Cuando en 1960, Borges publicaba su obra
El Hacedor, le estaba dando al término la segunda acepción con que hoy figura en la última edición del diccionario académico: “Se aplica especialmente a Dios, ya con algún calificativo, como
el Supremo Hacedor, ya sin ninguno, como
el Hacedor “.
También nuestro reciente
Diccionario integral del español de la Argentina lo incluye con la definición general “que hace algo” y da como ejemplo: “Decidieron convocar al dios hacedor de la lluvia”. Como observamos, en unos casos, el término actúa como sustantivo y, en otros, como adjetivo.