Presenta:

Nadie acuse a Ginebra, la reina, de Neus Aguado

Con Lancelot soñaba cada noche
y Lancelot se demoraba en justas y torneos.
No supo ni quiso preservar su honradez
y confundió a su caballero con senescales
y en lechos de estameña hundió sus nalgas
a la espera de montar fontana abierta.
Cómo cabalga, cabellera al aire, en bruma rosa.
Cómo apaga su sed bermeja en la hendidura.