Detuvieron en La Rioja al sospechoso por el "crimen de la Alameda"
Ariel Sebastianelli (28) está sindicado como el autor del homicidio del Juan Francisco Lucero, el 2 de noviembre del año pasado en el bar Bonzai, ubicado en la Alameda. Los investigadores lo siguieron por Córdoba y finalmente lo atraparon cuando entraba a un cyber en La Rioja. Una vez que llegue a Mendoza será imputado por "homicidio agravado por el uso de arma de fuego" y se enviado al penal.
Entró confiado al mismo cyber al que solía concurrir todos los martes y jueves. De acuerdo con los trabajos de inteligencia y vigilancia que habían hecho los investigadores mendocinos, ese era su principal patrón de conducta.
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El sujeto nunca pensó que los policías estaban tan cerca de él. Durante cinco meses pensó que era más vivo que ellos; que había tenido la habilidad de borrar cuanta huella quedara detrás de cada movimiento de fuga. Hasta que, justo antes de sentarse frente a la computadora, un hombre de civil se acercó y le preguntó si se llamaba Ariel. Fue casi una cortesía del detective que había llegado hasta ese lugar para volver a Mendoza con las manos llenas y anunciar que el crimen de la Alameda estaba esclarecido.
Al escuchar la palabra “Ariel” ni se inmutó y siguió como si nada. Era eso o intentar una nueva fuga, pero las calles de la capital riojana estaban rodeadas. Como no respondió, el siguiente pasó de los efectivos fue aprehenderlo, esposarlo e informarle que quedaba detenido porque sobre él pesaba un pedido captura por homicidio. Ariel Sebastianelli es el único sospechoso de haber matado a balazo a Juan Francisco Lucero, el 2 de noviembre del año pasado. Y un dato clave: Sebastianelli era el dueño del bar Banzai, donde tirotearon a Lucero, y los principales testigos que tiene la causa aseguraron haberlo visto cuando disparaba.
Desde ese momento, toda la policía lo buscó, aunque en el medio, hubo situaciones de embrollos y confusiones porque alguien aportó un dato erróneo, que fue tomado en serio y que terminó con la detención durante algunas horas de un joven acto que nada tenía que ver en esta historia.
Antes de que se cumpliera un mes del asesinato, los investigadores ya manejaban el dato de La Rioja; que trabajaba en un mercado de frutas y verduras. También hubo una comisión destinada a Córdoba, porque también había elegido esa provincia para ocultarse.
Sebastianelli abusó de su suerte. Burló algunas vigilancias y hasta hubo testigos que aseguraron verlo en el mismo bar del crimen hace algunos días. Pero sabía que en Mendoza sólo podía estar de paso. Tenía más miedo a los amigos de la víctima que a la policía. Y volvió a La Rioja, porque jamás imaginó que en la puerta del cyber que visitaba lo iban a estar esperando para ponerle las esposas apenas apoyara sus manos en el teclado.
Sebastianelli abusó de su suerte. Burló algunas vigilancias y hasta hubo testigos que aseguraron verlo en el mismo bar del crimen hace algunos días. Pero sabía que en Mendoza sólo podía estar de paso. Tenía más miedo a los amigos de la víctima que a la policía. Y volvió a La Rioja, porque jamás imaginó que en la puerta del cyber que visitaba lo iban a estar esperando para ponerle las esposas apenas apoyara sus manos en el teclado.


