus ideas a través de los medios de comunicación, “los que están participando del gobierno, lo están haciendo por cuenta propia”.
En una entrevista que MDZ publicó el sábado pasado, Reale aclaró: “No es que los haya designado el obispo a quienes están trabajando en las distintas áreas de gobierno; de ninguna manera. Ellos son creyentes que han sido postulados por alguien o han sido elegidos por alguien, pero no van en nombre de la Iglesia, sino en nombre propio”.
Sin embargo, lejos de cuestionarlos, dio cuenta de que así lo estimuló el Concilio Vaticano Segundo. Marcó un límite: “La Iglesia no quiere invadir ni quiere ser invadida”. Así opinó al analizar el rol practicante de algunas autoridades provinciales que, como el vicegobernador Cristian Racconto, pasan la frontera y agendan en su actividad oficial oficios religiosos por la Semana Santa, por citar un ejemplo al alcance de la mano. Sobre esto, Reale expresó que “la invitación fue oficial en su carácter de vicegobernador –hay que distinguir muy bien esto- no corresponde”.
Y al analizar por qué algunos dirigentes políticos optan por mimetizarse permanentemente con la Iglesia, dijo desconocer si lo hacen “de buena voluntad” o bien, “no se si hay algún motivo más de presentar su imagen católica o cristiana”.
“Buscan el bien común”
Por su parte, el cura párroco Gerardo Bustamante, profesor de Ciencias sagradas y Filosofía, pero además, administrador parroquial de las parroquias de San Roque (Maipú) y Chapanay (San Martín), los funcionarios que provienen de actividad religiosa “hacen por el Reino de Dios lo que no pudieron hacer desde la Iglesia”.
Bustamante dio nombres y apellidos. Consideró que “Hernán Hernández (padre Nacho) que hoy es el subsecretario de Desarrollo Humano del gobierno provincial, o al querido Carlos Daniel García (padre Flecha) que trabaja en la misma área de gobierno, se ocupan con seriedad de la problemática de los pibes de la calle, intentan responder a las urgencias concretas y desafiantes de la gente, buscando atender siempre con predilección y entereza a la gran masa de los desfavorecidos por el sistema”.
En la fundamentación de su respaldo, Bustamante decidió encuadrar los curas – funcionarios mendocinos entre los “sacerdotes y consagrados, que desde el proceso de maduración de su fe, entienden la propuesta de Cristo como mucho más seria que celebrar un par de misas y realizar confesiones”.
Jugado, Bustamante fue contundente: “intentan comprometerse en la transformación de la realidad desde el ámbito de lo social y lo político, escapando al ahogo de las estructuras y a la seguridad de sus sacristías”.
Sin embargo, también consideró que “es entonces cuando comienzan a tropezar con los obstáculos que la misma institución eclesial les incrimina”.
En este punto, indicó que “aparecen los autoritarismos, las imposiciones de criterios absolutistas, los miedos fantasmales inconsistentes, las restricciones canónicas, etc, etc, etc”.
Ya al borde de la denuncia, el sacerdote opinó que “lo social dentro de la Iglesia solo es comprendido y articulado en términos de ´beneficencia´ o de ´promoción humana´, dos conceptos, a mi entender, que siguen la lógica cartesiana de sujeto - objeto trastocando las relaciones humanas en relaciones de dominación que reproducen al sistema excluidor”.
En el plano de las coincidencias, tanto Bustamante como Reale insisten en la necesidad de que haya “más cristianos comprometidos con la cosa pública”. Pero el primero se queja de que los curas que trabajan en lo social, “como los compañeros de los centros Carlos Mugica (…) son pocos y, paradójicamente, ignorados o desprestigiados por la oficialidad de la iglesia. Mientras que Reale, si bien acompaña el pensamiento general de éste, agrega un punto y es “la responsabilidad que debe asumir cada católico” frente a un puesto público, sumado a que –según su opinión- los curas funcionarios “no deben hacer migas con la corrupción y la mentira” ni “esconder la basura debajo de la alfombra”.
